domingo, julio 07, 2019

Venezuela: Ideas para regenerar un país fallido (II)

II. El pasado como promesa de cambio:

Hugo Chávez, desde su aparición en el escenario público, se va convirtiendo en una figura que no representa el futuro, sino que insiste en el pasado. Primero con la leyenda de la “Gran Colombia” como cúspide de una “Era de Oro” y cumbre de la obra El Libertador Simón Bolívar, luego destruida por los intereses particulares, falta de visión y egoístas de un grupo de “políticos” (¿colombianos?), que de alguna manera son la continuación de los que gobernaron durante el siglo XX, incluyendo obviamente, los años de la democracia (1959-1999).

Esa leyenda “gran colombina” establece que los venezolanos somos una especie de “pueblo elegido” que, aunque traicionamos inicialmente esa herencia, aún hay tiempo para redimirnos y retomar la ruta de la grandeza.

Pero todas esas ideas y propuestas no son más que Leyendas y fantasías impracticables como tales hoy día. Aunque el ejército venezolano usa el lema “forjador de libertades”, la verdad es que el ejército profesionalizado sería una creación de uno de los personajes históricos más denostados por Chávez: Juan Vicente Gómez. Tampoco hay que perder de vista que, en su momento, esos hombres armados guiados por Bolívar más allá de lo que hoy representa Venezuela y Colombia, eran tipos bastante incómodos y más bien vistos como invasores.

La Gran Colombia era solo posible bajo condiciones complicadas, incluyendo el uso de la fuerza y bajo una fuerte dictadura. Fue un sueño que tenía sus ventajas, pero no factibilidad política y social.
En lo “ideológico”, Chávez también invocaba a dos figuras históricas de desconocida obra. Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. El primero es conocido por haber sido maestro de Bolívar y guía de los años de este en Europa. Hay una colección de escritos suyos que fueron recogidos en un libro titulado “Inventamos o erramos” en donde maneja algunas ideas sobre educación. Zamora por su lado es un personaje histórico bastante oscuro, que alguno historiadores y escritores venezolanos han querido elevar a la categoría de héroe (ver el libro de José León Tapia “Por aquí pasó Zamora”), aunque puesto en su verdadera dimensión por el historiador Adolfo Rodríguez, “Ezequiel Zamora”.

También se quiso reivindicar a otro controvertido “héroe”: al dictador Cipriano Castro, un personaje bastante reñido con la civilidad y el buen gobierno. Colocarlo como figura de este “Panteón” chavista fue para presentarlo como figura contra la lucha antiimperialista (no se inmoló ante las presiones de ciertas potencias europeas que querían cobrar viejas deudas de la República y terminó cediendo) sino que fue precisamente EEUU quien frenó un potencial conflicto armado que pudiera haber desmembrado o destruido a Venezuela como país.

Pero Chávez también supo aprovechar una preocupación legítima de los venezolanos: la corrupción administrativa. Pero no encontrando formas de evitar que se produzca, como una mayor transparencia en el ejercicio del poder, sino en su función de “sheriff” vengador, friendo la cabeza de sus enemigos. No hay que olvidar que antes de Chávez e incluso hoy día, existe en el inconsciente colectivo la fantasía de que debe llegar un militar y poner orden al caos, remedio a los abusos, fin al robo de los recursos. Ese “militar ideal” lo representó Chávez en su momento y por ello un buen número de votos logrados fue en función de ello.

Otro “cambio” prometido por Chávez fue el de una nueva constitución ajustado. Su parcialidad política partía del supuesto que los males de la República comenzaban por una constitución que imposibilitaba los cambios y generaba más desigualdad. Se dejaba por fuera el sistema rentista que hacía depender la economía de todo un país de un solo producto cuya explotación está en manos del Estado exclusivamente, y de cómo la clase política en los últimos 100 años ha usado el petróleo como herramienta para lograr sus objetivos de mantenerse en el poder.

Las constituciones como quimera han estado presente en Venezuela desde sus inicios como República y cada proponente (el gobernante de turno) trataba de convertirla en una camisa de fuerza al país y a los contrarios políticos, pues contenía disposiciones de su inviolabilidad e imposibilidad de modificación, hechas de tal forma que garantizaban su permanencia en el poder, y como una manera de conjurar que los de otra parcialidad política quisieran reformarla si alcanzaban el poder. La realidad es que la colección de “cartas magnas” es larga e incluso Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez coleccionaron ocho de ellas.


