No hay nada trascendente
En el suicidio
Lloran
un día los más cercanos.
En una semana el resto
Estarán
Bebiendo
café
Bebiendo
cerveza
Haciendo
el amor
Mientras
aquel raro acontecimiento
Espacio para opinar, escribir, inventar y crear sobre cualquiera de los temas propuestos: Literatura, Películas, Libros, Autores, pintores... Está abierto a la discusión sobre los tópicos del título o cualquiera otro relacionado que sea de interés para todos. Puedes enviar tu colaboración, remitirla a cegarra72@gmail.com
No hay nada trascendente
En el suicidio
Lloran
un día los más cercanos.
En una semana el resto
Estarán
Bebiendo
café
Bebiendo
cerveza
Haciendo
el amor
Mientras
aquel raro acontecimiento
John Fante es uno de los grandes escritores hoy en día poco recordado y que probablemente tampoco fue de mucha difusión en vida. Fue por las referencias de Charles Bukowski en sus poemas y libros que supe de su existencia. En el prólogo a la novela “Ask the dust” Bukowski cuenta cómo esta corta novela tuvo un efecto sustancial en su carrera como escritor, y su personaje principal caló tanto en su subconsciente que como defensa ante los ataques de su mujer borracha manifestaba: “¡No me llames hijo de perra!, Soy Bandini, Arturo Bandini.”
Además del prólogo, Bukowski dedicó al menos
dos poemas a quien con el tiempo no sólo fue una gran influencia literaria,
sino su amigo. En “The wine of forever”, dice sobre el estilo de
Fante:
“Fante´s pure magic and
emotions
hang on the simple
clean
line”
Descripción cierta. Fante parte de sus vivencias para ir construyendo la vida Arturo Bandini, un aspirante a escritor que alardea de los retazos de publicaciones suyas que van apareciendo de manera inorgánica por obra de su agente. Gracias a la manera personal, directa y sin artificios, vamos descubriendo a este singular y contradictorio personaje.
Entre “Ask the dust” (1939) y “Dreams
from Bunker Hill” (1982) hay más de 40 años de diferencia. En la primera, su autor, que apenas abandonaba su adolescencia. escribe esta gran novela. En la segunda está a escasos días de su
muerte. Pero en ambas hay algo cautivador y vital que las une como si esa
diferencia en tiempo fuera irreal y el Fante de 1939 y de 1982 fueran la misma
persona.
En “Ask the dust” hay un
Arturo Bandini algo distinto: Bandini, es el joven escritor
forcejeando con las adversidades. Pero además su formación religiosa, su visión
moralista del cristianismo, proveniente de sus raíces italianas, permean en la
actitud y pensamiento del personaje. A diferencia de un Miller, o del mismo
Bukowski, quienes reflejaban más un nihilismo desafiante que rezumaban cierto
humor caustico, Fante se acerca más a la tragedia, especialmente la del amor
disfuncional y vicioso.
En “Ask the dust”, Bandini nos
dice:
Pero
Bandini tiene también de esos personajes recreados por Miller o Bukowski: creen
en su apostolado como escritores, en su misión, en la importancia que sus
palabras tendrán. Bandini es apenas un escritor a quien le habían publicado un
par de cuentos, pero esas escasas publicaciones eran su carta de presentación
frente al mundo.
Fante, a pesar de ser un gran escritor, no
contó con el reconocimiento del público general, sino que fue más bien un
escritor de culto conocido por unos pocos. Su salud física fue muy pobre, al
punto que quedó ciego hacia el final de su vida y amputado de ambas piernas. Su última
novela, “Dreams from Bunker Hill” la dictó a su esposa. Y allí, con la
muerte acechando, en una prosa clara, lírica y honesta nos deja un manifiesto
emotivo:
Está por amanecer y veo la montaña a través de una pequeña ventana.
Hace frío. Silencio.
¿Cómo saber que sería la última vez que estaría allí?
Todo quieto, inmovilizado, no hay ruido que perturbe la paz afuera, la mía la interna.
Adiós Mérida, ¿Cómo saber que era la última vez?
En mi niñez, recuerdo un personaje recurrente en la pantalla de la televisión: Uri Geller.
