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domingo, noviembre 30, 2025

Parte V: El Perro de los Baskerville

De las cuatro novelas que forman el particular universo de Sherlock Holmes, es quizás “El Perro de los Baskerville” la que tiene todos los elementos para ser considerada la mejor. Desde el mismo inicio logra cautivar al lector, quien a lo largo de la narración quiere conocer la explicación racional a esta maldición que ha llevado a la trágica muerte de integrantes de distintas generaciones de esta familia.

La novela comienza con un tono ligeramente humorístico, cuando Holmes reta a Watson a usar el método analítico deductivo y sacar toda la información posible de un bastón que ha sido olvidado por alguien en su residencia. Aunque Watson logra en principio conclusiones bastante acertadas, Holmes lo colma con otras que dejó por fuera, para luego ambos ser sorprendidos por la realidad: ambos tuvieron su cuota de aciertos y errores cuando se presenta el propietario del objeto, el Doctor Mortimer.

El Dr. Mortimer busca los servicios de Holmes para resolver la misteriosa muerte de Charles Baskerville, recientemente acontecida, pero lo que es más intrigante aun, su muerte va unida a una leyenda que relaciona a la familia, al lugar (los páramos de Dartmoor) y a una bestia de proporciones demoníacas. Aunque la muerte de Baskerville se podía atribuir a un paro cardíaco, su rostro de terror cuando fue hallado así lo sugerían, pero el detalle más alarmante eran las enormes huellas de un canino.

Quien sería el último descendiente de los Baskerville, Henry, visita también a Holmes en busca de ayuda. Pero su llegada va también generando eventos cuya conexión, desaparecen sus botas, los están espiando y hasta alguien se hace pasar por Holmes den este juego de persecuciones. Estos extraños acontecimientos le hacen concluir a Holmes que está frente a un adversario que está a su altura. El desarrollo de los hechos demuestran que efectivamente el rival es una persona en extremo calculadora, sin ningun tipo de restriccion moral y dispuesto a cualquier cosa para lograr sus objetivos.

La novela logra mantener la tensión en una atmósfera entre lo paranormal (que en momentos se impone y hasta el mismo Dr. Mortimer parece darle crédito y la racionalidad, representada por Holmes y Watson. El grave aullido de una bestia logra perturbar aún más la desolada quietud de los páramos. La maldición de los Baskerville es la explicación más plausible entre tanto misterio.

Desde el punto de vista narrativo, es Watson quien va narrando los hechos, quien, a instancia de Holmes, se muda a la mansión de los Baskerville para proteger a Sir Henry. Holmes permanece en Londres para atender algunos asuntos que requieren su presencia. Es solo s través de la experiencia de Watson que vamos conociendo los detalles del enigma que pudiera terminar con la vida de Baskerville. Quienquiera que sea el potencial asesino usa recursos y actúa con habilidad que pueden romper el precario equilibrio. Holmes, quien se incorpora en la investigación de manera imprevista está consciente que cualquier error puede dar al traste con la misma, y peor aún, acabar con la vida de un inocente.

 Jesus A. Lopez Cegarra

sábado, septiembre 27, 2025

Una lectura seria (Parte II)


En varias ocasiones quise releer las historias de Holmes. Siempre las he recordado como lecturas gratas, capaces de mantenerme en vilo y al ir a dormir, esperar con ansias volver a la mañana siguiente a esas páginas llenas de misterios por resolver, centradas en ese personaje de personalidad magnética y su fiel cronista, el amable Doctor Watson. 

Pero siempre me abstenía de hacerlo, pues luego de muchos años, temía que esas novelas y cuentos tuvieran “fallas estructurales”, o para decirlo de manera más llana “se le vieran las costuras. Con otras obras he tenido sentimientos similares, como sucedió con “Los Tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas, obra a la que también le guardo un cariño especial, porque al igual que Holmes, me llevaron horas del mejor entretenimiento posible. 

Sin embargo, una edición atractiva de la editorial Penguin armada con tres gruesos volúmenes con el título “Todos los casos de Sherlock Holmes” me llenó de curiosidad. En su momento, pensé que había leído todo lo que había del afamado detective, pero encontré que había más, y la curiosidad pudo más que el prejuicio formado en mi mente. En efecto había más material de Holmes del que tenía conocimiento, especialmente en la parte los relatos, porque las novelas de Holmes son cinco: Estudio en Escarlata, El Signo de los cuatro, El Perro de los Baskerville y El Valle del Miedo.



Pero ese prejuicio venía con una razón de por medio. Un amigo que conocí en Caracas cuando me fui a vivir allá, Víctor Manuel Reinoso, era un lector furioso de esos subgéneros de la literatura que yo desconocía entonces y que denominaban “Novela Negra”, estilo literario que en cierta manera se contraponía a obras como las de AC y Holmes, aunque en gran medida, eran la fuente de su origen. 

 “La Novela Negra” se deriva de las novelas policiacas o de detectives, aunque estás están más centradas en la resolución de un misterio, generalmente algún tipo de crimen como podía ser un el “crimen de salón”, en donde la acción sucede en un espacio cerrado, con un grupo pequeño de personas y a través de la mente brillante de un detective, se van estableciendo las causas que cada uno pudo tener con el hecho, para finalmente develar el autor y juega un papel importante la psicología y las motivaciones que las evidencias que condujeran a conocer la identidad del criminal. Agatha Christie es por mucho la exponente más conocida de este género, aunque en lo personal, nunca me gustó, aunque el verdadero precursor es del género Edgar Allan Poe con los “Crímenes de la Calle Morgue”. 

Había también otro tipo de relatos que, aunque busca igualmente resolver el misterio, usa más la deducción, unida a observaciones agudas y aplicación del conocimiento “científico” para con una base más lógica, dar con la respuesta. Acá es donde se mueve nuestro personaje Sherlock Holmes.

La novela negra, por su parte empuja las limitadas fronteras del crimen de esas obras detectivescas a la realidad de la calle. La sociedad aparece más como un conglomerado difuso. Ya no son los aristócratas en una mansión los protagonistas, sino personas de carne y hueso en un entorno más hostil. 

Ya no es extraño enfrentar a un policía o un político corrupto, a algún poderoso, o que los propios detectives héroes se vean también impelidos a cometer algún acto contrario a la ley con el fin de resolver un crimen o preservar la integridad de alguien que es víctima de alguna circunstancia opresiva. El crimen de la novela ya no es un misterio de ajedrez que requiere una unica solución, el crimen es más un elemento de la vida cotidiana, que con frecuencia no termina en la anhelada justicia. En la novela negra, el detective (llámese Phillip Marlowe o Sam Spade) es un elemento clave, también lo podía ser el criminal, y la historia ser contada desde su perspectiva, como el caso de Tom Ripley. 

De este género, los autores que leí con gran placer fueron Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Patricia Highsmith.

Aunque la novela negra pasó por mucho tiempo a ser la lectura que más ocupaba mi tiempo, siempre la relacioné con esas aventuras creadas en lamente de ACD y personificadas por Sherlock Holmes, pero ya esos juegos intelectuales de descubrir el crimen en base a pura especulación deductiva y científica (y hasta pseudo científica) me parecían una etapa superada.

Sin embargo, esta nueva revisita a ACD y Holmes han sido de interés. Se trata de una lectura más madura, aunque ahora abundan por tanto los momentos en que me exasperan un poco esas especulaciones que pueden rayar en lo ridículo, pero también valoro esa capacidad de ACD de mantener al lector fiel a la historia hasta el final, así se sepa de antemano de esas fallas que antes mencionaba.


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