Por tanto, todo lo que propuso Chávez fue una colección de ideas vetustas que no correspondían con la necesidad de modernización de la economía y del Estado que requería el país. Solo los altos precios del petróleo pudieron sostener un esquema de gobierno populista, dispuesto a regalar todo por razones políticas, sin crear nuevos empleos (solo algunos burocráticos), acosando a la empresa privada, en medio de nacionalizaciones que terminaron quebradas o apenas funcionando. Es decir, acentuando el modelo rentista demostradamente fracasado y que tiene a Venezuela aún al margen de la modernidad.

viernes, junio 07, 2019

Venezuela: Ideas para regenerar un país fallido


I.                    Identificando quién es quién.

En este conflicto venezolano que se puede remontar a 1999, otros a 1992 y hasta 1983, dependiendo de las circunstancias que envuelven a cada uno de esos años, son muchos y complejos los factores que habría que considerar para tratar de llegar a una solución más o menos aceptable por las partes en conflicto.

Aunque parezca ocioso, hay que definir quiénes son esas partes. En principio podemos entender que por un lado está eso que llaman “Chavismo”, un movimiento político (y sus seguidores), sin una ideología definida ni estructurada, que se dice de izquierda, aunque con elementos de otras corrientes, incluyendo el fascismo.

El líder de eso que llamamos “chavismo” es el fallecido teniente coronel Hugo Chávez. Si bien Chávez reivindicaba como fundamento teórico de su movimiento las ideas de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, igual le fue añadiendo parches de otros pensamientos, sin ningún orden ni armonía. El propio Chávez acudía también al marxismo (a un marxismo digerido, porque el propio Chávez decía no haber leído a Marx) y hasta hizo suya la llamada “Tercera vía”. Después de la muerte de Chávez, la sucesión recayó sobre un personaje oscuro, desconocido, sin mucha formación, de quien siquiera se tiene certeza de su nacionalidad y cuya única carta de presentación es haber sido guardaespaldas y adlátere de Chávez: Nicolás Maduro.

A esto hay que agregarle la cúpula político-civil-militar que han gobernado durante este tiempo con el apoyo importante de las Fuerzas Armadas. En Venezuela, la experiencia lo ha demostrado, lo gobiernos se sostienen en gran medida si las FFAA le proporcionan apoyo.

Del otro lado estamos quienes nos oponemos a este modelo demostradamente fallido que ha llevado a Venezuela a un atraso económico y social no visto en los últimos. De este lado no hay una ideología o un fin claro en cuanto a lo que queremos. Por ahora lo que da cierta unidad a esa masa que pasa del 80 % de país, es que sabemos que Nicolás Maduro es un gobernante mediocre y vesánico. Pero cada sector tiene un interés particular. Los de la clase media son distintos a los de las clases populares. Adicionalmente hay un divorcio entre la clase política de oposición y los demás miembros de la sociedad. La percepción es que cada “líder” tiene su “agenda” por lo que cada cual actúa para favorecer sus intereses.

Pero en este drama no estamos solos. La “Comunidad Internacional” ha jugado y juega un papel de relevancia en lo que ha sucedido y sucede en Venezuela. Primero cuando se desentendieron de las claras manifestaciones de autoritarismo e irrespeto del Estado de Derecho. El dinero de los petrodólares funcionó (y aún funciona como reflejo condicionado) para darle apoyo al gobierno de Venezuela en el contexto mundial. Chávez buscó también apoyo de países que adversaban en primera instancia a los Estados Unidos, pero que en la intimidad están reñidos con los valores de la libertad. Se hizo amigo de déspotas y tiranos que compartían su visión y su ambición de poder.

Al apreciar estos elementos de la realidad se entiende en cierta medida las dimensiones del drama por el que atraviesa Venezuela desde hace años. Sin embargo, es necesario hacer una anatomía completa de estos factores para intentar dar una salida que no sea la desintegración del país o una guerra civil.


Jesus Lopez Cegarra

jueves, abril 11, 2019

Nuestros tiranuelos y las redes sociales

Una amiga me reclamaba lo que ella identificaba como “comentarios chavistas” de mi parte. Todo porque le hacía saber que en este conflicto difícil que tiene lugar en Venezuela, luce poco probable una salida que sea en interés del país y de la mayoría que se ve oprimida por una tiranía insana. 

