lunes, septiembre 07, 2026

El valor de un Documental: Raygun Breaking Badly

 Cuando una obra audiovisual es etiquetada como “Documental”, en cierta manera se genera una expectativa de que estamos ante un análisis de los aspectos en torno a alguna realidad: los hechos, las personas que directa e indirectamente se relacionan con un tema de interés. Damos por hecho que habrá una visión objetiva por parte de quien realiza el documental. Se dará oportunidad a las diferentes partes envueltas en el objeto de estudio. Eso no significa que habrá imparcialidad. Ante una situación controvertida, el autor o director puede tener una posición, pero eso no impide tener la visión de quien se considera el antagonista de la historia.

Hay varios documentales que tengo en mente estudiar, pero quisiera entrar en el más reciente que he visto: “Raygun: Breaking Badly”.


La historia detrás de este documental es muy reciente, y el contexto son las olimpíadas de Paris de 2024. Una de las “grandes” noticias sobre este acontecimiento mundial es que introducirían como deporte el “Break Dancing”, como una manera de atraer a las nuevas generaciones a los juegos olímpicos. 

El “Break Dancing” es algo que está relacionado con mi generación: un baile urbano que requiere una gran destreza, acrobacia y flexibilidad para ejecutar movimientos que desafían a las leyes físicas al ritmo de música “Hip-Hop”. En los años 80 eran visto como una subcultura, un submundo de decadencia y drogas. Casi 4 décadas después debutaba como deporte olímpico.

A su manera, era una apuesta arriesgada: No se trataba de una novedad en sentido estricto (más bien parece una pieza nostálgica), pero sus ritmos y acrobacias probablemente podían interesar al público joven e incorporarlos como “clientela”.

Debo aclarar que no soy seguidor de los juegos olímpicos. Apenas si me interesan la natación y la gimnasia, especialmente esta última, porque son disciplinas que en unos pocos segundos los atletas pueden y deben demostrar sus capacidades y destrezas. Y no era el Break Dancing esa actividad que me haría finalmente darle más oportunidad a poner más atención a la Olimpíadas. 

Sin embargo, la “vida olímpica” (por decirlo de alguna manera) ha sido corta, ya no estará en las Olimpíadas de 2028 y habría que esperar hasta 2032 para ver si se le da una nueva oportunidad, a pesar de que en París 2024 el Break Dance tuvo mucha publicidad… pero no la que los organizadores hubieran deseado.

Una “atleta” australiana se encargó de poner en las noticias este deporte olímpico, pero no por destacarse de manara sobresaliente, sino por la “viralidad” que su actuación tuvo en las redes sociales.

La “B-Girl” de Australia (Rachel Gunn conocida como RayGun) ejecutó sus bailes que lejos de causar la destacada admiración que se espera de un atleta olímpico, se convirtió en un objeto de burla mundial y entró de pleno derecho en el mundo de los “memes”. El resto de los participantes en esta disciplina quedaron opacados por la ejecución ridícula y mérito de “Raygun”. 

Como la mayoría de los casos que se vuelven “virales” en las redes sociales, este también parecía tener fecha de expiración. Sin embargo “Raygun” decidió redoblar la apuesta con su documental en Netflix.

El documental está bien hecho desde el punto de vista de la forma y la estética, tiene material de apoyo interesante que ayudan a comprender las circunstancias en las cuales se clasificó para los Juegos Olímpicos, la preparación previa para su participación y la entrevista de algunas personas que podían orientar sobre quien era esta “B-Girl”, incluyendo a dos “B-Girls” que la conocían bien. Pero hasta acá llega el aporte de por parte de los autores. Lo que si queda claro tanto en el documental, como fuera de él, es que Raygun tiene serios problemas para aceptar la realidad y es incapaz de aceptar las críticas a su actuación, con dos justificaciones que rayan en lo infantil o en la enfermedad mental: la primera, que ella seguía apareciendo como la Número 1 en el ranking de “The World DanceSport Federation”, la segunda, que sus movimientos son de naturaleza “artística” por lo que tienen un valor superior a las simple demostraciones atléticas de las demás participantes. 

Y aquí viene la primera gran falla del “documental”: en ningún momento hay una comparación entre las ejecuciones de otros bailarines, ni siquiera en las competencias que ella participó para prepararse para los Juegos Olímpicos, como en los mismos Juegos. El documental se enfoca en las opiniones y justificaciones tanto de RayGun como de su esposo (quien además es su entrenador), que en momentos se vuelven delirantes al insistir en un valor artístico superior incomprendido por el resto.

Pero sus confesiones contradicen sus alocadas afirmaciones: en las participaciones previas de Raygun en competencias de Breakdance, su actuación fue mediocre y ellos lo reconocen. Ya con esto en mano, ya tenía elementos que le daban una señal clara de lo que pasaría más tarde. 

Más increíble es que al momento de llegar a los juegos olímpicos, su aspiración no es al menos estar entre la lista de los mejores del mundo, sino lograr un punto de 54 posible. Y ni siquiera esa pobre aspiración logró concretar. Más triste aun es que su actuación fue tan ridícula e hilarante, que en pocas horas se propagaron por redes sociales y medios de comunicación.

Las pocas opiniones críticas vienen de dos B-Girls que conocen a Raygun, saben que no es la mejor en su estilo y B-Girl Flix (ambas eran amigas) se sintió ofendida por la participación de Raygun. Tampoco entrevistan a las B-Girls que participaron y se destacaron. Sus ejecuciones y opiniones también quedaron sepultadas en el afán de encumbrar a una “atleta” mediocre y delirante.

