lunes, septiembre 07, 2026

El valor de un Documental: Raygun Breaking Badly

 Cuando una obra audiovisual es etiquetada como “Documental”, en cierta manera se genera una expectativa de que estamos ante un análisis de los aspectos en torno a alguna realidad: los hechos, las personas que directa e indirectamente se relacionan con un tema de interés. Damos por hecho que habrá una visión objetiva por parte de quien realiza el documental. Se dará oportunidad a las diferentes partes envueltas en el objeto de estudio. Eso no significa que habrá imparcialidad. Ante una situación controvertida, el autor o director puede adoptar una posición, pero eso no impide tener la visión de quien se considera el antagonista en la historia.

Hay varios documentales que tengo en mente estudiar, pero quisiera entrar en el más reciente que he visto: “Raygun: Breaking Badly”.


La historia detrás de este documental es muy reciente, y el contexto son las olimpíadas de Paris de 2024. Una de las “grandes” noticias sobre este acontecimiento mundial es que introducirían como deporte el “Break Dancing”, como una manera de atraer a nuevas generaciones a los juegos olímpicos. 

El “Break Dancing” está relacionado con mi generación: un baile urbano que requiere una gran destreza, acrobacia y flexibilidad para ejecutar movimientos que desafían a las leyes físicas al ritmo de música “Hip-Hop”. En los años 80 eran visto como una subcultura, un submundo de decadencia y drogas. Casi 4 décadas después debuta como deporte olímpico.

A su manera, era una apuesta arriesgada: No se trataba de una novedad en sentido estricto (más bien parece una pieza nostálgica), pero sus ritmos y acrobacias probablemente podían interesar al público joven para incorporarlos como “clientela”.

Debo aclarar que no soy seguidor de los juegos olímpicos. Apenas si me interesan la natación y la gimnasia, especialmente esta última, porque son disciplinas que en unos pocos segundos los atletas pueden y deben demostrar sus capacidades, destrezas e incluso estética. Y no sería el Break Dancing esa actividad que me convencería a poner más atención a la Olimpíadas. 

Sin embargo, la “vida olímpica” (por decirlo de alguna manera) del Break Dancing ha sido corta, ya no estará en las Olimpíadas de 2028 y habría que esperar hasta 2032 para ver si se le da una nueva oportunidad, a pesar de que en París 2024 el Break Dance tuvo mucha publicidad… pero no la que los organizadores hubieran deseado.

Una “atleta” australiana se encargó de poner en las noticias este deporte olímpico, pero no por destacarse de manara sobresaliente, sino por la “viralidad” que su actuación tuvo en las redes sociales.

La “B-Girl” de Australia (Rachel Gunn conocida como RayGun) ejecutó sus bailes, y lejos de causar la destacada admiración que se espera de un atleta olímpico, se convirtió en un objeto de burla mundial y entró de pleno derecho en el mundo de los “memes”. El resto de los participantes en esta disciplina quedaron opacados por la ejecución ridícula y sin mérito de “Raygun”. 

Como la mayoría de los casos que se vuelven “virales” en las redes sociales, este también parecía tener fecha de expiración. Sin embargo “Raygun” decidió redoblar la apuesta con su documental en Netflix.

El documental está bien hecho desde el punto de vista de la forma y la estética, tiene material de apoyo interesante que ayudan a comprender las circunstancias en las cuales se clasificó para los Juegos Olímpicos, la preparación previa para su participación y la entrevista de algunas personas que podían orientar sobre quien era esta “B-Girl”, incluyendo a dos “B-Girls” que la conocían bien. Pero hasta acá llega el aporte de por parte de los autores. Lo que queda claro tanto en el documental, como fuera de él, es que Raygun tiene serios problemas para aceptar la realidad y es incapaz de aceptar las críticas a su actuación, con dos justificaciones que rayan en lo infantil o en la enfermedad mental: la primera, que ella seguía apareciendo como la Número 1 en el ranking de “The World DanceSport Federation”, la segunda, que sus movimientos son de naturaleza “artística” por lo que tienen un valor superior a las simple demostraciones atléticas de las demás participantes. 

