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viernes, octubre 16, 2020

Venezuela: Ideas para regenerar un país fallido (III)

Venezuela ha vivido en los últimos años una de las peores crisis en su historia contemporánea. Los males y fallas que se criticaban a los gobiernos de 1959 a 1998 (corrupción, rentismo, etc.) se acentuaron e incluso se usaron para apalancar y darles herramientas al “Chavismo” para acabar con cualquier posibilidad de alternabilidad. Ya no hay otra manera de referirse a ese régimen encabezado por Nicolás Maduro sino como una dictadura represiva violadora de derechos fundamentales.

Las dificultades de un país quebrado y envilecido por un sindicato criminal se han acentuado con la pandemia ocasionada por el COVID-19. Un país petrolero que no produce petróleo, que no puede procesar el crudo para producir los derivados que se requieren para movilizar el país (gas natural y gasolina) y por tanto no tiene ni para alimentarse o mover su industria y comercio.

Trazar la línea para determinar el momento en que se comenzó este tortuoso camino de degeneración puede ser objeto de muchas discusiones, pero un momento crucial fue el 4 de febrero de 1992, porque en ese momento quedó manifiesto una extrema fragilidad institucional, un gran descontento social, pero, sobre todo, que tanto la sociedad civil como los militares estaban no coincidían en la visión sobre cómo solucionar los problemas de manera civilizada, pero además quedó manifiesto que muchos “políticos” creían en la vía violenta para la solución de las dificultades políticas, sociales y económica, y una vez más se demostró que las FFAA son el factor que deciden, por tanto, éramos una democracia tutelada por una institución que también era el reflejo de lo que ocurría en la sociedad, con sus bondades y defectos.

Si bien en su momento los intentos de derrocamiento del gobierno de Carlos Andrés Pérez fracasaron, a la larga el líder de esa rebelión, Hugo Chávez tuvo éxito. Parte de ello se debió a una crisis económica que golpeaba fuertemente a la clase media y sectores populares, que probablemente frente a la desilusión, volcaron su afecto a cualquier solución, por descabellada que pudiera parecer.

El “éxito” Chávez (si a eso podemos llamar la crisis en que se haya sumido el país) fue politizar todo y hacernos creer que todo era político y todo pasaba por ahí, sin que los venezolanos tuvieran presente que para ser político o se requiere ninguna habilidad ni preparación especial, y nunca se lo hemos exigido a nuestros políticos, ni es parte de las reglas no escritas para participar en política. Para un político criollo, lo importante es sembrar dudas, minimizar éxitos y remarcar los fracasos.

Chávez usó la demagogia como principal herramienta. Lo más irónico era que cuando era favorecido por el sentimiento popular, halagaba al pueblo por su sabiduría. Cuando le era contraria, consideraba que ese mismo pueblo se dejaba engañar como un niño. Pero su legado está a la vista. Venezuela es ahora un despojo, un país que, por los momentos, se encuentra fuera de la historia.

Chavé era un mitómano. Le gustaba alterar y cambiar la historia para que coincidiera con su gesta, que la quería hacer ver como una nueva independencia. Chávez se inventaba un origen humilde, de muchacho pobre sin zapatos, excluido de cualquier beneficio social, cuando la realidad era que sus padres eran maestros en una región rural de Venezuela, con hermanos que pudieron ir a la universidad pública (gratuita) y él mismo educarse en la Academia Militar.

El talento de Chávez estuvo en la intriga política. Desde allí creo la falsa necesidad de que el país requería una Constituyente para crear una nueva constitución. Su triunfo político en 1998 coincidió con el ocaso de un modelo político liderado por los partidos Acción Democrática (Social-demócrata) y COPEI (Social-Cristiano) que dejó a la Sociedad Civil atomizada, en contradicciones y sin liderazgo.

Muchos achacan parte de esta debacle al expresidente y fundador de COPEI, Rafael Caldera. Sus gobiernos tienen (como todos los de la Democracia de 1958 a 1998) éxitos y fracasos. Pero no es que se le juzgue por lo que hizo o dejó de hacer. Se le critica por “amnistiar” a Chávez (la figura bajo la cual se le dejó salir de prisión es un sobreseimiento, que comportaba la obligación de que ninguno de los golpistas regresara a las FFAA). No obstante, y para tener más claras las circunstancias, de los cuatro candidatos que en 1993 tenían opción de ganar (Caldera, Andrés Velázquez, Oswaldo Álvarez Paz y Claudio Fermín), solo este último prometía no dar ningún tipo de beneficio a los militares golpistas. No obstante, es Fermín quien vive hoy un contubernio con las cúpulas de poder Chavista.