Geller practicaba unos trucos muy convincentes, el más famoso era que frotando una cuchara o una llave con algún dedo, lograba cambiar sus propiedades, a tal punto que se doblaba y terminaba quebrando, todo con el poder de la mente. Geller invitaba al público y telespectadores a hacer lo mismo y había testimonios de gente que conseguía la imposible hazaña de retorcer el metal con un ligero roce de los dedos, pero con la mente enfocada en el objetivo.
Geller era un tipo simpático, con carisma telegénica que presentaba un espectáculo atractivo a las masas. Además de doblar utensilios metálicos, también invitaba a reparar aparatos descompuestos solo con el poder de la mente ¿Un reloj detenido? Concentración y fe para repararlo. ¿Un secador de cabello que no enciende? El mismo remedio. Los procedimientos mostrados por Geller iban siempre acompañados por una jerigonza pseudocientífica con el fin de impresionar más.
Geller era un fenómeno mundial y se convirtió en una celebridad. Pero esos poderes “paranormales” violaban descaradamente las leyes de la física. Pero había alguien que se encargaría de poner al descubierto a este y otros farsantes: el “Asombroso” (Amazing) James Randi.
Randi desde muy joven quiso ser Mago: abandonó su hogar y se unió a un circo. Poco a poco fue construyendo su carrera ejecutando, con más nivel de dificultad, las rutinas que hicieron en su momento famoso al gran Harry Houdini.
Randi, al igual que Geller, era un hombre del mundo del entretenimiento y también con un gran carisma. Pero a diferencia de Geller, él le advertía al espectador que lo iba a engañar frente a sus ojos. Nada de poderes mentales, sólo el conocimiento de que el cerebro es una máquina hecha para ser burlada, aceptar el bulo y darle connotaciones sobrenaturales a lo que no puede entender.
Por muchos años, Randi estuvo ejecutando sus actos de magia y escapismo hasta que en una ocasión, el truco salió mal, lo que casi le cuesta la vida. Sólo las horas de arduo entrenamiento lo salvaron de una muerte frente a sus espectadores. A partir de ese momento, Randi acomete la quijotesca tarea de desenmascarar farsantes.
Uno de ellos fue Geller. La oportunidad se presentó cuando Geller fue invitado al show de Johnny Carson. Geller creía que se trataba de una entrevista más, pero al presentarse, había frente a él una serie de adminículos preparados secretamente por Randi para demostrar que no había nada de sobrenatural en lo que hacía Geller. No pudo adivinar, no pudo “derretir” cucharas. Su excusa fue que ese día no se sentía fuerte.
Randi también tenía el reto de $ 1.000.000 a quien demostrara la veracidad de un fenómeno paranormal. Mientras vivió, nadie aceptó el reto. Igual pasaba por programas de TV para, o bien para demostrar la charlatanería frente al propio farsante, o bien para demostrar a los presentadores de TV cómo Geller et alias engañaban. Otro oportunidad interesante fue poner al descubierto a un telepredicador de nombre Peter Popoff, quien en nombre de Jesucristo, “curaba” enfermos mientras recibía generosas donaciones que le permitían un estilo de vida millonario.
En otro caso emblemático y polémico, Randi dirigió un experimento muy elaborado llamado proyecto “Alpha” que buscaba demostrar la validez o invalidez de fenómenos paranormales. Secreta y sofisticadamente dirigió a los sujetos en estudio con supuestos poderes, quienes iban superando cada una de las pruebas y marcas que pretendían dar rigor científico a la investigación. Cuando Randi dio a conocer públicamente las manipulaciones, se desataron grandes polémicas, algunas acusándolo de prácticas anti-éticas con fines publicitarios. Pero la realidad es que Randi demostró que hasta las mentes preparadas pueden ser vulneradas y conducidas a engaño.
De poco o nada sirvieron tantos esfuerzos. Popoff y Geller se recuperaron y el público se deja manipular por charlatanes.
Por mucho tiempo, Randi ocultó que era homosexual y que su pareja era un hombre de nombre “José Álvarez”, quién también le ayudó en sus cruzadas contra la ignorancia. Cuando a los 81 años en 2010, Randi confesó la verdad sobre su sexualidad, el mundo había cambiado enormemente. No había tabú ni rechazo a su condición y probablemente eso tuvo un efecto liberador en su persona.