Y aquí viene la primera gran falla del “documental”: en ningún momento hay una comparación entre las ejecuciones de otros bailarines, ni siquiera en las competencias que ella participó para prepararse para los Juegos Olímpicos, como en los mismos Juegos. El documental se enfoca en las opiniones y justificaciones tanto de RayGun como de su esposo (quien además es su entrenador), que en momentos se vuelven delirantes al insistir en un valor artístico superior incomprendido por el resto del mundo.

Pero sus confesiones en el documental contradicen el elevado concepto que tienen de sus ejecuciones: en las participaciones previas de Raygun en competencias de Breakdance, su actuación fue mediocre y ellos lo reconocen. Ya con esto en mano, contaban con elementos que daban una señal clara de lo que pasaría luego en París: ya en los juegos olímpicos, su aspiración no es al menos estar entre la lista de los mejores del mundo, sino lograr un punto de 54 posible. Y ni siquiera esa pobre aspiración logró concretar. Más triste aun es que su actuación fue tan ridícula e hilarante, que en pocas horas se propagaron por redes sociales y medios de comunicación.

Las pocas opiniones críticas vienen de dos B-Girls que conocen a Raygun, saben que no es la mejor en su estilo y B-Girl Flix (ambas eran amigas) se sintió ofendida por la participación de Raygun. Tampoco entrevistan a las B-Girls que participaron y se destacaron. Sus ejecuciones y opiniones también quedaron sepultadas en el afán de encumbrar a una “atleta” mediocre y delirante.

Otro oscuro pasaje que el documental prefirió obviar es la amenaza a una comediante (Steph Broadbridge) por una parodia que tenía intención de presentar, alegando violación a Derechos de Propiedad Intelectual. Esa perspectiva era importante para conocer mejor al personaje, pero los directores prefirieron no tomar riesgos.

Tal vez la parte más patética y que sirve como la manera de justificar la actuación de Raygun viene de la mano del millonario Richard Branson. Este logra contactarla para decirle que efectivamente ella es una incomprendida, cuya actuación tiene el nivel artístico que solo unos cuantos elevados pueden entender. Y la invita a su yate para que sea parte de su séquito de bufones (en el sentido que le da el diccionario de la real academia: “Personaje cómico encargado de divertir a reyes y cortesanos con chocarrerías y gestos.) Y este es el cierre y conclusión que empuja el documental: una actuación mediocre, bendecida por un millonario, es razón suficiente para demostrar cuán injustos somos.


Jesus Lopez Cegarra


domingo, agosto 30, 2026

Georges Simenon y el Comisario Jules Maigret

    No recuerdo cuál fue la primera novela del Detective Maigret que leí. Solo se que fue una sensación adictiva. Ya entonces conocía otros autores de novelas de detectives y policíacas, pero las escritas por Georges Simenon las busqué una por una y creo, o bien haberlas leído todas o al menos un porcentaje importante de ellas, incluyendo un volumen breve prologado por Gabriel García Márquez, en el que cuenta su particular aventura detectivesca para llegar a ese relato, del cual solo contaba con un vago recuerdo de la trama y descubrir muchos años después de esa ardua labor, que se trataba de una aventura del Comisario Maigret. 

    Era un libro de pequeñas dimensiones de pasta dura que por lo que entiendo, iniciaba una colección de la editorial Tusquets con todas las novelas de Maigret. Ese pequeño libro lo leí en varias oportunidades y me acompañó por muchos lugares y mudanzas. Lamentablemente, a pesar de que era (al menos en apariencia una buena edición, el libro se fue deshojando hasta quedar inservible y alguien, tal vez viendo ese pobre libro en ese estado lamentable, lo lanzó a la basura.

    Pero muy probablemente llegué a las Novelas del Comisario Maigret por recomendación de un amigo muy dado a la literatura negra, de detectives y policíacas) creo que en algún momento me he referido a él) y que trasladó este gusto hacia mí. Por algún tiempo fui lector voraz de estas obras, que lograba leer en pocos días y a veces horas. Este amigo, no solo era también un consumidor, sino que también leía libros que analizaban estas novelas y a su manera era un conocedor experto. Recuerdo algo que me contó precisamente de Simenon. Siendo éste un autor muy prolífico, en ocasiones (o con frecuencia, no lo sé), era contratado por Galerías Lafayette en París para que se instalara en una vitrina con un escritorio y todos los implementos para escribir, y escribiera una novela a la vista del público, quienes por varios días se agolpaban para presenciar el proceso creativo de un escritor. Una vez concluida la novela, el manuscrito salía directamente a la editorial para los ajustes finales de impresión, distribución y venta. 

