Mostrando entradas con la etiqueta Arturo Uslar Pietri. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arturo Uslar Pietri. Mostrar todas las entradas

martes, julio 23, 2019

Ciencia, literatura y Televisión

Siendo un niño y un preadolescente en los ya cada vez más lejanos finales de los años 70-comienzo de los 80, era bastante curioso y temas como la ciencia, especialmente la fauna y la astronomía me apasionaban. Pasaba gran parte del tiempo revisando y devorando lo que encontraba sobre esos temas en algunas enciclopedias que mis padres habían adquirido. 

Curioso para un “milenial” que la búsqueda de información seria y científica se realizaba en textos que siempre estaban desactualizados. Una inversión en estos libracos de pasta dura y pesados solo se hacía con suerte una vez en la vida por su costo. En nuestra casa estaba, entre otras, una enciclopedia que creo era la “Hispánica”. Cuando la usaba para mis deberes escolares, ya tenía una desactualización importante, pues en lo referente a viajes espaciales y la conquista de la Luna, afirmaba de manera optimista que algún día el ser humano llegaría allá. Hoy día, carece de todo sentido práctico acudir a esos textos, más aún cuando en internet se consigue la información de manera inmediata. Y sigue existiendo en versión digital la Enciclopedia Británica que siempre ha sido de gran calidad.

Durante esas clases con los limitados recursos de información que teníamos, era mucho lo que decían los profesores que a la luz de lo que sabemos hoy era obviamente desacertado. Cuando estudiábamos por ejemplo el sistema solar, se nos decía, casi como un dogma, que era algo único, que no había otros en el universo. Igualmente, que la vida era algo excepcional y no la regla. Con respecto a lo primero, se han ido descubriendo de manera acelerada los llamados “exoplanetas”, es decir, planetas fuera del sistema solar, algunos con características que pudieran albergar vida como la conocemos en la Tierra. Sobre la vida en otra parte fuera de nuestro propio planeta, aún no tenemos evidencia, pero existiendo en todo el Universo los materiales para ello, será cuestión de tiempo para que la descubramos. Tal vez esos “dogmas científicos” (valga el oxímoron) eran tácitamente impuestos porque estudiaba en un colegio católico.

Dentro de ese mundo limitado de conocimiento, de vez en cuando se podía encontrar algo maravilloso y enriquecedor. En la televisión pública, lleno de ignorancia, vulgaridades y chabacanería, transmitieron una serie de televisión que me marcó profundamente por su frescura, pero sobre todo, porque transmitía el conocimiento científico, especialmente la astronomía y la evolución del Universo de una manera clara, sencilla y convincente, de las mentes brillantes que permitieron, entre otras hazañas, que el hombre se planteara dejar los confines del planeta para aventurarse en el vecindario que llamamos “Sistema Solar” y soñar con ir más allá a otras estrellas: ese programa se llamaba COSMOS y era dirigido y escrito por una de las mentes más brillantes del siglo XX: Carl Sagan.

Sagan además tenía una gran capacidad telegénica y convincente, con una capacidad de síntesis impresionante, resumiendo en 40 minutos lo más importante del Universo y su mecánica.

La serie no fue entregada completa ni se respetaban los horarios. Había que estar a la caza de su transmisión, que siempre se relegaba a espacios de baja sintonía, hasta que finalmente la sacaron por la puerta de atrás. Tal vez si le hubieran dado un poco más de promoción, el beneficio hubiera para todos: buena televisión, buena sintonía y una sociedad mejor formada. Y la apuesta no era arriesgada: tiempo después, Radio Caracas Televisión retomó la serie dirigida por Arturo Uslar Pietri “Valores Humanos” y la divulgó en horario de alta audiencia y los resultados fueron más que satisfactorios. Es decir, la buena televisión, de calidad, también es requerida por el público.

Lo importante de Sagan (y de Uslar) es que entendieron que no está reñido con la inteligencia ni con la academia apostar por los medios de comunicación masivos para buscar construir una sociedad mejor formada. En Estados Unidos, por ejemplo, hay una serie de comunicadores de la ciencia que han seguido los pasos de Sagan de llevar el conocimiento científico a las masas, con un gran éxito de audiencia y en consecuencia, comercial. Así tenemos a Neil deGrasse Tyson, Brian Greene, Michio Kaku, Bill Nye (quien en los años 90 tuvo un gran éxito en la televisión con programas que buscaban llevar la ciencia a niños y adolescentes). De Gran Bretaña están Brian Cox, e increíblemente (a pesar de las limitaciones físicas), el fallecido Stephen Hawking. 