A esta amiga le enviaba un mensaje diciéndole que me extrañaba que no me enviara información sobre la situación venezolana. Ella es del tipo de personas que recibe y envía gran cantidad de información, mucha de ella difícil o imposible de corroborar o verificar. Pero bueno, a veces (a veces) se puede fantasear con las especulaciones que van en línea con nuestros deseos. Pero la mayoría de estas no se corresponden con la realidad.

Con las “redes sociales” aparecen muchos “opinadores”, mucha “gente informada” que hablando en un tono y lenguaje más o menos críptico, “saben” lo que está pasando, o explican por qué no pasó algo. De esos opinadores, no recuerdo alguno que me haya impresionado. En esta hora menguada de Venezuela, creo que la acción necesaria es organizarse más, especialmente para enfrentar a los paramilitares pro-gobierno, así que cualquier orientación en ese sentido es más útil para un país desesperado.

Volviendo a mi amiga, ella unilateralmente decidió excluirme porque mis comentarios “chavistas” le molestaban. Esos comentarios iban orientados en el sentido de que Venezuela experimenta una situación compleja, donde países antidemocráticos y con intereses muy particulares están interviniendo, y ese factor impide una solución pacífica. Mi amiga consideraba que yo soy de los pesimistas de oficio y que ya todo es cuestión de tiempo, porque ya hay un consenso de que el estado venezolano es un estado forajido que debe ser sustituido lo más pronto posible. Ojalá sea así, pero yo insisto en mi cantaleta: Hay que organizarse y las redes son una herramienta para ello. 

Por otra parte, con estas nuevas tecnologías de información, redes sociales, etc., nos acostumbramos a enviar y recibir información sin apreciarla o asumirla “a beneficio de inventario” como dicen los abogados. Tal vez olvidamos que no todo contenido está dirigido a un público general y no manejamos las sensibilidades o criterios que del interlocutor.

Estuve revisando ese chat de WhatsApp que generó tanto disgusto. No vi (desde mi perspectiva) nada ofensivo ni “chavista”. Tal vez uno que otro comentario dudando si tal o cual estrategia tendrán algún resultado práctico. No todas las acciones dan el resultado esperado, pero es preferible hacer algo que estar esperando pasivamente.

Sin embargo, ante la hora difícil de Venezuela, creo que las autocríticas destructivas deben dejarse para otra ocasión o al menos pensar bien si habrá algún beneficio para la causa mayor por la que se lucha. Pululan en las redes sociales y en las poltronas de programas de televisión personajes que se dicen contrarios al chavismo, pero que hacen las más ásperas críticas a la oposición, tratando de exhibir una pureza antichavista en el ADN. Para estos personajillos, todos en la oposición huelen mal, excepto unos “puros” que nadie conoce ni se sabe dónde están, y los pocos que se sospecha que son, no aguantan una elección primaria o de cualquier otro tipo. 

Venezuela es un país en dificultades. Graves. Secuestrado por unos pillos, unos rufianes. Son ellos el enemigo. Nuestros opositores radicales de poltrona (que no son muchos, pero hacen ruido) prefieren limpiar la casa de impurezas sin haber botado a los indeseables que se adueñaron sin permiso de todo. 

Jesus Lopez Cegarra

viernes, febrero 08, 2019

Relectura de Julio Cortázar (1914-1984)

Poco antes de abandonar mi país por un tiempo, estaba indeciso qué hacer con los libros que he acumulado durante décadas. Mi esposa era de la opinión de donarlos todos a alguna biblioteca. La idea no me hacía feliz, porque que todos esos libros que fui adquiriendo (descontando aquellos que “presté” y que ya sabía que no regresarían) lo fueron por alguna curiosidad o necesidad intelectual. Que terminaran apilados en algún sitio sin que algún lector curioso supiera que estaban allí era simplemente inaceptable.

En ese proceso abrí una cuenta en “Instagram” y decidí ponerlos a la venta. A precios más que razonables. Pensé que, si alguien hacía algún esfuerzo en adquirir alguno de ellos en particular, esto me hacía sentir que ese libro había encontrado un destino y un propósito. Después me enteré que como los ofrecía a un precio muy bajo, otros lo compraban para revenderlo, lo cual en el fondo no me molestaba, pues “indirectamente” se estaba sirviendo el mismo propósito.