Sin embargo, su pareja José Álvarez fue objeto de arresto y juicio por robo de identidad perpetrado por 25 años. En realidad, Álvarez era un venezolano de nombre Deyvi Peña, criado en Caracas y que, según su confesión, huyó de Venezuela porque, ser homosexual en su país era lo más despreciable que se podía ser y eran objeto de violencia. Que temía por su vida pues uno tipos en una ocasión lo amenazaron con un arma y lo insultaban llamándole “little faggot” (mariquito).
Desconozco si el testimonio de Álvarez-Peña es cierto. Obviamente la homosexualidad e incluso el amaneramiento podía ser objeto de acciones intimidatorias (Bullying) en Venezuela, como podía ocurrir incluso en países más tolerantes, pero no recuerdo que en Venezuela hubiera persecuciones o muertes con base en la sexualidad de las personas.
No condeno que se haya ido de su país ante posibles actos intimidatorios, pero el crimen por el que lo llevaron a prisión fue que conscientemente robó una identidad y eso es un delito en cualquier país. No creo que la gravedad de lo que le pudo ocurrir en Venezuela lo obligara (como Peña dice) a cometer un delito en otro país. Ya entonces había mecanismos que le hubieran permitido vivir en USA de manera legal evitando defraudar la ley.
Pero Randi aceptó el testimonio de Álvarez-Peña como cierto y lo entiendo. Lo hizo por amor. Esto demuestra que hasta una mente tan enfocada y dirigida al pensamiento crítico y al sano escepticismo puede dejar de lado tantos años de entrenamiento para abandonarse a la más irracional pasión.
Jesus Lopez Cegarra
Aunque había visto alguna de sus películas, el
nombre Sidney Lumet como director no me decía nada aun cuando “12 Angry Men” y “Network”
son de esas obras a las que vuelvo por su mensaje y valor estético. Por
puro azar, me topé con el libro “Making Movies” y fue una revelación y
un placer enorme su lectura, pues no solo pude hacer la conexión de Lumet con
sus películas, sino que me sumergí en las páginas reveladoras y apasionadas
sobre ese proceso que va desde una idea o un proyecto, hasta llegar al público
en una sala de cine.
Cada uno de nosotros, cuando estamos frente a
la pantalla del cine o del TV, estamos apreciando el resultado de un esfuerzo
intelectual, económico, técnico, mercadotécnico muy complejo. Cuando una de
estas películas tiene además un valor artístico, casi lo es a pesar de todo
este proceso, pues cada una pasa por etapas críticas que pueden contribuir
a mejorarla o destruirla.
Lumet comienza describiendo la reunión inicial que tiene lugar en el Ukranian National en Nueva York. En un ambiente
preparado para la ocasión, el director se reúne con todo su equipo para la primera “Reunión de Trabajo”, y dentro de un ambiente de una jovialidad algo
tensa, se van dando las primeras orientaciones para que todos estén al corriente de hacia dónde va este proyecto.
Pero antes de esto, ya el director pasa por un
proceso introspectivo respecto a lo que quiere lograr: la pregunta básica es
“¿Qué es lo que quiere transmitir?”, porque ese “¿Qué?” determinará el “¿Cómo?”
debe decirse (y con cuanta libertad cuenta para ello), para luego tomar las decisiones que darán forma a la película: el
Casting, la edición, la música, los efectos de sonido, entre otros aspectos.
El libro desarrolla los distintos temas de
interés para un trabajo como este: El libreto, el estilo, los actores, los
camarógrafos, el vestuario, la filmación, las pruebas, los cortes, la música y
sonidos, la mezcla y la impresión final. Y dentro de cada uno de estos pasos,
hay una cantidad de componentes que pueden influir, pero todo va determinado
por el factor tiempo. Lumet, usa sus propias películas y otras de distintos
directores para ilustrar las dificultades, las frustraciones que hay que enfrentar, pero también las
satisfacciones que se logran. Cómo ciertos cambios (en el libreto, por ejemplo)
pueden ayudar a que una película transmita mejor su mensaje, como nos cuenta
Lumet sucedió con “Dog Day Afternoon”.