Todos ellos, al lado de su labor científica y académica, se han aventurado en los medios de comunicación y se han hecho celebridades a lo “Rock Star”, sin importarles el prurito de que el conocimiento sea vendido como un producto equivalente (para un empresario de los medios) a una telenovela o un “Reality Show”, pues el fin, la transmisión del conocimiento, dejará un mejor beneficio a la sociedad que, por decir algo “La Reina del Sur”.

Todos los nombres anteriores también tienen obras de literatura científica que deberían ser libros de cabecera para todos: Brian Greene con “El Universo Elegante”, Michio Kaku con “La física de lo imposible”, Neil DeGrasse Tyson con “Origins” y “Astrophysics for people in a hurry”, Bill Nye con “Undeniable”, Stephen Hawkins con “Una breve historia del tiempo” y “El Universo en una cáscara de nuez”, Brain Cox con “Why does E=MC2.,, por nombrar solo algunos. No es una lista definitiva sino algunas sugerencias.

Hoy en día los viajes espaciales, las complejas teorías como la de la relatividad y mecánica cuántica se entremezclan (a su manera y conveniencia) con la cultura popular, lo que está bien. Para un niño que vea “Advengers: Endgame” podrá soñar primero con sus superhéroes y luego con la complejidad y belleza del Cosmos. 

Jesus Lopez C
egarra

domingo, septiembre 21, 2014

Recordando a Arturo Uslar Pietri




Días atrás escuchaba una entrevista al escritor Mario Vargas Llosa. La periodista le preguntaba por lecturas que podía recomendarle a los estudiantes venezolanos. De la vasta cultura del laureado escritor, muchos libros y autores pudieron ser sugeridos que resultaran provechosos para entender y buscar salidas a la hora menguada que vive el Venezuela actualmente. Sin embargo, la sugerencia de Vargas Llosa, al menos a mí resultó sorprendente: Arturo Uslar Pietri (AUP).

Los elogios de Vargas Llosa hacia AUP eran pertinentes y justos con su obra y su persona. Decía que nunca fue suficientemente reconocido en vida, que era un hombre moderado y creía en el diálogo. Un hombre moderno, pero a la vez profundamente encariñado con la tradición venezolana.

Uslar Pietri fue un hombre del siglo XX, no solo porque lo vivió casi por completo, sino porque su obra (tanto literaria como de ensayo) busca dar una explicación lógica y orgánica a Hispano-América desde que Colón llegó a estas tierras hasta la fecha, aunque no fue su único tema.

Desde muy joven fue atrapado por la pasión literaria y escribió con apenas veintitantos años una obra apasionada, y no por eso inmadura: “Las lanzas coloradas”.  Desde sus primeras páginas nos lleva a uno de los episodios de  la guerra de independencia venezolana, que otro gran intelectual venezolano calificó como una gran guerra civil.

Obviamente Venezuela ocupa un importante lugar en su obra. No solo su (accidentada) historia, sino también el significado y alcance de un hecho que dividió nuestra historia en un antes y un después: La explotación de la riqueza petrolera.

No fue poco lo que AUP dedicó a este tema, especialmente en su afán orientador sobre la mejor manera de utilizar esa nueva riqueza que manaba casi sola del subsuelo. Sus recomendaciones se resumían en una frase que sonó en Venezuela por muchísimos años: “Sembrar el petróleo”.  Algunos decían que esa frase la había sido acuñada por algún otro venezolano meritorio, pero en la realidad, fue AUP quien dedicó buena parte de sus esfuerzos intelectuales en el desarrollo de ese tema.

Su propuesta era sencilla: usar los recursos petroleros para crear una Venezuela productiva y eficiente, apartada del modelo perverso “rentista” de simplemente vivir de la venta del petróleo. Este esquema era aprobado por todos, incluyendo los políticos que le sacaban provecha al esquema. Sin embargo, cuando en la década de los 80 del siglo XX la OPEP fue “puesta de rodillas” y los precios del petróleo bajaron a niveles viles, la Venezuela “próspera” y del dólar barato se vio de pronto arruinada y hundida, con un deseo suicida de autodestrucción y de venganza a cualquier costo, que en 1998 consiguió al elegir para la presidencia de la república de un hombre que no hizo sino repetir con desquiciada demencia el esquema “rentista” que todos criticaban.