Otro oscuro pasaje que el documental prefirió obviar es la amenaza a una comediante (Steph Broadbridge) por una parodia que tenía intención de presentar, alegando violación a Derechos de Propiedad Intelectual. Esa perspectiva era importante para conocer mejor al personaje, pero los directores prefirieron no tomar riesgos.

Tal vez la parte más patética y que sirve como la manera de justificar la actuación de Raygun viene de la mano del millonario Richard Branson. Este logra contactarla para decirle que efectivamente ella es una incomprendida, cuya actuación tiene el nivel artístico que solo unos cuantos elevados pueden entender. Y la invita a su yate para que sea parte de su séquito de bufones (en el sentido que le da el diccionario de la real academia: “Personaje cómico encargado de divertir a reyes y cortesanos con chocarrerías y gestos.) Y este es el cierre y conclusión que empuja el documental: una actuación mediocre, bendecida por un millonario, es razón suficiente para demostrar cuán injustos somos.


Jesus Lopez Cegarra


domingo, agosto 30, 2026

Georges Simenon y el Comisario Jules Maigret

    No recuerdo cuál fue la primera novela del Detective Maigret que leí. Solo se que fue una sensación adictiva. Ya entonces conocía otros autores de novelas de detectives y policíacas, pero las escritas por Georges Simenon las busqué una por una y creo, o bien haberlas leído todas o al menos un porcentaje importante de ellas, incluyendo un volumen breve prologado por Gabriel García Márquez, en el que cuenta su particular aventura detectivesca para llegar a ese relato, del cual solo contaba con un vago recuerdo de la trama y descubrir muchos años después de esa ardua labor, que se trataba de una aventura del Comisario Maigret. 

    Era un libro de pequeñas dimensiones de pasta dura que por lo que entiendo, iniciaba una colección de la editorial Tusquets con todas las novelas de Maigret. Ese pequeño libro lo leí en varias oportunidades y me acompañó por muchos lugares y mudanzas. Lamentablemente, a pesar de que era (al menos en apariencia una buena edición, el libro se fue deshojando hasta quedar inservible y alguien, tal vez viendo ese pobre libro en ese estado lamentable, lo lanzó a la basura.

    Pero muy probablemente llegué a las Novelas del Comisario Maigret por recomendación de un amigo muy dado a la literatura negra, de detectives y policíacas) creo que en algún momento me he referido a él) y que trasladó este gusto hacia mí. Por algún tiempo fui lector voraz de estas obras, que lograba leer en pocos días y a veces horas. Este amigo, no solo era también un consumidor, sino que también leía libros que analizaban estas novelas y a su manera era un conocedor experto. Recuerdo algo que me contó precisamente de Simenon. Siendo éste un autor muy prolífico, en ocasiones (o con frecuencia, no lo sé), era contratado por Galerías Lafayette en París para que se instalara en una vitrina con un escritorio y todos los implementos para escribir, y escribiera una novela a la vista del público, quienes por varios días se agolpaban para presenciar el proceso creativo de un escritor. Una vez concluida la novela, el manuscrito salía directamente a la editorial para los ajustes finales de impresión, distribución y venta. 

La anécdota estaba en el límite de la verosimilitud, tomando en cuenta que Simenon era un autor popular y prolífico, con una imagen muy reconocible con su traje, corbata y pipa. Esa historia de Simenon sentado tranquilamente ante una máquina de escribir pasó a formar parte de mi repertorio de historias interesantes para contar en una reunión social. 

    Sin embargo, la Inteligencia Artificial me indica, para mi pesar, que esta historia tiene mucho de leyenda urbana que de fundamento en la realidad. Mi triste conclusión, eran más hermosos los tiempos en que podíamos soñar y llegar a creer que estos cuentos eran reales.

Jesus Lopez Cegarra

martes, mayo 19, 2026

Fuga a la Victoria

Una de las películas de mi infancia y adolescencia que recuerdo  con mucha intensidad y nostalgia es “Escape a la Victoria”, que por lo que recuerdo, al menos en el contexto de Venezuela, la titularon “Fuga a la Victoria”. En mi apreciación este título tiene una sonoridad más poética que su nombre original.

Para un chico de 10 u 11 años de los 80, “Fuga a la Victoria” tenía los elementos indispensables para convertirse en su favorita y verla infinidad de veces (un vecino la tenía grabada en una cinta Betamax, y aunque la calidad de reproducción era muy pobre, lograba mantener la atención de quienes de cuando en cuando nos reuníamos para verla). Era una épica deportiva desarrollada en el corazón de la Segunda Guerra Mundial: un maléfico poderoso retaba, a un enemigo en apariencia débil confinado a una prisión, que solo tenía voluntad y corazón para enfrentarlo, a una improbable contienda: un partido de futbol. 

A pesar de ciertas ventajas que el enemigo le otorgaba a su rival (comida, vestuario y mejores condiciones dentro de la prisión), aquél contaba con mejores herramientas para humillarles y usar este encuentro “amistoso” como arma propagandista de la superioridad que pregonaban tener.

Pero había ciertos factores que el enemigo no podía prever…en nuestro bando llegaría Pelé, un absoluto héroe para cualquier niño latinoamericano de la época, pues se trataba del mejor jugador de su generación y sin duda de los mejores de la historia. El magnetismo de Pelé era una garantía de éxito para la película. Era una celebridad mundial y, para el momento en que se filma la película (comienzo de los 1980) representaba la esperanza de que un deporte absolutamente seguido en el mundo entero pudiera penetrar la terca barrera de la sociedad americana, satisfecha con los deportes de su propia invención. No en vano, por esos mismos años de la película, Pelé daba sus últimos pasos en el futbol profesional contratado por el “Cosmos” de Nueva York, un equipo que, si no recuerdo mal, tenía como cancha de juego el Madison Square Garden. Una aberración para cualquier purista del “Soccer”. 