Entre los que desenterré estaban libros de cuentos de Julio Cortázar. Algunos ya leídos, otros pendientes. A pesar de que había pasado mucho tiempo sin leerle, me daba cierta curiosidad volver puntualmente a algunos de sus textos. Cortázar es sobre todo un escritor de cuentos. Unos cuantos son pequeñas obras de arte. Con
algunos de ellos me relacionaba por muy variadas razones, por ejemplo, con “El Perseguidor”, “La continuidad de los parques”, “Grafitti” y especialmente con “Casa Tomada”. Pero el estilo algo áspero de Cortázar en ocasiones hace difícil seguirlo, aunque generalmente lo hacía (y lo hago) porque se presentan casos en que nos puede dar una sorpresa, como, por ejemplo, un inesperado viaje en el tiempo.

Cuando era un joven lector, me ocurría algo con Cortázar: Era un escritor de “moda” (quería decir de culto, pero prefiero de moda) para ciertos grupitos intelectuales y pseudointelectuales con quienes en ocasiones me relacionaba. Entonces, quería leerlo, pero para encontrar sus méritos como escritor y no por la influencia de la moda y o por estar en boga. Me asqueaba todo ese uso del mundo cortaziano para aparentar una especie de superioridad intelectual. Expresiones como Cronopio, Cronopio mayor para referirse a Cortázar me eran simplemente detestables. (Algo parecido ocurría con García Márquez. Había gente que usaba los títulos de sus cuentos o novelas para darse un aire de intelectual y parafraseaban cosas como “El presidente no tiene quien le escriba”, “El gobernador en su laberinto” …)

Su novela “Los Premios” es tal vez la que más me gusta. Combina acción, misterio detectivesco, esoterismos y psicología, sin dejar de ser una obra con las características de lo “Cortaziano”: Lo metafísico, lo fantástico enmarañado con lo cotidiano y sobre todo, una obsesión con el papel del lector en la lectura. No en vano más adelante hablaba del “lector hembra” (Pasivo) y del “lector Macho” (participativo y cómplice). Obviamente las feministas les desagradaba esta nomenclatura y el propio Cortázar tuvo que salir en su defensa.

En este proceso de redescubrimiento de Cortázar, estuve releyendo “Rayuela”. Unas décadas atrás la leí afiebrado. Ese mundo parisino con gente que se reunía a escuchar música (Jazz) y para discusiones intrascendentes sobre libros y pintores en medio de una historia de amor truncada y la tragedia me fascinaba y parecía una vida que quería imitar o emular. Hoy, con unos años encima tengo una apreciación distinta de la novela.

Pero esta segunda lectura fue un poco más lenta y llena de obstáculos. La fascinación que alguna vez me produjo ya no estaba allí, excepto en ciertos episodios con sus amigos pseudointelectuales con quienes el protagonista, Horacio Oliveira, tenía sostenía largas cacharas sobre todo y sobre nada. Eran una serie de tipos pretenciosos de quienes no saldría nada, pero disfrutaban la acumulación de tonterías intelectuales que con las que discurseaban a los demás, mientras miraban de soslayo a la Maga, una mujer normal y poco formada, que no entendía esas arengas “elevadas” pero no por eso dejaba de tener cierto encanto.

Otros pasajes como el concierto de Berthe Trepat o el de la muerte de Roncamadour están realmente logrados y son literariamente sublimes, con cargas de humor en ocasiones y de comprensión de los peores episodios de la naturaleza humana, que en sí mismos casi justifican leer las más de 500 páginas de la novela. Pero también hay momentos en que se siente que mucho de lo incluido es relleno o textos incoherentes que realmente no aportan mucho a la novela.

¿Es Rayuela una obra maestra? ¿Soportará el paso del tiempo? No sé y lo dificulto. Creo que la esencia de la novela ha envejecido y no veo forma cómo futuras generaciones se puedan conectar con una forma de ser y de vivir de un pequeño grupo de amigos intrascendentes. No es una obra que capture la esencia de un lugar y de un tiempo. Y esto no lo digo con alegría, porque Cortázar forma parte de las lecturas que en lo personal atesoro con mucho cariño.

jueves, enero 31, 2019

Beisbol y tiranía

El beisbol es el pasatiempo preferido de los venezolanos desde hace décadas. Hay una liga profesional (LVBP)y hay unos cuantos venezolanos jugando en las “Grandes Ligas” (MLB) del beisbol de los Estados Unidos. Cuando había dinero de sobra en el país, se trajeron jugadores que luego marcarían récords en la MLB, como Pete Rose o incluso llegarían al “Salón de la Fama”, como Greg Maddux.