Pero todo este esfuerzo intelectual, físico,
emocional, de desgaste no son garantía de que una vez que el producto esté en
el mercado, haya un interés de los consumidores. Lumet nos recuerda de casos
que aun contando con actores de la talla de Sean Connery y Duftin Hoffmann, no
hay un éxito garantizado, como sucedió con su película “Family Businness”. Y aun con toda una investigación de mercado
con “Focus Groups”, que aunque pueden ayudar a medir el nivel de satisfacción de
ese grupo, no es garantía de que el público acudirá a ver esa película.
Sin embargo (y en esto coincido con Lumet) aunque existan producciones a las cuales se les ha inyectado millones de dólares para que salgan a atrapar a los espectadores, la verdad del cine es que su valor como forma artística de expresión lo es gracias a grandes como Buñuel, Fellini, Kurosawa, Welles, Scorcese y un largo etcétera que les dejo a los lectores desarrollar para cuando lean este maravilloso libro.
Jesus Lopez Cegarra
De la nada apareció el perro. Un dálmata juguetón que nos seguía a todas partes
No era agresivo, simplemente vivaracho,
con mucha energía y ganas de jugar.
Corríamos de acá para allá y allí estaba, lo apodamos “Mancha”, un nombre obvio y hasta
tonto
Nos seguía a todos lados, incluso
cuando tomamos las bicicletas y fuimos calle abajo hacia el terreno baldío a
jugar futbol
Mancha no nos dejaba jugar, corría
tras la pelota por lo que decidimos jugar con él
Correr, que nos persiguiera
Pero la tarde se hacía noche y
decidimos regresar a casa
C.A. llegó a su casa, estaba
colocando la bicicleta en el suelo al agacharse
de repente
Mancha lo atrapa para copular con él
C.A. trataba de zafarse de ese
abrazo amoroso
El pene enhiesto del perro le rozaba
su culo
La madre de C.A. se asomó por la
ventana y gritaba
“C.A. suelta ese perro”
C.A. apenas si respondía
“Pero si es él quien me agarra”
Lo inevitable ocurrió
Mancha lanzó una eyaculación fuerte,
copiosa que le profanó el pantalón
Nosotros reíamos
Al día siguiente fuimos a su casa
Yo le dije
“Afuera está un perro esperándote”
C.A. contestó
“No quiero ver más en mi puta
vida a ese maldito dálmata”
Pero yo le aclaré para confortarlo
“Tranquilo
Esta vez
Es
Un
Roban los faros de mi carro, también el estéreo.
Lo arrancan del tablero y solo queda el cableado suelto.
Es noche. Oscuridad y niebla. Poca visibilidad.
Todo por ir a esa reunión fofa que por falta de imaginación
Terminamos jugando “UNO”
Los juegos de mesa tienen un lugar sobresaliente
En la lista de lo que evito a toda costa.
Acepté ir porque L. dijo que estaría allí
Y esa perspectiva y lo que podía pasar con ella
era la verdadera motivación
Pero L. solo fue con la excusa
De verse allí con su novio y luego marcharse
Quedé atrapado
En este maldito “UNO”
Más por descuido que por mala intención
Hago una jugada que me beneficia.
Me doy cuenta, pero continúo con la trampa involuntaria
Hasta que gano
Pero E. lanza una pequeña parábola
De cómo es mejor ser honesto en el juego
A la final sé que es conmigo, que soy el receptor de su palabrerío
moralizante
Y confieso lo que pasó, sin atenuantes, sin alegar inocencia inicial
Con fastidio sigo jugando y bebo ron para
Atenuar el aburrimiento,
Pensando en L. que seguramente estaba haciendo algo mejor con su novio
Y mientras tanto
Los focos de mi carro eran robados allá afuera.
De: Manual de Seducción
Así fue el primer beso. Afuera la ciudad en llamas, pero en la casa de Helena, bajo la mesa de la cocina, “estudiando”, María y yo rozábamos las piernas y nos tocábamos las manos en un jugueteo aparentemente inocente. Helena le dijo a Luisa Acompáñame al jardín a fumar y se fueron, así que María yo teníamos espacio donde no había nadie y aunque había mucha ansiedad y sobre todo inexperiencia, en mis besos, pues los anteriores fueron robados, que en un descuido buscaba los labios de Mercedes o de Astrid, pero como no había correspondencia, terminaron en recriminaciones. Pero con María fue distinto, ya había una conexión, roces voluntarios de parte y parte.