Lo que entonces no sospechábamos es que (descontando Michael Caine y Silvester Stallone, que estaban en nuestro equipo y eran actores de oficio) el resto de los jugadores eran respetados futbolistas. Aún recuerdo cuando como maravilloso descubrimiento, un amigo me comentó que uno de los jugadores, que hace una magnífica “bicicleta” en el partido, era el gran Osvaldo Ardiles, gran figura del equipo campeón del mundial 1978, y artífice del triunfo de su selección. (Aunque Ardiles aparece en los créditos de la película… quién entonces se quedaba a verlos, más aun, qué cine perdía su tiempo en eso, cuando fuera de la sala había gente esperando la siguiente función) Tuvimos que ver la película una vez más para cerciorarnos de que ese dato era correcto. En una era pre-internet, una información tan “rebuscada” no era moneda corriente, al contrario, era casi un acto de prestidigitación.

Vista la película más de 40 años después hay ya muchos aspectos que para un preadolescente escapaban. La que más me pareció más sobresaliente es la actuación desubicada de Sylvester Stallone. Parecía que estaba actuando para otra película. Una suerte de “comic relief”, que no llega a ser gracioso, sino más bien un personaje enojoso, egoísta e inmaduro. Sus incursiones en la cancha para llamar la atención de Colby (Capitán y entrenador del equipo, interpretado por Michael Caine) y “demostrar” que tenía las cualidades necesarias para ser seleccionado, resultaban, a falta de una mejor descripción “payasescas”. Su intención era usar el equipo para buscar escapar de prisión, pero es difícil imaginar que un tipo tan irritante y sin las cualidades necesarias pudiera llamar positivamente la atención de Colby. Además, en ningún momento se le ve profundidad o que fuera un factor esencial para la lucha que se desarrollaba dentro y fuera de la prisión, aunque es cierto que en algún momento del desarrollo de la trama, se pone en sus manos un dilema moral importante: regresar a la prisión de donde se había evadido con éxito para decirles a sus compañeros de equipo el plan de fuga que se tenía planeado para el día del juego. Y a regañadientes acepta.

Por su parte Michael Caine, un gran actor, no lucía a la altura de un atleta de alto nivel, ni siquiera de uno que vio mejores momentos, pero su actuación es destacable y se siente genuina, especialmente cuando empatiza con Hatch (Stallone) cuando este le revela que su intención de entrar al equipo era como plataforma para escapar.

También resulta inimaginable que estos prisioneros, que provenían en su mayoría del mundo militar y por tanto de un entrenamiento muy especial para tiempos de guerra, actuaran a sus anchas, con una mínima vigilancia puertas adentro, con pleno espacio para conspirar, sin que sus pares malignos hicieran algún esfuerzo de espionaje. 

Un detalle nunca tuve en el radar y que solo recientemente supe, fue que el director de “Fuga a la Victoria” era el gran John Huston. Unir esta película, que solo aparenta tener un fin comercial y establecer algún parentesco con “The Maltese Falcon” o “The Treasure of the Sierra Madre” resulta casi inverosímil. La única otra discrepancia semejante que puedo pensar es cuando el propio Huston dirigió el musical infantil “Annie”. 

Sin embargo, hay instantes en que se notan las pinceladas de alguien (que fue) competente en su oficio, especialmente en el juego mismo, en donde logra genuinamente transmitir al espectador la intensidad que un encuentro de tal naturaleza pudo haber tenido. Como película, es puro entretenimiento. Y no lo digo de manera peyorativa, son dos horas de buen entretenimiento; son de esas historias que si la encontramos por mero azar en la televisión, nos quedamos allí porque nos lleva al tiempo en que luego de ver “Fuga a la Victoria”, salíamos a la calle a jugar y soñar que podíamos anotar un gol como solo Pelé lo hubiera hecho.

Jesús Lopez Cegarra


domingo, mayo 03, 2026

El Tiempo y su esencia

 Escapa de nuestra inteligencia, al menos por el momento, saber si alguna criatura del planeta entiende esa noción que llamamos “tiempo”. Hasta ahora, que sepamos es solo una preocupación humana conocerlo e interpretarlo. Varias civilizaciones tenían una noción pragmática, porque era necesario conocer el momento que ciertos eventos tenían lugar para poder tomar decisiones, especialmente respecto a las estaciones y su relación con cultivos y cosechas, relevantes para su subsistencia. La observación de astros celestes, nuestros ancestros notaron sus ciclos regulares, les ayudó en gran medida a entender el paso de eso que más adelante llamamos “tiempo”.

Ahora, ¿Existe una entidad que llamamos “tiempo”? Es obvio que hemos desarrollado una conceptualización y teorías sobre el tiempo.  Lo podemos apreciar como el deterioro. Ciertas características física, por ejemplo, van apareciendo en cada quien, indicando un principio y eventualmente un final. Nacemos, crecemos y nos damos cuenta que en la medida que pasan los días, hay un desgaste de nuestros cuerpos, tenemos memoria de quienes fuimos y quienes somos. Hay características físicas como surcos en nuestras caras, cabellos grises nos evidencian que no somos la misma persona. Hay cambios notables. El correr de los días nos acercan a un evento inexorable: la muerte. La física ha llamado a este “deterioro” entropía, y tiene que ver con una ley física ya muy bien explicada: todo sistema pasa del orden al desorden.

Sin embargo, la física nos dice algo curioso: la velocidad afecta al tiempo. En la medida que se alcanzan grandes velocidades, el tiempo entre los que viajan rápido y los que no es distinto. Para quien viaja más rápido, el tiempo transcurre más lento, respecto a quienes están a una velocidad menor.