La anécdota estaba en el límite de la verosimilitud, tomando en cuenta que Simenon era un autor popular y prolífico, con una imagen muy reconocible con su traje, corbata y pipa. Esa historia de Simenon sentado tranquilamente ante una máquina de escribir pasó a formar parte de mi repertorio de historias interesantes para contar en una reunión social. 

    Sin embargo, la Inteligencia Artificial me indica, para mi pesar, que esta historia tiene mucho de leyenda urbana que de fundamento en la realidad. Mi triste conclusión, eran más hermosos los tiempos en que podíamos soñar y llegar a creer que estos cuentos eran reales.

Jesus Lopez Cegarra

martes, mayo 19, 2026

Fuga a la Victoria

Una de las películas de mi infancia y adolescencia que recuerdo  con mucha intensidad y nostalgia es “Escape a la Victoria”, que por lo que recuerdo, al menos en el contexto de Venezuela, la titularon “Fuga a la Victoria”. En mi apreciación este título tiene una sonoridad más poética que su nombre original.

Para un chico de 10 u 11 años de los 80, “Fuga a la Victoria” tenía los elementos indispensables para convertirse en su favorita y verla infinidad de veces (un vecino la tenía grabada en una cinta Betamax, y aunque la calidad de reproducción era muy pobre, lograba mantener la atención de quienes de cuando en cuando nos reuníamos para verla). Era una épica deportiva desarrollada en el corazón de la Segunda Guerra Mundial: un maléfico poderoso retaba, a un enemigo en apariencia débil confinado a una prisión, que solo tenía voluntad y corazón para enfrentarlo, a una improbable contienda: un partido de futbol. 

A pesar de ciertas ventajas que el enemigo le otorgaba a su rival (comida, vestuario y mejores condiciones dentro de la prisión), aquél contaba con mejores herramientas para humillarles y usar este encuentro “amistoso” como arma propagandista de la superioridad que pregonaban tener.

Pero había ciertos factores que el enemigo no podía prever…en nuestro bando llegaría Pelé, un absoluto héroe para cualquier niño latinoamericano de la época, pues se trataba del mejor jugador de su generación y sin duda de los mejores de la historia. El magnetismo de Pelé era una garantía de éxito para la película. Era una celebridad mundial y, para el momento en que se filma la película (comienzo de los 1980) representaba la esperanza de que un deporte absolutamente seguido en el mundo entero pudiera penetrar la terca barrera de la sociedad americana, satisfecha con los deportes de su propia invención. No en vano, por esos mismos años de la película, Pelé daba sus últimos pasos en el futbol profesional contratado por el “Cosmos” de Nueva York, un equipo que, si no recuerdo mal, tenía como cancha de juego el Madison Square Garden. Una aberración para cualquier purista del “Soccer”. 


Lo que entonces no sospechábamos es que (descontando Michael Caine y Silvester Stallone, que estaban en nuestro equipo y eran actores de oficio) el resto de los jugadores eran respetados futbolistas. Aún recuerdo cuando como maravilloso descubrimiento, un amigo me comentó que uno de los jugadores, que hace una magnífica “bicicleta” en el partido, era el gran Osvaldo Ardiles, gran figura del equipo campeón del mundial 1978, y artífice del triunfo de su selección. (Aunque Ardiles aparece en los créditos de la película… quién entonces se quedaba a verlos, más aun, qué cine perdía su tiempo en eso, cuando fuera de la sala había gente esperando la siguiente función) Tuvimos que ver la película una vez más para cerciorarnos de que ese dato era correcto. En una era pre-internet, una información tan “rebuscada” no era moneda corriente, al contrario, era casi un acto de prestidigitación.