En la LVBP hay de momento ocho equipos, pero dos destacan (Navegantes del Magallanes de Valencia y Leones del Caracas), pues son los que más seguidores tienen. Los juegos entre estos equipos son objeto de comentarios, burlas, análisis por parte de propios y ajenos. Los medios los llaman “Los Eternos Rivales”, como si de batallas épicas se tratara.

Por mi parte y por algún tiempo, era seguidor tanto de la MLB como de la LVBP, siendo mis equipos respectivamente los Yankees y Magallanes. Pero perdí el interés por el deporte hace mucho. Apenas si le doy seguimiento al Mundial de Fútbol, que por momentos acapara mi atención cada cuatro años. Esta desgana por el deporte no es producto de algún conflicto moral o ético. Simplemente ya no es objeto de mi interés. Solo algún resquemor me causa ver cómo las dictaduras de izquierda (incluyendo Cuba y Venezuela) tratan de sacar partido de ciertos “éxitos” en el deporte como prueba irrefutable del falso progreso y pretendida inclusión social que esos regímenes alcanzan, cuando en realidad lo que hacen es tomar a alguien con cierto talento, darle dinero y ciertas ventajas, para luego explotar públicamente los “logros”.

Incluso en el beisbol, la dictadura chavista-madurista ha buscado adjudicarse los logros de los jugadores destacados como si fueran fruto de su cosecha, cuando toda la estructura del béisbol profesional antecede a cualquier pretendido logro de su parte en la materia

Pero el béisbol venezolano cayó en la trampa.

Venezuela está pasando por una de las crisis más agudas en más de cien años y el béisbol venezolano no ha sido ajeno a esto, pero por las razones equivocadas. Aun cuando el gobierno tiene una crisis de liquidez importante, ha sido generoso en desviar dólares para la LVBP y esta lo ha recibido sin rubor alguno, aun cuando toda su directiva e integrantes deben estar conscientes de que ese dinero pudo haber tenido un mejor uso, para paliar la terrible crisis económica. Este béisbol traicionero, conociendo las penurias de su gente usa esos dólares para organizar un espectáculo en la Venezuela del hambre, la miseria, la corrupción y la violencia.

Así que con el béisbol ha pasado lo que también sucedió con gran parte de la sociedad venezolana en estos últimos veinte años: para el chavismo consolidarse en el poder precisaba corromper a los suyos y los adversarios. Y la manera fácil de hacerlo fue usar el dinero de la producción y venta del petróleo para comprar y domesticar consciencias. 

Y esa corrupción instigada y promovida desde el poder, usando el dinero del petróleo, ha sido la forma más fácil de limitar y reducir la libertad de un país y de su gente.

domingo, diciembre 23, 2018

El poder y la fortuna


Mis padres eran profesores universitarios en una Universidad pública, hoy en día retirados.  En su momento, durante casi toda su vida profesional, eso permitió que viviéramos holgadamente, nos educáramos y hasta tuviéramos tiempo para el ocio. La docencia no da para ser millonarios, pero permitía una vida sin sobresaltos.

En mis aspiraciones de vida, no está en convertirme en un hombre de fortuna. ¿Falta de ambiciones? ¿Falta de talento? Quizá. Pero llevo una existencia con tranquilidad, que me otorga cierto tiempo para leer, ver alguna película de vez en cuando, viajar de vacaciones, momentos de soledad, alguna reunión con amigos, almuerzos en restaurantes, garantizar una buena educación a los hijos y tal vez un corto etcétera.

Todo lo anterior es sólo para plantear una interrogante. ¿Ser Millonario (o Billonario) requiere alguna cualidad especial? Al parecer, sí y no. Entre los millonarios famosos tenemos a personas como Bill Gates o Steve Jobs, cada uno creando empresas y ofreciendo productos al público que generaron cambios importantes en la manera de hacer las cosas en la sociedad moderna. O tipos como Warren Buffett, que parecieran tener un instinto afinado para hacer buenos negocios.