De: Manual de Seducción
- ¡EH!- les grité desde allí abajo- ¡SOY EL MÁS IMPORTANTE ESCRITOR DEL SIGLO XX! ¿ES ASÍ COMO TRATAN A LOS INMORTALES?
HENRY CHINANSKI
La suerte me era adversa. Me conocían Genet, Henry Miller, Picasso, etc., etc., y ni siquiera podía conseguir un trabajo como lavaplatos...
CHARLES BUKOWSKI
Hace unos cuantos años (son tantos que no hay necesidad de decir cuántos) me encontraba
vagando por las cercanías de la casa Rómulo Gallegos en Caracas. Entre y me
informé que estaban dando una película. No pregunté cuál era, sino que me
limité a adquirir el ticket y entré.
No tuve oportunidad de saber
(ni en ese momento ni después) ni siquiera el título de la misma, porque ya
había comenzado al momento de ingresar a la sala. Me senté y me dispuse a
evadirme con el film, lo cual fue casi de inmediato.
En la pantalla estaba un
tipo, mal vestido y lentes oscuros recitando un poema, que impactaba por ser
directo y crudo, pero a la vez elevado, mientras bebía de una botella
disfrazada con una bolsa de papel.
Luego comenzaron toda una
serie de aventuras casi inverosímiles, en las cuales estaba envuelto el extraño
poeta: Se encuentra en un bar con una hermosísima mujer, con quien lleva una
relación sórdida y romántica. La mujer tras varios intentos suicidas que al
final logra la consumación. Su problema: la belleza era su maldición.
Luego, este mismo señor, en permanente ebriedad, sigue por las calles de Los Angeles a otra mujer. Lo hace hasta su casa y luego entra en ella, bajo un risible pretexto, logrando hacerle el amor, a pesar de una resistencia inconvincente, sobreactuada. Culminado el acto, el poeta decide tomar una ducha, y al salir, unos policías lo esperan. La mujer lo acusaba de violación y lo llevan a la cárcel. Poco después lo dejan en libertad: la acusadora había retirado la denuncia. Mientras todas estas situaciones ocurrían en la pantalla, yo trataba de pensar en quién era ese personaje que actuaba con tal desenfado y despreocupación, y presumí que se trataba de un escritor norteamericano, con las características que hacían resaltar en la película: Charles Bukowski.
La película era “Ordinaria Locura” (Tales of Ordinary Madness), dirigida por Marco Ferretti y protagonizada por Ben Gazzara y Ornella Mutti.
Pero no fue años después que me interesé por la obra de Bukowski, quien sólo tiene en contra de su obra, el que se le asocie casi de manera permanente con Henry Miller. Claro que ambos han tomado sus vivencias y la han transformado en literatura, pero el parecido se acaba pronto. Mientras Miller es una explosión de palabras, que en ocasiones se torna difícil de digerir, lo de Bukowski es ser eficiente con el lenguaje. (Curiosamente ambos trabajaron en la oficina de correos de los Estados Unidos, aunque en cargos muy distintos. Miller era Jefe de Personal, mientras que Bukowski era un “cartero” raso.)
Su obra es la sordidez de su
vida y del medio que le rodeaba. Hombres y mujeres fracasados, borracheras
interminables, delincuentes, enfermos mentales, bares, apuestas. Los pocos
personajes sublimes que se le acercan a Bukowski (o a Chinanski) se alejan con
la misma rapidez que una vez llegaron. Pero Bukowski toma ese ambiente de
decepción y derrota, transformándolo en relatos de gran calidad. Daría la
impresión que para ser un gran escritor se necesitan dosis exageradas de toda
esta pesadumbre, pero el desengaño lo aporta el mismo autor: “Creen que si los escritores sufren serán
mucho mejores. Eso es pura mierda. El sufrimiento es exactamente igual que
cualquier otra cosa: si te dan demasiado, al cabo de un tiempo puedes hundirte.
Es el intento de escapar del sufrimiento lo que crea grandes escritores...”.