Vista la película más de 40 años después hay ya muchos aspectos que para un preadolescente escapaban. La que más me pareció más sobresaliente es la actuación desubicada de Sylvester Stallone. Parecía que estaba actuando para otra película. Una suerte de “comic relief”, que no llega a ser gracioso, sino más bien un personaje enojoso, egoísta e inmaduro. Sus incursiones en la cancha para llamar la atención de Colby (Capitán y entrenador del equipo, interpretado por Michael Caine) y “demostrar” que tenía las cualidades necesarias para ser seleccionado, resultaban, a falta de una mejor descripción “payasescas”. Su intención era usar el equipo para buscar escapar de prisión, pero es difícil imaginar que un tipo tan irritante y sin las cualidades necesarias pudiera llamar positivamente la atención de Colby. Además, en ningún momento se le ve profundidad o que fuera un factor esencial para la lucha que se desarrollaba dentro y fuera de la prisión, aunque es cierto que en algún momento del desarrollo de la trama, se pone en sus manos un dilema moral importante: regresar a la prisión de donde se había evadido con éxito para decirles a sus compañeros de equipo el plan de fuga que se tenía planeado para el día del juego. Y a regañadientes acepta.

Por su parte Michael Caine, un gran actor, no lucía a la altura de un atleta de alto nivel, ni siquiera de uno que vio mejores momentos, pero su actuación es destacable y se siente genuina, especialmente cuando empatiza con Hatch (Stallone) cuando este le revela que su intención de entrar al equipo era como plataforma para escapar.

También resulta inimaginable que estos prisioneros, que provenían en su mayoría del mundo militar y por tanto de un entrenamiento muy especial para tiempos de guerra, actuaran a sus anchas, con una mínima vigilancia puertas adentro, con pleno espacio para conspirar, sin que sus pares malignos hicieran algún esfuerzo de espionaje. 

Un detalle nunca tuve en el radar y que solo recientemente supe, fue que el director de “Fuga a la Victoria” era el gran John Huston. Unir esta película, que solo aparenta tener un fin comercial y establecer algún parentesco con “The Maltese Falcon” o “The Treasure of the Sierra Madre” resulta casi inverosímil. La única otra discrepancia semejante que puedo pensar es cuando el propio Huston dirigió el musical infantil “Annie”. 

Sin embargo, hay instantes en que se notan las pinceladas de alguien (que fue) competente en su oficio, especialmente en el juego mismo, en donde logra genuinamente transmitir al espectador la intensidad que un encuentro de tal naturaleza pudo haber tenido. Como película, es puro entretenimiento. Y no lo digo de manera peyorativa, son dos horas de buen entretenimiento; son de esas historias que si la encontramos por mero azar en la televisión, nos quedamos allí porque nos lleva al tiempo en que luego de ver “Fuga a la Victoria”, salíamos a la calle a jugar y soñar que podíamos anotar un gol como solo Pelé lo hubiera hecho.

Jesús Lopez Cegarra


domingo, mayo 03, 2026

El Tiempo y su esencia

 Escapa de nuestra inteligencia, al menos por el momento, saber si alguna criatura del planeta entiende esa noción que llamamos “tiempo”. Hasta ahora, que sepamos es solo una preocupación humana conocerlo e interpretarlo. Varias civilizaciones tenían una noción pragmática, porque era necesario conocer el momento que ciertos eventos tenían lugar para poder tomar decisiones, especialmente respecto a las estaciones y su relación con cultivos y cosechas, relevantes para su subsistencia. La observación de astros celestes, nuestros ancestros notaron sus ciclos regulares, les ayudó en gran medida a entender el paso de eso que más adelante llamamos “tiempo”.

Ahora, ¿Existe una entidad que llamamos “tiempo”? Es obvio que hemos desarrollado una conceptualización y teorías sobre el tiempo.  Lo podemos apreciar como el deterioro. Ciertas características física, por ejemplo, van apareciendo en cada quien, indicando un principio y eventualmente un final. Nacemos, crecemos y nos damos cuenta que en la medida que pasan los días, hay un desgaste de nuestros cuerpos, tenemos memoria de quienes fuimos y quienes somos. Hay características físicas como surcos en nuestras caras, cabellos grises nos evidencian que no somos la misma persona. Hay cambios notables. El correr de los días nos acercan a un evento inexorable: la muerte. La física ha llamado a este “deterioro” entropía, y tiene que ver con una ley física ya muy bien explicada: todo sistema pasa del orden al desorden.

Sin embargo, la física nos dice algo curioso: la velocidad afecta al tiempo. En la medida que se alcanzan grandes velocidades, el tiempo entre los que viajan rápido y los que no es distinto. Para quien viaja más rápido, el tiempo transcurre más lento, respecto a quienes están a una velocidad menor.