Junto con su carrera literaria, también desarrolló una carrera política, que lo llevó en los años del post-gomecismo a ocupar cargos importantes en el alto gobierno. Pero el Golpe de Estado ejecutado por el recién creado partido político “Acción Democrática” y algunos factores militares lo llevaron al exilio y a una “amarga” coexistencia más adelante con quienes derrocaron a un gobierno que la historia ha evaluado como positivo. Sin embargo, AUP es una persona que siempre fue vista ligada al gomecismo y por tanto asociado (para bien…o para mal) con una de las tiranías más cruentas vividas en el subcontinente.

Pero de esa relación nunca escondida con el Benemérito Juan Vicente Gómez, surge más adelante una de las novelas que junto con las de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Augusto Roa Bastos, entro otros, buscan entender el fenómeno del “Dictador Latinoamericano”, personificación siniestra del “Caudillo” de nuestras latitudes.

AUP fue siempre alguien cercano al poder, y todo parecía acercarlo al Palacio de Miraflores, pero el Golpe de Estado en 1945, lo llevó a un exilio, llevando a cuesta la acusación de malversación de fondos de la partida secreta del gobierno. Más adelante, en 1963 es candidato presidencial, obteniendo un buen caudal de votos, pero lejos de ser suficientes para llegar a la presidencia.

AUP tuvo también un acertado acercamiento a la televisión, donde combinó exitosamente su incomparable capacidad telegénica y su enorme cultura, y así llevar a la pantalla, algunos de los grandes temas de la cultura universal y nacional. Por ello también, era frecuente verlo en entrevista en la televisión, criticando las desviaciones que en lo social, económico y político llevaban a cabo los gobiernos de la era democrática posteriores a Pérez Jiménez.   

 En los años 90, en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, se convirtió en la cabeza visible de algo que los medios denominaron “Los Notables”, nombre que le dieron a un grupo de destacados (conocidos) políticos e intelectuales, que criticaban duramente al gobierno de Carlos Andrés Pérez, y que anunciaban que de no haber cambios, un golpe de estado en Venezuela era inevitable.

Incluso, en un programa de televisión, se atrevió al despojar a la palabra “pendejo” de su ruda connotación, al usarla para referirse a los venezolanos honrados que eran burlados por un gobierno que no oía y que actuaba en contra de los intereses del país. A partir de ese momento, se usaba de manera normal en cualquier escenario, en cierta manera para estar igualado con el gran intelectual. Hasta se convocó a una  “Marcha de los Pendejos” para protestar en contra del gobierno.

Con el tiempo, la impresión que se tiene es que esos “Notables” (incluyendo a don AUP) sabían de las intenciones de ciertos factores dentro de las Fuerzas Armadas de intentar un golpe de estado. Y en cierta manera, AUP no hizo una condena contundente a los intentos de golpe del año 1992, pues se refirió a ellos como “atípicos”, pues de alguna manera se alejaban del golpe estilo Pinochet en Chile. Su alegato era que no se dio para establecer una dictadura militar. Para un hombre bien conocedor de las historia, cabe preguntar si las solas declaraciones de los militares golpista es suficiente para decir que era un “Golpe Bueno” o usando el eufemismo de AUP “atípico”. Al parecer, Don AUP nunca pudo superar el golpe “típico” del 18 de octubre de 1945, y eso nubló mucho de su objetividad como historiador y ensayista en 1992.

En mi juventud leí con mucho interés la obra de AUP. Logré aprender mucho de sus libros. Hoy en día, sus libros no están entre mis prioridades para darles una relectura, pero con esto no quiero desanimar a quienes quieran adentrase en su obra. Yo recomendaría  dos: “Godos, insurgentes y visionarios” y “Golpe y Estado en Venezuela”.   Creo que ambos 
dan luces sobre el pensamiento y las intenciones de don AUP.