Pero en la vida común y corriente, requerimos de un parámetro para poder desarrollar una vida social. El “cuando” es esencial para cualquier transacción. Así que el tiempo se convierte en una medida. El giro de la tierra en si misma, el giro de la tierra alrededor del sol (que están cerca de ser “regulares”) nos auxilian en esa medición. Distintas civilizaciones crearon sus “calendarios” para este fin, pero fue gracias a la iglesia católica y el Papa Gregorio que se llegó a un calendario “universal” (en el sentido que aplica todos los que vivimos en este planeta), y es el que se emplea el mundo civilizado para poder mantener un relativo orden.

También hay otras nociones de tiempo, más en lo personal e íntimo. En los sueños, el tiempo transcurre de una forma distinta al soñador. Una larga jornada, en la que en el sueño ocurren distintos eventos que pueden tomar varias horas o días, terminan resultando unos pocos minutos al despertar. En los acontecimientos traumáticos o desagradables, los eventos parecen transformarse en una especie de sueño, como una sucesión de fotografías en que nos vemos más como espectadores en lugar de protagonistas. Pero existe otro tiempo. Cuando estamos ante lo que a falta de una mejor definición llamaríamos “felicidad” y que solo un puñado de ellos nos ocurren en la vida. Hay uno en especial, que fue el que inspiró esta disertación, que lo recuerdo casi a diario. Si hubiera querido quedar atrapado en un espacio y en un momento, sería cuando (..) y yo nos atrevimos a esos besos.


Jesus Lopez Cegarra

domingo, enero 25, 2026

La Muerte y la Brújula – Jorge Luis Borges

 En el relato “La Muerte y la Brújula”, una serie de asesinatos han tenido lugar. La hipótesis inicial sugerida por el comisario policial es sencilla y prosaica: Robo, la víctima descubre al criminal y este se ve forzado al homicidio. Un crimen de menor monta escala cuando la identidad del autor de ser revelada, puede tener consecuencias penales. Sin embargo, la aparición de un obscuro texto en la escena del crimen (“La primera letra del Nombre ha sido articulada”) lleva al detective Erik Lönnrt a proponer que el crimen podía tener una explicación más compleja.


El relato de Borges tiene la estructura del relato detectivesco tradicional, estilo Sherlock Holmes: Hay un crimen rodeado de circunstancias extrañas, que solo una mente fría y preparada puede resolver, atendiendo esencialmente al uso de la inteligencia, el conocimiento empírico e intelectual (“bruscamente bibliófilo o hebraísta”) puede dar un verdadero orden en el caos.

Nuevos crímenes y sus características comunes con el primero dan la razón a Lönnrt: textos similares en la escena del crimen, lo impostergable del día en que tienen lugar (el día 3 del mes) y la representación de una figura geométrica formada por los distintos puntos geográficos en los que se cometieron los crímenes, sugieren más que estos tienen en común elementos místicos asociados al nombre de dios. 

Ya con todos estos elementos en mente, con la deducción y dos sencillas herramientas (un compás y una brújula) Lönnrt ya sabe dónde y cuando se cometerá el próximo asesinato y allí irá para encontrase con el destino.

Obviamente no quiero arruinar la experiencia a nuevos lectores (o antiguos lectores, aunque este cuento lo he leído en al menos dos oportunidades, lo había olvidado por completo), porque además es una breve joya literaria, es un relato que, como muchos de Borges, están abiertos a más de una lectura y a más de una interpretación. 

Una que se me ocurre luego de releer el texto es sobre el destino, entendido como una concatenación de actos que llevan a un desenlace necesario. Algunos seres humanos tienden a pensar que nuestras vidas están ligadas a un propósito, que tenemos una misión que cumplir. Otros ven la inevitabilidad de lo que sucede, visto más bien como un punto al que fatalmente se llega. Sin embargo, y tomando como partida el relato de Borges, el “destino” puede ser también una manipulación de los hechos para hacerlos pasar como las circunstancias que nos empujan en una dirección que por error creemos nuestro destino, y que esa manipulación ha sido pensada para producir ese efecto. 

Jesus A. López Cegarra

_________________________________

Borges, Jorge Luis Cuentos Completos Vintage Español. Nueva York, 2011.


jueves, diciembre 25, 2025

Parte VII: La Solución Forzada al Problema Final: Holmes resucita

Un nuevo asesinato conmueve a la sociedad Londinense: Ronald Adair encuentra la muerte en “extraordinarias circunstancias”. Watson trata de usar el análisis que hizo tan famoso a Sherlock Holmes, pero está consciente de que la ausencia de su mente brillante es una carencia que da una gran desventaja para resolver el crimen y dar con el o los culpables. Sin embargo, cuando todo parece en contra, un extraño anciano cargado de libros se atraviesa en el camino de Watson. Luego, de manera imprevista llega a la residencia de Watson a hacerle una visita. Para sorpresa de Watson, el anciano era nada menos que el mismísimo Sherlock Holmes, vencedor de lo que parecía una muerte inevitable.

La ausencia de Holmes por varios años fue deliberada, pues la banda de Moriarty seguía activa y la manera adecuada de acabar con sus actividades criminales (a juicio de Holmes) era mantener la historia de su muerte vigente hasta atrapar a los miembros aún fuera de las rejas. Obviamente la historia que estructura ACD tiene algunas inconsistencias, pero los lectores eran recompensados con un regreso del mundo de los muertos de su querido héroe. 

La presión de los lectores parecía que surtía efectos, aunque el aspecto crematístico favorable al autor también tuvo un peso relevante en la restitución de Holmes.