  Aunque la Sociedad Civil ha tratado de hacer frente a los intentos totalitaristas, estos terminaron en fracaso. Probablemente porque se siguió el esquema de la “política espectáculo”, que, aunque más formada, actuaba como una masa sin ideas o propuestas, y peor aún, sin una estrategia.

Por otra parte, el intento de Chávez de extender su “revolución” (internamente y externamente) se basó en una premisa falsa: que los precios del petróleo podían subir y con ello financiar cualquier proyecto, por fatuo y ajeno a la realidad que pareciera. El dinero que por mucho tiempo fluyó sin control ni auditoría, sirvió para comprar, manipular, acallar y acanallar a factores internos y externos, llegó a su fin y deja como legado un país destruido.

La “ingenuidad” de Chávez, Maduro y sus factótums es que pensaron que esas “fidelidades” construidas con el dinero ajeno las podrían hacer valer. La realidad es que Venezuela, hasta la fecha, ha sido abandonada por ellos a su suerte, y solo un grupo de países (encabezado por una alianza de países que incluye a los EEUU) quieren precaver una mayor catástrofe. Porque desafortunadamente (y aquí hay una lección que podemos asimilar), la idea de política interna y externa del chavismo no se basó en que Venezuela tuviera alguna ventaja competitiva (Tecnología, educación, industria) sino en una visión primaria de que todo se puede comprar con el dinero que fluiría sin contención de la venta del petróleo.

domingo, julio 07, 2019

Venezuela: Ideas para regenerar un país fallido (II)

II. El pasado como promesa de cambio:

Hugo Chávez, desde su aparición en el escenario público, se va convirtiendo en una figura que no representa el futuro, sino que insiste en el pasado. Primero con la leyenda de la “Gran Colombia” como cúspide de una “Era de Oro” y cumbre de la obra El Libertador Simón Bolívar, luego destruida por los intereses particulares, falta de visión y egoístas de un grupo de “políticos” (¿colombianos?), que de alguna manera son la continuación de los que gobernaron durante el siglo XX, incluyendo obviamente, los años de la democracia (1959-1999).

Esa leyenda “gran colombina” establece que los venezolanos somos una especie de “pueblo elegido” que, aunque traicionamos inicialmente esa herencia, aún hay tiempo para redimirnos y retomar la ruta de la grandeza.

Pero todas esas ideas y propuestas no son más que Leyendas y fantasías impracticables como tales hoy día. Aunque el ejército venezolano usa el lema “forjador de libertades”, la verdad es que el ejército profesionalizado sería una creación de uno de los personajes históricos más denostados por Chávez: Juan Vicente Gómez. Tampoco hay que perder de vista que, en su momento, esos hombres armados guiados por Bolívar más allá de lo que hoy representa Venezuela y Colombia, eran tipos bastante incómodos y más bien vistos como invasores.

La Gran Colombia era solo posible bajo condiciones complicadas, incluyendo el uso de la fuerza y bajo una fuerte dictadura. Fue un sueño que tenía sus ventajas, pero no factibilidad política y social.
En lo “ideológico”, Chávez también invocaba a dos figuras históricas de desconocida obra. Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. El primero es conocido por haber sido maestro de Bolívar y guía de los años de este en Europa. Hay una colección de escritos suyos que fueron recogidos en un libro titulado “Inventamos o erramos” en donde maneja algunas ideas sobre educación. Zamora por su lado es un personaje histórico bastante oscuro, que alguno historiadores y escritores venezolanos han querido elevar a la categoría de héroe (ver el libro de José León Tapia “Por aquí pasó Zamora”), aunque puesto en su verdadera dimensión por el historiador Adolfo Rodríguez, “Ezequiel Zamora”.

También se quiso reivindicar a otro controvertido “héroe”: al dictador Cipriano Castro, un personaje bastante reñido con la civilidad y el buen gobierno. Colocarlo como figura de este “Panteón” chavista fue para presentarlo como figura contra la lucha antiimperialista (no se inmoló ante las presiones de ciertas potencias europeas que querían cobrar viejas deudas de la República y terminó cediendo) sino que fue precisamente EEUU quien frenó un potencial conflicto armado que pudiera haber desmembrado o destruido a Venezuela como país.