Gran parte de sus
narraciones están cargadas de un ácido y sarcástico sentido del humor. En su
novela Hollywood encontramos el
siguiente diálogo:
“Me fui
al lavabo de caballeros. En el urinario de al lado había un borracho
tambaleante. Me echó una mirada.
-Eh,
tú eres Henry Chinanski
-No,
soy su hermano Donny.
El
borracho se tambaleó un poco más y meó fuera.
-Chinanski
no ha escrito sobre ningún hermano.
-Me
odia, es por eso.
-
¿Y por qué?
- Porque le he roto el culo a patadas 60 o 70 veces.”
En otro relato (Los escritores), pone en boca de sus personajes todas las críticas que le endilgan (Viejo verde, mentiroso, engendro, monstruo, borracho, fanfarrón...), y de ello extrae una gran historia.
Algunas de sus narraciones han sido llevadas al cine. Una de estas (BARFLY, dirigida por Barbet Schroeder, protagonizada por Mickey Rourke y Faye Dunaway), el libreto fue escrito por el propio Bukowski. Es la vida de los bares y los borrachos que los frecuentan. Es Bukowski rodeado de los perdedores, de los relegados del “sueño americano”. La película se desarrolla como en cualquiera de sus libros: Alcohol, miseria humana, desesperanza, pero sin perder la atmósfera “Bukowskiana”.
Con la experiencia de la filmación de Barfly, escribió la novela Hollywood. Lo que nos cuenta en esta tiene que ver con los casi insalvables obstáculos que tuvieron que enfrentar para llevar adelante la producción cinematográfica; sobre el frívolo y diabólico mundo de Hollywood y la farándula. (Bukowski tuvo que escribir una escena para que Faye Dunaway pudiera exhibir sus hermosas piernas, aunque...quien puede culparlo).
El resultado final impresionó al mismo Bukowski, quien afirmó lo siguiente: “La puerta de la habitación se abrió y Jack Bledsoe (Mickey Rourke) entró tambaleándose. Mierda, ¡Era el joven Chinanski!, ¡Era yo!. Sentí un dolor dulce dentro de mí. Juventud, hija de puta, ¿dónde te has ido? Quería ser el borracho joven otra vez. Quería ser Jack Bledsoe. Pero sólo era el tipo viejo que sorbía cerveza en un rincón”. Quienes hayan visto o tengan oportunidad de ver esta obra cinematográfica, se impresionarían igual que Bukowski. Mickey Rourke realmente logra una de las mejores interpretaciones de su carrera.
Aunque se le ha comparado
con otros grandes (Miller, Hemingway, Celine), Bukowski es Bukowski. No es un
Miller moderno, o un Hemingway con sentido del humor. Es otro escritor norteamericano que a su
manera nos da una (su) visión de la sociedad norteamericana.
Jesús López Cegarra.
Venezuela ha vivido en los últimos años una de las peores crisis en su historia contemporánea. Los males y fallas que se criticaban a los gobiernos de 1959 a 1998 (corrupción, rentismo, etc.) se acentuaron e incluso se usaron para apalancar y darles herramientas al “Chavismo” para acabar con cualquier posibilidad de alternabilidad. Ya no hay otra manera de referirse a ese régimen encabezado por Nicolás Maduro sino como una dictadura represiva violadora de derechos fundamentales.
Las dificultades de un país quebrado y
envilecido por un sindicato criminal se han acentuado con la pandemia
ocasionada por el COVID-19. Un país petrolero que no produce petróleo, que no
puede procesar el crudo para producir los derivados que se requieren para
movilizar el país (gas natural y gasolina) y por tanto no tiene ni para
alimentarse o mover su industria y comercio.
Trazar la línea para determinar el momento en
que se comenzó este tortuoso camino de degeneración puede ser objeto de muchas
discusiones, pero un momento crucial fue el 4 de febrero de 1992, porque en ese
momento quedó manifiesto una extrema fragilidad institucional, un gran
descontento social, pero, sobre todo, que tanto la sociedad civil como los
militares estaban no coincidían en la visión sobre cómo solucionar los
problemas de manera civilizada, pero además quedó manifiesto que muchos “políticos”
creían en la vía violenta para la solución de las dificultades políticas,
sociales y económica, y una vez más se demostró que las FFAA son el factor que
deciden, por tanto, éramos una democracia tutelada por una institución que
también era el reflejo de lo que ocurría en la sociedad, con sus bondades y
defectos.