Como decíamos anteriormente, el Profesor Moriarty, archienemigo de Holmes es mencionado de manera accesoria en la “El valle del miedo”. Es la mente maestra de una organización criminal de alcance internacional. Tengamos presente que esta novela fue publicada en 1915. Sin embargo, en 1893, en la colección de cuentos “Las memorias de Sherlock Holmes”, aparece “El Problema Final”. En el relato Holmes y Moriarty, en una lucha épica caen por las cataratas de Reichenbach, en un abrazo trágico que acaba con ambas vidas. 

Ahora bien, ¿qué pasaba por la mente de ACD cuando comete este filicidio literario contra una de las más famosas creaciones de todos los tiempos? La respuesta se enlaza con el motivo que inspiran estos ensayos sobre el tema: la impresión de ACD de que su talento literario debía estar enfocado en obras más relevantes. 

En el artículo “The hounding of Arthur Conan Doyle” publicado en “The Irish Times” (1) nos explica que el autor “quería ser recordado, no por sus enigmas de Baker Street, sino por sus libros de ficción histórica e historia militar” es decir, ACD quería trascender por ser una lectura seria.

Esa acción “filicida” causó una conmoción en el mundo literario inglés. La revista “Strand” donde se publicaban las historias de Sherlock Holmes, ve como 20.000 suscripciones se esfuman, cientos de personas salen a la calle con símbolos de luto y hasta el príncipe de Gales (y futuro Rey) se encuentra desolado por la pérdida de su héroe de ficción. (2)


Es interesante que este episodio en “El problema final” que tiene como punto culminante la muerte de Holmes, una vez más se enfatiza ese papel de cabeza  de una organización criminal de Moriarty, pero también nos muestra someramente los antecedentes de la mente criminal: es un intelectual académico de gran prestigio, con trabajos de investigación en el campo de las matemáticas, profesor universitario, pero con una tendencia hereditaria al mal. Su organización criminal es objeto de las investigaciones que ejecuta Holmes. Moriarty no es un criminal cualquiera, es su par en cuanto a capacidades e intelecto. 

“El problema final” no es un buen relato. ACD tiene la actitud de querer deshacerse de una sabandija muerta y maloliente. La trama es apresurada y contradictoria. Moriarty tiene al menos dos oportunidades para eliminar a Holmes, pero prefiere retarlo a pelear al borde de unas cataratas. Su resurrección tampoco da detalles relevantes y suma más contradicciones. Pero a fin de cuentas, un héroe regresa de lo que parece un destino sin retorno. A su manera me recuerda cómo la industria del entretenimiento revive del sueño eterno a personajes que legalmente habían sido declarados muertos. 


Referencia:

(1) https://www.irishtimes.com/news/the-hounding-of-arthur-conan-doyle-1.323267

(2) Jaume, Andreu Introducción en Sir Arthur Conan Doyle Sherlock Holmes Relatos I. Penguin Clásicos, 2015.  


domingo, diciembre 14, 2025

Parte VI: El valle del miedo

 En la cuarta novela de Sherlock Holmes, “El Valle del Miedo”, ACD usa el mismo recurso narrativo de “Estudio en Escarlata”, una narración inicial en la que el Dr. Watson da cuenta de la investigación de un extraño asesinato, que en cierto momento es cambiado por una narración omnisciente que lleva a los antecedentes: se inician en América, se enlaza con el asesinato que nuestro detective investiga, para luego retornar al presente y dar las últimas explicaciones de cómo concluye el caso. Toda esta exposición nos lleva a una sociedad secreta que aterroriza a una comunidad, mientras las autoridades hacen su esfuerzo para reducir y acabar con ese grupo.

¿Tiene valor literario esta novela? Por supuesto que lo tiene en el sentido que es entretenida, se presentan todos los elementos de misterio, análisis para determinar las causas y autores del crimen, y la explicación de antecedentes, en sí misma tiene su peso, no solo para entender el contexto, sino que agrega un nuevo giro en la trama (el primero es cuando Holmes revela quien es el verdadero asesino).

Sin embargo, es aquí donde se ve la diferencia con el “Perro de los Baskerville”, en la que el peso narrativo lo tiene Watson, y eso añade una capa de misterio porque el lector sabe


que hay un elemento casi metafísico que los investigadores tratan de desentrañar, y esto mantiene mayor tensión en la trama. 

De las curiosidades de la novela, está la presencia muy tangencial del “Profesor Moriarty” al principio de la novela (cuando están desentrañando un mensaje críptico relacionado con un crimen) y al final cuando ante un nuevo crimen, Holmes afirma:

No, no, no se equivoque —dijo Holmes—. Detrás de esto hay una mano maestra. No es un caso de escopetas de cañones recortados y burdos revólveres con tambor de seis balas. Se puede distinguir a un maestro consagrado por el trazo de su pincel. Puedo reconocer un Moriarty en cuanto lo veo.

En esa sentencia de Holmes se asoma una batalla final en un sentido completamente maniqueo. Sin embargo, esa conflagración nunca tuvo lugar. 

Por otra parte, el Profesor Moriarty está presente en el universo de Holmes. Una de las narraciones relevantes Moriarty es en el cuento “El problema final”. En ella tiene lugar la “muerte” de Holmes, pero ya tendremos ocasión de hablar de este relato y de Moriarty.

Jesus Lopez Cegarra


domingo, noviembre 30, 2025

Parte V: El Perro de los Baskerville

De las cuatro novelas que forman el particular universo de Sherlock Holmes, es quizás “El Perro de los Baskerville” la que tiene todos los elementos para ser considerada la mejor. Desde el mismo inicio logra cautivar al lector, quien a lo largo de la narración quiere conocer la explicación racional a esta maldición que ha llevado a la trágica muerte de integrantes de distintas generaciones de esta familia.