Pero Chávez también supo aprovechar una preocupación legítima de los venezolanos: la corrupción administrativa. Pero no encontrando formas de evitar que se produzca, como una mayor transparencia en el ejercicio del poder, sino en su función de “sheriff” vengador, friendo la cabeza de sus enemigos. No hay que olvidar que antes de Chávez e incluso hoy día, existe en el inconsciente colectivo la fantasía de que debe llegar un militar y poner orden al caos, remedio a los abusos, fin al robo de los recursos. Ese “militar ideal” lo representó Chávez en su momento y por ello un buen número de votos logrados fue en función de ello.

Otro “cambio” prometido por Chávez fue el de una nueva constitución ajustado. Su parcialidad política partía del supuesto que los males de la República comenzaban por una constitución que imposibilitaba los cambios y generaba más desigualdad. Se dejaba por fuera el sistema rentista que hacía depender la economía de todo un país de un solo producto cuya explotación está en manos del Estado exclusivamente, y de cómo la clase política en los últimos 100 años ha usado el petróleo como herramienta para lograr sus objetivos de mantenerse en el poder.

Las constituciones como quimera han estado presente en Venezuela desde sus inicios como República y cada proponente (el gobernante de turno) trataba de convertirla en una camisa de fuerza al país y a los contrarios políticos, pues contenía disposiciones de su inviolabilidad e imposibilidad de modificación, hechas de tal forma que garantizaban su permanencia en el poder, y como una manera de conjurar que los de otra parcialidad política quisieran reformarla si alcanzaban el poder. La realidad es que la colección de “cartas magnas” es larga e incluso Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez coleccionaron ocho de ellas.


Por tanto, todo lo que propuso Chávez fue una colección de ideas vetustas que no correspondían con la necesidad de modernización de la economía y del Estado que requería el país. Solo los altos precios del petróleo pudieron sostener un esquema de gobierno populista, dispuesto a regalar todo por razones políticas, sin crear nuevos empleos (solo algunos burocráticos), acosando a la empresa privada, en medio de nacionalizaciones que terminaron quebradas o apenas funcionando. Es decir, acentuando el modelo rentista demostradamente fracasado y que tiene a Venezuela aún al margen de la modernidad.

viernes, junio 07, 2019

Venezuela: Ideas para regenerar un país fallido


I.                    Identificando quién es quién.

En este conflicto venezolano que se puede remontar a 1999, otros a 1992 y hasta 1983, dependiendo de las circunstancias que envuelven a cada uno de esos años, son muchos y complejos los factores que habría que considerar para tratar de llegar a una solución más o menos aceptable por las partes en conflicto.

Aunque parezca ocioso, hay que definir quiénes son esas partes. En principio podemos entender que por un lado está eso que llaman “Chavismo”, un movimiento político (y sus seguidores), sin una ideología definida ni estructurada, que se dice de izquierda, aunque con elementos de otras corrientes, incluyendo el fascismo.

El líder de eso que llamamos “chavismo” es el fallecido teniente coronel Hugo Chávez. Si bien Chávez reivindicaba como fundamento teórico de su movimiento las ideas de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, igual le fue añadiendo parches de otros pensamientos, sin ningún orden ni armonía. El propio Chávez acudía también al marxismo (a un marxismo digerido, porque el propio Chávez decía no haber leído a Marx) y hasta hizo suya la llamada “Tercera vía”. Después de la muerte de Chávez, la sucesión recayó sobre un personaje oscuro, desconocido, sin mucha formación, de quien siquiera se tiene certeza de su nacionalidad y cuya única carta de presentación es haber sido guardaespaldas y adlátere de Chávez: Nicolás Maduro.

A esto hay que agregarle la cúpula político-civil-militar que han gobernado durante este tiempo con el apoyo importante de las Fuerzas Armadas. En Venezuela, la experiencia lo ha demostrado, lo gobiernos se sostienen en gran medida si las FFAA le proporcionan apoyo.