Si bien en su momento los intentos de
derrocamiento del gobierno de Carlos Andrés Pérez fracasaron, a la larga el
líder de esa rebelión, Hugo Chávez tuvo éxito. Parte de ello se debió a una
crisis económica que golpeaba fuertemente a la clase media y sectores
populares, que probablemente frente a la desilusión, volcaron su afecto a
cualquier solución, por descabellada que pudiera parecer.
El “éxito” Chávez (si a eso podemos llamar la
crisis en que se haya sumido el país) fue politizar todo y hacernos creer que
todo era político y todo pasaba por ahí, sin que los venezolanos tuvieran
presente que para ser político o se requiere ninguna habilidad ni preparación
especial, y nunca se lo hemos exigido a nuestros políticos, ni es parte de las
reglas no escritas para participar en política. Para un político criollo, lo
importante es sembrar dudas, minimizar éxitos y remarcar los fracasos.
Chávez usó la demagogia como principal
herramienta. Lo más irónico era que cuando era favorecido por el sentimiento
popular, halagaba al pueblo por su sabiduría. Cuando le era contraria, consideraba
que ese mismo pueblo se dejaba engañar como un niño. Pero su legado está a la
vista. Venezuela es ahora un despojo, un país que, por los momentos, se
encuentra fuera de la historia.
Chavé era un mitómano. Le gustaba alterar y
cambiar la historia para que coincidiera con su gesta, que la quería hacer ver
como una nueva independencia. Chávez se inventaba un origen humilde, de
muchacho pobre sin zapatos, excluido de cualquier beneficio social, cuando la
realidad era que sus padres eran maestros en una región rural de Venezuela, con
hermanos que pudieron ir a la universidad pública (gratuita) y él mismo
educarse en la Academia Militar.
El talento de Chávez estuvo en la intriga
política. Desde allí creo la falsa necesidad de que el país requería una Constituyente
para crear una nueva constitución. Su triunfo político en 1998 coincidió con el
ocaso de un modelo político liderado por los partidos Acción Democrática (Social-demócrata)
y COPEI (Social-Cristiano) que dejó a la Sociedad Civil atomizada, en
contradicciones y sin liderazgo.
Muchos achacan parte de esta debacle al expresidente
y fundador de COPEI, Rafael Caldera. Sus gobiernos tienen (como todos los de la
Democracia de 1958 a 1998) éxitos y fracasos. Pero no es que se le juzgue por
lo que hizo o dejó de hacer. Se le critica por “amnistiar” a Chávez (la figura
bajo la cual se le dejó salir de prisión es un sobreseimiento, que comportaba
la obligación de que ninguno de los golpistas regresara a las FFAA). No
obstante, y para tener más claras las circunstancias, de los cuatro candidatos
que en 1993 tenían opción de ganar (Caldera, Andrés Velázquez, Oswaldo Álvarez
Paz y Claudio Fermín), solo este último prometía no dar ningún tipo de beneficio
a los militares golpistas. No obstante, es Fermín quien vive hoy un contubernio
con las cúpulas de poder Chavista.
Aunque la Sociedad Civil ha tratado de hacer
frente a los intentos totalitaristas, estos terminaron en fracaso.
Probablemente porque se siguió el esquema de la “política espectáculo”, que,
aunque más formada, actuaba como una masa sin ideas o propuestas, y peor aún,
sin una estrategia.
Por otra parte, el intento de Chávez de
extender su “revolución” (internamente y externamente) se basó en una premisa
falsa: que los precios del petróleo podían subir y con ello financiar cualquier
proyecto, por fatuo y ajeno a la realidad que pareciera. El dinero que por
mucho tiempo fluyó sin control ni auditoría, sirvió para comprar, manipular,
acallar y acanallar a factores internos y externos, llegó a su fin y deja como
legado un país destruido.
Una de las películas de mi infancia y adolescencia que recuerdo con mucha intensidad y nostalgia es “Escape a la Victoria”, que por lo que ...