La novela comienza con un tono ligeramente humorístico, cuando Holmes reta a Watson a usar el método analítico deductivo y sacar toda la información posible de un bastón que ha sido olvidado por alguien en su residencia. Aunque Watson logra en principio conclusiones bastante acertadas, Holmes lo colma con otras que dejó por fuera, para luego ambos ser sorprendidos por la realidad: ambos tuvieron su cuota de aciertos y errores cuando se presenta el propietario del objeto, el Doctor Mortimer.

El Dr. Mortimer busca los servicios de Holmes para resolver la misteriosa muerte de Charles Baskerville, recientemente acontecida, pero lo que es más intrigante aun, su muerte va unida a una leyenda que relaciona a la familia, al lugar (los páramos de Dartmoor) y a una bestia de proporciones demoníacas. Aunque la muerte de Baskerville se podía atribuir a un paro cardíaco, su rostro de terror cuando fue hallado así lo sugerían, pero el detalle más alarmante eran las enormes huellas de un canino.

Quien sería el último descendiente de los Baskerville, Henry, visita también a Holmes en busca de ayuda. Pero su llegada va también generando eventos cuya conexión, desaparecen sus botas, los están espiando y hasta alguien se hace pasar por Holmes den este juego de persecuciones. Estos extraños acontecimientos le hacen concluir a Holmes que está frente a un adversario que está a su altura. El desarrollo de los hechos demuestran que efectivamente el rival es una persona en extremo calculadora, sin ningun tipo de restriccion moral y dispuesto a cualquier cosa para lograr sus objetivos.

La novela logra mantener la tensión en una atmósfera entre lo paranormal (que en momentos se impone y hasta el mismo Dr. Mortimer parece darle crédito y la racionalidad, representada por Holmes y Watson. El grave aullido de una bestia logra perturbar aún más la desolada quietud de los páramos. La maldición de los Baskerville es la explicación más plausible entre tanto misterio.

Desde el punto de vista narrativo, es Watson quien va narrando los hechos, quien, a instancia de Holmes, se muda a la mansión de los Baskerville para proteger a Sir Henry. Holmes permanece en Londres para atender algunos asuntos que requieren su presencia. Es solo s través de la experiencia de Watson que vamos conociendo los detalles del enigma que pudiera terminar con la vida de Baskerville. Quienquiera que sea el potencial asesino usa recursos y actúa con habilidad que pueden romper el precario equilibrio. Holmes, quien se incorpora en la investigación de manera imprevista está consciente que cualquier error puede dar al traste con la misma, y peor aún, acabar con la vida de un inocente.

 Jesus A. Lopez Cegarra

domingo, octubre 26, 2025

Una lectura seria (Parte IV)

La obra que presentó al publico a los dos héroes (John Watson y Sherlock Holmes) es la novela “Estudio en Escarlata”.  Es también acá donde ellos se conocen y establecen la relación de amistad y profesional que los unirá por muchos años, aunque interrumpida en ocasiones por el matrimonio y el ejercicio de la medicina por parte de Watson. Así lo afirma el propio Watson en el relato “Escándalo en Bohemia”:

Últimamente yo había visto poco a Holmes. Mi matrimonio nos había distanciado. Mi completa felicidad y los intereses centrados en el hogar que envuelven al hombre que se ve por primera vez dueño y señor de su propia casa, absorbían toda mi atención, mientras Holmes, cuya misantropía le alejaba de cualquier forma de sociabilidad, seguía en nuestras dependencias de Baker Street, enterrado entre sus viejos libros, y oscilando, semana tras semana, entre la cocaína y la ambición, entre la somnolencia e la droga y la fiera energía de su ardiente naturaleza. Le seguía atrayendo profundamente, como siempre, el estudio del crimen, y dedicaba sus inmensas facultades y sus extraordinarios poderes de observación a seguir unas pistas y desvelar unos misterios que la policía había abandonado como imposibles. De vez en cuando me llegaba una vaga noticia de sus actividades…

En “Estudio en Escarlata” se presentan varios elementos que definirán quienes son nuestros personajes, cómo se conocieron, a qué se dedican y cuales son sus intereses. Como en la mayoría de las novelas y relatos de Holmes, es Watson el narrador y el cronista que va registrando con detalle sus casos. Sabemos que Watson es un médico que participa como cirujano auxiliar en la “Segunda Guerra de Afganistán”, en donde sufrió heridas de importancia. En su regreso a Londres estaba en la búsqueda de un lugar donde vivir a un precio asequible, preferiblemente compartido con alguien, para así disminuir gastos. La solución viene a través de quien fuera su ayudante, quien conoce a alguien (un colega) que está en esa misma búsqueda. Y así le presenta a Holmes.

De este encuentro se derivan al menos dos aspectos que van a ser esenciales las demás aventuras de Holmes: La personalidad inquieta y enfocada de Holmes para resolver las investigaciones que enfrenta (Holmes le aclara a que su profesión es “detective consultor”), su aguda capacidad de observación y análisis, aplicando todos los conocimientos técnicos que ha aprendido en su carrera, para deducir el qué, cómo y quiénes del caso en estudio. También aprendemos de la faceta oscura de su personalidad: sus estados melancólicos (depresivos). Otros textos mostrarán el uso de drogas para aliviar sus estados. Y también nos se presenta esa coordenada geográfica aún hoy famosa: 221 B Baker Street. 