Del otro lado estamos quienes nos oponemos a este modelo demostradamente fallido que ha llevado a Venezuela a un atraso económico y social no visto en los últimos. De este lado no hay una ideología o un fin claro en cuanto a lo que queremos. Por ahora lo que da cierta unidad a esa masa que pasa del 80 % de país, es que sabemos que Nicolás Maduro es un gobernante mediocre y vesánico. Pero cada sector tiene un interés particular. Los de la clase media son distintos a los de las clases populares. Adicionalmente hay un divorcio entre la clase política de oposición y los demás miembros de la sociedad. La percepción es que cada “líder” tiene su “agenda” por lo que cada cual actúa para favorecer sus intereses.

Pero en este drama no estamos solos. La “Comunidad Internacional” ha jugado y juega un papel de relevancia en lo que ha sucedido y sucede en Venezuela. Primero cuando se desentendieron de las claras manifestaciones de autoritarismo e irrespeto del Estado de Derecho. El dinero de los petrodólares funcionó (y aún funciona como reflejo condicionado) para darle apoyo al gobierno de Venezuela en el contexto mundial. Chávez buscó también apoyo de países que adversaban en primera instancia a los Estados Unidos, pero que en la intimidad están reñidos con los valores de la libertad. Se hizo amigo de déspotas y tiranos que compartían su visión y su ambición de poder.

Al apreciar estos elementos de la realidad se entiende en cierta medida las dimensiones del drama por el que atraviesa Venezuela desde hace años. Sin embargo, es necesario hacer una anatomía completa de estos factores para intentar dar una salida que no sea la desintegración del país o una guerra civil.


Jesus Lopez Cegarra

lunes, julio 04, 2016

Reflexiones sobre política (y anti-política)

Días atrás conversaba con un buen amigo, (un profesional del derecho, exitoso en su ejercicio y en la docencia), que siempre anheló incursionar en la política, desde adolescente. En cierta manera lo hizo en los años de bachillerato y en la Universidad, pero él se refería más a la Política con mayúscula. La Política de las grandes decisiones. Pero esa política requiere una ocupación entera, una devoción entera de la cual se deja de lado o en un plano secundario cualquier otra aspiración o interés.


Cuando era adolescente, también soñaba con la política. Lo veía como una forma de servicio público. Aspiraba ser nada más y nada menos que Presidente, para poder acabar con los problemas del país, básicamente aplicando lo que parecía mejor de otras experiencias en el mundo. Y mi visión en la política tenía su componente ego centrista: era “yo” quien lograba resolver todos los problemas, pues las soluciones venían de la aplicación sin condicionamientos de las órdenes impartidas... Sin embargo nunca tuve esa madera para dedicarme en cuerpo y alma a esa actividad. Con el tiempo comprendí que la política (con minúscula o con mayúscula) tiene que ver más con sentimientos y pasiones lejanos a la razón y el entendimiento. Por ello no siempre los mejores son los que triunfan en política.


A la política hoy día la veo como una actividad penosa, en las varias acepciones que se le pueden dar a esa palabra:


Es trabajosa, supone una gran dificultad: requiere una dedicación casi exclusiva. No es una profesión que resulte beneficiosa económicamente. Que veamos políticos llevando una estilo de vida de millonarios no significa que sea lucrativa. Demanda mucho trabajo no remunerado que probablemente haya que ejecutarlo en el tiempo libre. Los ascensos provienen más del azar, de las relaciones que se tenga con personas influyentes que del esfuerzo.


También es capaz de causar pena. Puede provenir de una derrota (que son comunes en la política) o de decisiones desacertadas (apoyar a un candidato que pierde, perder el favor del electorado por una mala gestión o incluso por tomar decisiones necesarias pero impopulares). Pero también lo que se llama pena ajena, es decir, cuando no quisiéramos estar en los zapatos de otra persona que está pasando o realizando algo realmente embarazoso. En estas últimas elecciones en el Perú, veía como un hombre serio, con muchísimo dinero y quien a todas luces no necesita de la política como es “PPK” (Pedro Pablo Kuczynski), bailando, abrazando gente, tratando de ser simpático, actos que se le ven ajenos y que solo buscan ganar el favor del voto popular.