Pero en la vida común y corriente, requerimos de un parámetro para poder desarrollar una vida social. El “cuando” es esencial para cualquier transacción. Así que el tiempo se convierte en una medida. El giro de la tierra en si misma, el giro de la tierra alrededor del sol (que están cerca de ser “regulares”) nos auxilian en esa medición. Distintas civilizaciones crearon sus “calendarios” para este fin, pero fue gracias a la iglesia católica y el Papa Gregorio que se llegó a un calendario “universal” (en el sentido que aplica todos los que vivimos en este planeta), y es el que se emplea el mundo civilizado para poder mantener un relativo orden.

También hay otras nociones de tiempo, más en lo personal e íntimo. En los sueños, el tiempo transcurre de una forma distinta al soñador. Una larga jornada, en la que en el sueño ocurren distintos eventos que pueden tomar varias horas o días, terminan resultando unos pocos minutos al despertar. En los acontecimientos traumáticos o desagradables, los eventos parecen transformarse en una especie de sueño, como una sucesión de fotografías en que nos vemos más como espectadores en lugar de protagonistas. Pero existe otro tiempo. Cuando estamos ante lo que a falta de una mejor definición llamaríamos “felicidad” y que solo un puñado de ellos nos ocurren en la vida. Hay uno en especial, que fue el que inspiró esta disertación, que lo recuerdo casi a diario. Si hubiera querido quedar atrapado en un espacio y en un momento, sería cuando (..) y yo nos atrevimos a esos besos.


Jesus Lopez Cegarra

domingo, enero 25, 2026

La Muerte y la Brújula – Jorge Luis Borges

 En el relato “La Muerte y la Brújula”, una serie de asesinatos han tenido lugar. La hipótesis inicial sugerida por el comisario policial es sencilla y prosaica: Robo, la víctima descubre al criminal y este se ve forzado al homicidio. Un crimen de menor monta escala cuando la identidad del autor de ser revelada, puede tener consecuencias penales. Sin embargo, la aparición de un obscuro texto en la escena del crimen (“La primera letra del Nombre ha sido articulada”) lleva al detective Erik Lönnrt a proponer que el crimen podía tener una explicación más compleja.


El relato de Borges tiene la estructura del relato detectivesco tradicional, estilo Sherlock Holmes: Hay un crimen rodeado de circunstancias extrañas, que solo una mente fría y preparada puede resolver, atendiendo esencialmente al uso de la inteligencia, el conocimiento empírico e intelectual (“bruscamente bibliófilo o hebraísta”) puede dar un verdadero orden en el caos.

Nuevos crímenes y sus características comunes con el primero dan la razón a Lönnrt: textos similares en la escena del crimen, lo impostergable del día en que tienen lugar (el día 3 del mes) y la representación de una figura geométrica formada por los distintos puntos geográficos en los que se cometieron los crímenes, sugieren más que estos tienen en común elementos místicos asociados al nombre de dios. 

Ya con todos estos elementos en mente, con la deducción y dos sencillas herramientas (un compás y una brújula) Lönnrt ya sabe dónde y cuando se cometerá el próximo asesinato y allí irá para encontrase con el destino.

Obviamente no quiero arruinar la experiencia a nuevos lectores (o antiguos lectores, aunque este cuento lo he leído en al menos dos oportunidades, lo había olvidado por completo), porque además es una breve joya literaria, es un relato que, como muchos de Borges, están abiertos a más de una lectura y a más de una interpretación. 

Una que se me ocurre luego de releer el texto es sobre el destino, entendido como una concatenación de actos que llevan a un desenlace necesario. Algunos seres humanos tienden a pensar que nuestras vidas están ligadas a un propósito, que tenemos una misión que cumplir. Otros ven la inevitabilidad de lo que sucede, visto más bien como un punto al que fatalmente se llega. Sin embargo, y tomando como partida el relato de Borges, el “destino” puede ser también una manipulación de los hechos para hacerlos pasar como las circunstancias que nos empujan en una dirección que por error creemos nuestro destino, y que esa manipulación ha sido pensada para producir ese efecto. 

Jesus A. López Cegarra

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Borges, Jorge Luis Cuentos Completos Vintage Español. Nueva York, 2011.


El valor de un Documental: Raygun Breaking Badly

 Cuando una obra audiovisual es etiquetada como “Documental”, en cierta manera se genera una expectativa de que estamos ante un análisis de ...