Para demostrar sus capacidades, Holmes usa al propio Watson como objeto de su método, y deduce todo lo relacionado con su profesión, participación en la guerra de Afganistán y hasta de las heridas sufridas. Curiosamente, Watson le hace saber que todo cuanto le presenta le recuerda a otro detective literario, Auguste Dupin de Edgar Allan Poe. Sin embargo, la comparación no es bien apreciada por Holmes, quien contrarréplica con sarcasmo:

Sin duda usted cree hacerme un cumplido al compararme con Dupin —arguyó—. Pero, en mi opinión, Dupin no valía gran cosa. Ese truco suyo de irrumpir en los pensamientos de sus amigos con una observación pertinente, tras un cuarto de hora de silencio, es realmente muy artificioso y superficial. No carece, sin duda, de cierto talento analítico, pero no era, en modo alguno, el prodigio que Poe parecía imaginar.”

(Sin embargo, poco más adelante Watson/ACD tratan de suavizar el arrebato de Holmes contra Dupin/Poe diciendo: “A mí me pareció bastante indignante que tratara con tanto desdén a dos personajes que habían suscitado mi imaginación”. Más adelante haremos algunas menciones de Poe y el Detective Dupin).

Estos elementos introductorios son de gran relevancia para el desarrollo posterior de nuestros héroes, aunque la novela tiene varias debilidades en cuanto a estructura y técnica narrativa.


Primero hay un escaso desarrollo de los personajes que están envueltos en el crimen. Es poco lo que se logra saber de ellos, quienes son y qué los motiva. En segundo lugar, la narración comienza desde el punto de vista de Watson, para luego mudarse a un narrador Omnisciente que se traslada a Utah, y desde esa perspectiva explicar y desarrollar una historia que va a derivar en el crimen en Londres, para luego salir otro narrador (que no se entiende quién es) que concluye esa etapa del  relato diciendo: “En cuanto a lo que allí sucedió, lo mejor será reproducir el relato del viejo cazador, tal como consta en el diario del doctor Watson, al que expresamos nuestra profunda gratitud”  y acá vuelve la narración a Watson, en un capítulo llamado (para mayor confusión en cuanto al punto de vista narrativo) “CONTINUACIÓN DE LAS MEMORIAS DE JOHN H. WATSON, DOCTOR EN MEDICINA”. 

Jesus Lopez Cegarra


domingo, octubre 19, 2025

Una lectura seria Parte III

En las distintas aventuras y casos de Sherlock Holmes, vamos apreciando un hombre lleno de contradicciones. Sus mayores virtudes son su aguda capacidad de observación unida a una memoria usada casi en exclusividad para guardar conocimientos solo aplicables (y que de hecho aplica) a los casos que resuelve o busca resolver. Sin embargo, cualquier otro conocimiento que no presente esa ventaja práctica, le rehúye. No quiere que ese material ocupe en su cabeza espacio o desplace aquello que pueda aplicar.

Así entonces es capaz (hasta extremos que rayan en lo absurdo) de determinar con precisión exacta, las vivencias y andanzas de cualquiera que entre en contacto con él. Por ejemplo, en “Escándalo en Bohemia”, el Dr. Watson decide después de un largo de tiempo de no ver a Holmes, visitarle. Holmes, a los pocos minutos del encuentro , y con solo algunos detalles, invisibles para el ojo no entrenado, determina el estado emocional, andanzas y actividad profesional de su viejo compañero y cronista:

“- Le sienta bien el matrimonio —observó—. Me parece, Watson, que ha engordado siete libras y media desde la última vez que le vi.

- ¡Siete! —respondí.

- Vaya, yo habría dicho que un poco más. Solo un poquito más, Watson. Y observo que ejerce de nuevo. No me dijo que tenía intenciones de volver a su trabajo.”

Y luego le expone sus deducciones:

“—Es lo más sencillo del mundo —dijo—. Mis ojos me indican que en la parte interior de su zapato izquierdo, justo donde da la luz del fuego de la chimenea, el cuero está marcado con seis rayas casi paralelas. Es obvio que las hizo alguien que rascó con muy poco cuidado el borde de la suela para desprender el barro incrustado. De ahí mi doble deducción de que ha estado a la intemperie con mal tiempo y de que tiene un espécimen particularmente maligno de rajabotas como criada londinense. En cuanto a su actividad profesional, si un caballero entra en mis aposentos oliendo a yodoformo, con una negra mancha de nitrato de plata en el dedo índice de la mano derecha y un bulto en el lado del sombrero de copa donde esconde el estetoscopio, debería ser realmente lerdo para no identificarlo como un miembro activo de la profesión.”

Watson queda sorprendido por las conclusiones acertadas de Holmes. Sin embargo, para cuando tienen lugar los acontecimientos de “Escándalo en Bohemia”, ya han sido muchos los casos en los que ambos han estado envueltos, y parece casi increíble que aún se sienta maravillado por sus deducciones y sobre todo por el proceso mental de Holmes para llegar a ellas. Se lo ha demostrado desde su primera aventura, “Estudio en Escarlata” que es cuando por primera vez se conocen, obra a la que volveremos más adelante.

Holmes además es capaz de sacrificios físicos muy exigentes con el fin de resolver un caso o proteger a su cliente, aun a riesgo de su integridad física. Muchos son los ejemplos que un curioso lector puede encontrar a lo largo de la obra con Holmes, pero por citar alguno, el relato “Escándalo en Bohemia” da una idea de lo que era capaz de hacer.

Porque cada caso, cada aventura de Holmes es un desafío profesional, intelectual y de satisfacción a su propio ego. En ellos aplica sus “métodos” y herramientas, que, analizando en un sentido crítico, se tratan de usar la observación para y recabar detalles casi insignificantes para extraer conclusiones que, en condiciones normales, serían inaceptables en una corte, por carecer de suficiente rigurosidad científica o forense, pues a lo sumo se tratan de indicios que eventualmente pudieran conducir a pruebas concluyentes sobre la culpabilidad.