Adicionalmente, la política como profesión es la más denostada, la más criticada. Muchos de los cuestionamientos son comprensibles. Otros tantos justificados. La política, sobre todo la electoral, busca despertar pasiones internas, atávicas, irracionales. Pero una vez en el poder, las decisiones que deben tomarse no siempre corresponden con el ánimo del votante, del partidario, del simpatizante. Y cuando se van tomando malas decisiones, cuando desde el Poder no se resuelven problemas, se va generando y acumulando un descontento, que luego es capitalizado por sectores o grupos que basan su propuesta en la “anti-política” (que es un sentimiento generalizado de que los actores políticos a cargo son incapaces y hay que sacarlos del juego), proponiendo a veces de manera abierta, a veces de manera velada que la política es algo sucio, un “pecado original” que solo puede ser suprimido por un bautismo propuesto por ellos. Lo contradictorio es que hacen “Política” basada en la promesa de liberación de todo lo que tenga que ver con ella. Y pueden llegar al Poder, han llegado al poder y seguirán llegando al Poder.


En Latinoamérica desde los años 90 se han dado varios casos, el más emblemático tal vez el liderado por Alberto Fujimori, quien en algún momento disolvió el Poder Legislativo y junto con los militares dio un golpe de estado. Esto fue conocido como el “Fujimorazo”, que vino a significar un desconocimiento de las Instituciones, para depurarlas y comenzar de nuevo. En Venezuela, la llegada de Hugo Chávez también se fundamentó en ese sentimiento de “anti-política”.
 
Esta retórica “anti-política” los hace poco propensos a negociar (una herramienta fundamental para la política), a buscar entendimientos, lo que genera polarización y autoritarismo. La experiencia demuestra que estos movimientos terminan cometiendo los mismos errores y abusos que sus antecesores, porque se sustentan en el maniqueísmo: convierten cualquier disidencia o crítica en obra de quienes anhelan volver al pasado horrible y aterrador de corrupción y arbitrariedad.

Jesús López Cegarra

sábado, junio 11, 2016

La criminalización del progreso



Dos temas en común considerados de suprema importancia que cualquier clase política maneja frente al electorado, con independencia de la tendencia o ideología, son el trabajo y la educación. Obviamente la discusión sobre qué es relevante para cada una, qué debe incluir, qué debe excluir, cómo debe impartirse es otro debate, filosófico si se quiere; pero tanto el trabajo como la educación son instrumentos fundamentales para construir el modelo de progreso y de sociedad con que se sueña.

La Educación proporciona conocimientos, herramientas para pensar y para resolver los problemas que se presenta a todos los niveles, sean individuales sean prácticos sean filosóficos: desde saber quiénes somos, pasando por aquellos que nos resuelven los problemas cotidianos, hasta entender la complejidad del Universo. El trabajo por su parte nos permite construir, satisfacer necesidades.

Son además dos elementos para medir el desempeño y hasta la viabilidad de un país o de un proyecto político. Si la educación es pobre, limitada e inaccesible, así será el país. Si no hay plazas de trabajo, si el desempleo es muy alto, es un indicativo de que algo va mal social y económicamente.

Sería abrumador tratar de enumerar las fallas en ambas materias que se han acentuado o creado en los últimos años de Chavismo. Pero hay dos recientes que dan una idea de la pobre dirigencia y gerencia pública.

Desde hace unos cuantos años, Venezuela viene sufriendo de una grave crisis, incluyendo la energética, una contradicción para un país que vive de la exportación de petróleo. En nuestro caso, tenemos una gran dependencia de la energía hidroeléctrica proveniente del embalse de “El Guri”. Cambios climáticos atribuidos al fenómeno “El Niño” han reducido las precipitaciones para esa zona, lo que ha sido un castigo para todos.

En vida Hugo Chávez, se vivió una crisis energética, pero no tan grave. Se tomaron medidas de ahorro. Se “construyeron” unas cuantas plantas termoeléctricas que solventarían una situación similar. ¿Qué pasó con esas plantas?: Pues uno de los casos de corrupción criminal más grande y emblemático que se tenga conocimiento: Se contrataron a empresas inexpertas pero con tentáculos aferrados en el poder y compraron equipos dañado y obsoletos. Se robaron millones de dólares. Y los criminales disfrutando en USA, nada menos.

Pero el punto de esta crónica tiene que ver con las medidas que el Gobierno de Nicolás Maduro. Además de castigar a los venezolanos con un ahorro energético (exceptuando por razones obvias a Caracas) decide que la Administración Pública trabaje solo DOS DÍAS A LA SEMANA y que la Educación Primaria no tenga actividades los viernes.