Jesús López Cegarra

miércoles, marzo 26, 2014

La República de Arepa

-->
La República de Arepa existe. Es un país ubicado en el Mar Caribe, gobernado por un Dictador que no tiene empacho en eliminar los obstáculos para mantenerse en el poder. Las elecciones se aproximan, y su cercano rival aparece misteriosamente sumergido en las aguas del mar y encontrado por unos pescadores.

El crimen causa consternación y desarticula a la oposición. El Dictador tiene todo el poder y carece de escrúpulos.

Un grupo de diputados de la oposición piden retirarse de la sesión de la Asamblea para asistir al funeral del fallecido candidato, y al no haber la agenda ningún punto por discutir. Así se les permite, pero para sorpresa, los diputados del gobierno cambian la agenda  para modificar el artículo de la Constitución que no permitía más de cuatro períodos presidenciales consecutivos, eliminando la limitación para que el Dictador pueda reelegirse las veces que le venga en gana. Conocida esta noticia por el “pueblo”, pasa lo esperado: Le piden que sea el candidato

La alta sociedad apenas se halla resignada. Buscan desesperadamente a algún encumbrado que los proteja de las draconianas leyes expropiatorias con que el gobierno amenaza en aprobar. En este contexto de una oposición sin candidato y sin futuro, deciden buscarse una “outsider” para que sea su candidato.

Pero el elegido, un joven de apellido Cussirat, que vive en el extranjero y llega a Arepa pilotando su propio avión, acepta la candidatura “en principio”.

La noticia del potencial candidato no pasa inadvertida para el Dictador. Por ello se le ocurre lo que todo Dictador suele hacer: proponer un precio alto para que desista en su empeño. Total, en las dictaduras, el patrimonio de la nación es también el patrimonio del tirano combinado con una axioma aplicable a toda persona: “Yo sé que Ud. es P…, lo que quiero saber es el precio”.

Pero el recién llegado, no solo le hace un desaire al Dictador, sino que comienza a urdir un plan para acabar con él.  Acabar con él para siempre, se entiende. Nada de negociaciones ni golpes de Estado.

Pero el Tirano de “Arepa”, como la mayoría de sus colegas, generalmente parecen estar protegidos por fuerzas oscuras que buscan a todo trance que se cumplan designios ocultos. Cuando llegan a la cima, nadie entiende cómo ocurrió, cuando se eternizan en el poder, se le atribuyen fuerzas y cualidades casi sobrehumanas. Nadie se pone a pensar que se trata de psicópatas obsesionados con el poder, y que harían cualquier cosa por aferrarse a él.

El Tirano le lanza a la disminuida oposición algunas propuestas, como la de engavetar la temida Ley de Expropiaciones. Los políticos y clases poderosas respiran aliviados. Claro, esta negociación no es por pura generosidad. A cambio el Tirano será
nombrado “Presidente Eterno”. Ya no más elecciones innecesarias.

Pero hay fuerzas que siguen sus marchas. Hay primer intento de aniquilarlo comienza como una tragedia bufa y termina en tragedia. En el segundo, un poco más serio, se vuelve a salvar, aunque otras vidas.  Cussirat, quien empuñó el arma para acabar con el Tirano, pero falló. Cussirat es ahora perseguido implacablemente, su avión incendiado. Debe esconderse. A esto se agrega que sus antiguos aliados, quienes veían como única esperanza la muerte del Tirano, ahora les preocupa que este atentado perjudique el “precio” que pagaron por ellos.

Pero como decíamos antes, hay fuerzas que siguen sus marchas.

Jorge Ibargüengoitia en su novela “Maten al León” de manera concisa lleva a la vida literaria las vicisitudes de la gran herencia latinoamericana: El caudillo-dictador. Esta obra debe rescatarse del olvido y colocarla con justicia en ese grupo de novelas (“La Fiesta del Chivo” de Vargas Llosa, “Yo el Supremo” de Augusto Roa Bastos, “El Otoño del Patriarca” de Gabriel García Márquez, “Oficio de Difuntos” de Arturo Uslar Pietri ) que han retratado el fenómeno de las Dictaduras en nuestros países.

Jesús López Cegarra 

El valor de un Documental: Raygun Breaking Badly

 Cuando una obra audiovisual es etiquetada como “Documental”, en cierta manera se genera una expectativa de que estamos ante un análisis de ...