Al igual que otros detectives notorios de la literatura, de distintos tiempos y generaciones, Holmes tiene el cumplimiento de la Ley como un norte en su conducta profesional, pero no el único. Un sentido personal de la justicia puede prevalecer y darles una nueva oportunidad a personas que, aun infringiendo normas formales, pueden aprender de sus errores para regenerarse y llevar en lo sucesivo, una vida ajustada a una moral elevada.   

En “La aventura del Carbunclo azul”, Holmes justifica su elección de no denunciar a un sujeto que fingió una falsa identidad así:



"(..) la policías no me paga para que cubra sus deficiencias. Si Horner corriera peligro sería otro cantar, pero este tipo no comparecerá para declarar contra él y el proceso no seguirá adelante. Seguro que estoy que indultando a un delincuente, pero es posible que esté salvando un alma."

Jesus Lopez Cegarra

sábado, septiembre 27, 2025

Una lectura seria (Parte II)


En varias ocasiones quise releer las historias de Holmes. Siempre las he recordado como lecturas gratas, capaces de mantenerme en vilo y al ir a dormir, esperar con ansias volver a la mañana siguiente a esas páginas llenas de misterios por resolver, centradas en ese personaje de personalidad magnética y su fiel cronista, el amable Doctor Watson. 

Pero siempre me abstenía de hacerlo, pues luego de muchos años, temía que esas novelas y cuentos tuvieran “fallas estructurales”, o para decirlo de manera más llana “se le vieran las costuras. Con otras obras he tenido sentimientos similares, como sucedió con “Los Tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas, obra a la que también le guardo un cariño especial, porque al igual que Holmes, me llevaron horas del mejor entretenimiento posible. 

Sin embargo, una edición atractiva de la editorial Penguin armada con tres gruesos volúmenes con el título “Todos los casos de Sherlock Holmes” me llenó de curiosidad. En su momento, pensé que había leído todo lo que había del afamado detective, pero encontré que había más, y la curiosidad pudo más que el prejuicio formado en mi mente. En efecto había más material de Holmes del que tenía conocimiento, especialmente en la parte los relatos, porque las novelas de Holmes son cinco: Estudio en Escarlata, El Signo de los cuatro, El Perro de los Baskerville y El Valle del Miedo.



Pero ese prejuicio venía con una razón de por medio. Un amigo que conocí en Caracas cuando me fui a vivir allá, Víctor Manuel Reinoso, era un lector furioso de esos subgéneros de la literatura que yo desconocía entonces y que denominaban “Novela Negra”, estilo literario que en cierta manera se contraponía a obras como las de AC y Holmes, aunque en gran medida, eran la fuente de su origen. 

 “La Novela Negra” se deriva de las novelas policiacas o de detectives, aunque estás están más centradas en la resolución de un misterio, generalmente algún tipo de crimen como podía ser un el “crimen de salón”, en donde la acción sucede en un espacio cerrado, con un grupo pequeño de personas y a través de la mente brillante de un detective, se van estableciendo las causas que cada uno pudo tener con el hecho, para finalmente develar el autor y juega un papel importante la psicología y las motivaciones que las evidencias que condujeran a conocer la identidad del criminal. Agatha Christie es por mucho la exponente más conocida de este género, aunque en lo personal, nunca me gustó, aunque el verdadero precursor es del género Edgar Allan Poe con los “Crímenes de la Calle Morgue”. 

Había también otro tipo de relatos que, aunque busca igualmente resolver el misterio, usa más la deducción, unida a observaciones agudas y aplicación del conocimiento “científico” para con una base más lógica, dar con la respuesta. Acá es donde se mueve nuestro personaje Sherlock Holmes.

La novela negra, por su parte empuja las limitadas fronteras del crimen de esas obras detectivescas a la realidad de la calle. La sociedad aparece más como un conglomerado difuso. Ya no son los aristócratas en una mansión los protagonistas, sino personas de carne y hueso en un entorno más hostil. 

Ya no es extraño enfrentar a un policía o un político corrupto, a algún poderoso, o que los propios detectives héroes se vean también impelidos a cometer algún acto contrario a la ley con el fin de resolver un crimen o preservar la integridad de alguien que es víctima de alguna circunstancia opresiva. El crimen de la novela ya no es un misterio de ajedrez que requiere una unica solución, el crimen es más un elemento de la vida cotidiana, que con frecuencia no termina en la anhelada justicia. En la novela negra, el detective (llámese Phillip Marlowe o Sam Spade) es un elemento clave, también lo podía ser el criminal, y la historia ser contada desde su perspectiva, como el caso de Tom Ripley. 

De este género, los autores que leí con gran placer fueron Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Patricia Highsmith.

Aunque la novela negra pasó por mucho tiempo a ser la lectura que más ocupaba mi tiempo, siempre la relacioné con esas aventuras creadas en lamente de ACD y personificadas por Sherlock Holmes, pero ya esos juegos intelectuales de descubrir el crimen en base a pura especulación deductiva y científica (y hasta pseudo científica) me parecían una etapa superada.

Sin embargo, esta nueva revisita a ACD y Holmes han sido de interés. Se trata de una lectura más madura, aunque ahora abundan por tanto los momentos en que me exasperan un poco esas especulaciones que pueden rayar en lo ridículo, pero también valoro esa capacidad de ACD de mantener al lector fiel a la historia hasta el final, así se sepa de antemano de esas fallas que antes mencionaba.


El valor de un Documental: Raygun Breaking Badly

 Cuando una obra audiovisual es etiquetada como “Documental”, en cierta manera se genera una expectativa de que estamos ante un análisis de ...