La “Semana de dos días” fue objeto de comentarios y blanco de humoristas en todo el planeta. Internamente era poco lo que se podía hacer. Nadie quiere enfrentar con cárcel medidas tan estúpidas y absurdas provenientes de burócratas apenas formados, pero dispuestos a usar la fuerza para cumplirlas. ¿Alguien realmente estudió estas medidas? Más bien parecen destinadas al “Efecto Cobra” (o como decimos coloquialmente, que el remedio termine siendo peor que la enfermedad).

¿Qué harán los trabajadores de la Administración Pública con tantas horas de ocio? ¿Sentarse tranquilos en una silla, no moverse, no encender la computadora y la televisión, ni el aire acondicionado? Mientras tanto, el país paralizado, los tribunales y oficinas que manejan distintas materias de interés para el país, con las luces apagadas, acumulando más retraso del que ya originalmente tenían.

¿Y los niños? Valen las mismas preguntas. Pero en su caso es más ofensiva la medida porque dejan de aprender, dedican su tiempo de ocio a actividades que probablemente no aporten nada a su formación y ponen en aprietos a sus padres para ver qué hacen con ellos.
 
 El trabajo y la educación criminalizados por una banda de mafiosos incompetentes.

Jesús López Cegarra

jueves, febrero 04, 2016

Apuntes de una revuelta (I)



1

Para entender la llamada “Revolución Bolivariana”, hay que analizar un poco que ocurrió durante el período que va desde 1959 a 1998, especialmente con la crisis económica que se inició a principio de los años 1980 y se prolongó por casi 20 años. (Luego vendría un tipo de crisis distinta, que tiene que ver más con el despotismo “democrático” que siguió con Hugo Chávez).


Venezuela ha sido desde los tiempos de Juan Vicente Gómez un país petrolero. Con el petróleo dejamos atrás un país rural, para entrar mal que bien a la modernidad. Y sirvió para financiar obras de infraestructura, educación, salud, entre otros beneficios. Los precios del petróleo por mucho tiempo se mantuvieron bajos, pero la crisis del año 1973 por la guerra del “Yom Kippur”, tuvieron un impacto importante para que subieran drásticamente.

Con ello llegó una bonanza colosal que se usó para mucho. Se construyeron algunas obras de infraestructura importantes, pero gran parte de ese dinero sirvió para llevar un estilo de vida de rico y millonario. Lo venezolanos podían viajar al extranjero y comprar mucho más barato que en su país. También alimentó la corrupción administrativa y el populismo político. Pero toda esa ilusión de riqueza provenía de la venta del petróleo, y cuando a principios de los años 1980 comenzó el declive en su precio, el país entró en una crisis económica y social que todavía resuena. Muchos venezolanos recuerdan la fecha en que todo comenzó: 18 de febrero de 1983. Un viernes. El “Viernes Negro”.

2


La vulnerabilidad del país al depender su subsistencia de la venta de un solo producto era (y es) evidente. El modelo “rentista” de la sociedad, es decir, vivir (o sobrevivir, dependiendo de los precios de los hidrocarburos) exclusivamente de los beneficios derivados de la venta del petróleo es un asunto ya hablado por muchos años. Uno de sus exponentes más consecuentes fue Arturo Uslar Pietri, quien desde los años 1930 ya hablaba de “sembrar el petróleo”, una manera de decir que la riqueza petrolera podía apalancar una economía más diversa y sana. Hoy en día (Febrero de 2016) quienes gobernaron desde 1998 dicen que hay que acabar con el “modelo rentista”. Suena un poco insincero y hueco ese clamor, si se analiza con detenimiento y objetividad los motivos que justificaron los intentos de golpe de estado del año 1992.

Lo que los golpitas de 1992 alegaban contra el sistema democrático era la precisamente el daño que había causado el "modelo rentista", la corrupción administrativa, la inseguridad personal, el divorcio entre las élites políticas de las necesidades del país, el mantenimiento a todo costo de un "status quo", la falta de mecanismos democráticos para realizar los cambios que requería Venezuela entonces. Todas esas críticas están vigentes hoy en día. Pero además en una situación de ruina económica luego de una bonanza extraordinaria por el aumento de los precios del petróleo. 


Jesús López Cegarra

El valor de un Documental: Raygun Breaking Badly

 Cuando una obra audiovisual es etiquetada como “Documental”, en cierta manera se genera una expectativa de que estamos ante un análisis de ...