Pero hay otros que no obtienen sus recursos entrando al mercado con algún producto innovador como Windows o IPhone. Están aquellos que su fortuna depende de la cercanía al poder político y que se convierten en una Oligarquía. En la Rusia contemporánea hay varios ejemplos notables (algunos en la cárcel cuando pierden el favor del líder), y en Venezuela hasta se ha acuñado una palabra que resume la idea de dinero mal habido: “Boligarquía”, o sea, los nuevos ricos que germinaron con la llamada “Revolución Bolivariana”. ¿Hay alguna característica común entre un Jobs y un Oligarca? Pues solo contar con una abultada cuenta bancaria. Pero allí terminan las coincidencias, pues uno genera algo para la sociedad y el otro sustrae algo para su beneficio.

Algunos llegan al poder por la vía electoral, regional, (gobernadores, alcaldes) y otros al poder central, como Mauricio Macri en Argentina, o son nombrados ministros o asesores. La mayoría de los que son electos por voto popular, por lo que he observado, llegan usando el discurso de la anti política, cuando el esquema de partidos tradicionales se agota y la decepción de los electores los lleva elegir opciones distintas que basan su discurso en la renovación radical de la forma de hacer política.

No es extraño que alguno de estos millonarios se sienta atraído por la política. ¿Es un acto desinteresado o es una movida lógica, ¿o lo considera un derecho “natural” derivado de su éxito económico? Tal vez crean que el poder político forma parte de su derecho natural.

Para ser político, una cierta dosis de ambición de poder es necesaria y para ello es obligatorio entrar en una competencia bastante feroz, someterse a tareas que pueden ser molestas para personas con una moral sensible, estar bajo el escrutinio público de manera permanente, no contar con tiempo libre en el sentido convencional del término y debe ser inmune a la crítica. A cualquier crítica. ¿Puede un Millonario hacer un buen gobierno? Puede que sí, puede que no. Creo que en parte dependerá de sus cualidades personales y profesionales y no de su posición económica. En “Ensayos” de Michel de Montaigne leí un pasaje que creo relevante para estas reflexiones: [Platón] dice que la riqueza, lejos de ser ciega, es clarividente cuando va llena de prudencia”, aunque la opinión de Montaigne, expresada unas líneas antes es: “A mi parecer, todo hombre de peculio es avaro.”



Jesús López Cegarra

martes, noviembre 06, 2018

Sobre Juan Nuño (1927-1995)

De Juan Nuño, filósofo nacido en Madrid, fallecido en Caracas en 1995 recuerdo especialmente sus artículos de opinión que publicaba en el diario “El Nacional”. Tenía una capacidad bien suya de generar polémica, especialmente entre sus enemigos declarados, la izquierda política filocomunista.

Conocí al profesor Nuño en algún momento de comienzo de los años 90. Fue a Mérida a dar una charla sobre Freud, quien curiosamente estaba de moda entonces (incluso yo me leí gran parte de su obra). La charla fue en el Colegio de Médicos, creo recordar, y Nuño, quien era un crítico implacable de Freud y lo comparaba con otras doctrinas totalitarias como el “Marxismo”. Sus posiciones, como casi siempre no pasaron sin cierta polémica, y un profesor de la Universidad, tal vez exaltado por alguna bebida espirituosa, le respondió ásperamente, lo cual agregó más colorido a la charla.

Uno de mis amigos, Alirio Pérez Lo Presti, aprovechó un momento para hablar con Nuño y pedirle una entrevista para el día siguiente, lo que Nuño gustosamente aceptó. Y así fuimos el otro día a buscarlo Alirio, Daniel Márquez, mi hermana Rosanna y yo al hotel donde se alojaba, el “Caribay”. Nos fuimos a un parque que queda una cuadra más allá y nos sentamos cómodamente en algún banco. Mérida era algo bastante distinta a la de hoy en día y se podía estar en estos espacios abiertos sin mayor temor a alguna manifestación del hampa.

El profesor Nuño se le notaba algo “paranoico” pero le explicamos las bondades de la ciudad de Mérida. Era muy improbable que nos ocurriera algo, cosa que a Nuño lo sorprendió bastante, viniendo de una ciudad tan compleja como Caracas.

Lo mejor de todo fue la conversación. Discutimos de muchos temas: Freud, Kafka, el tema judío, el marxismo, Borges, la literatura, libros, etc. También hablamos de la situación de Venezuela, siempre complicada y difícil. Fue un intercambio de ideas muy agradable y enriquecedor, quisiera creer que para todos. Nuño era un buen conversador, pero era también un buen oyente. Escuchaba nuestros planteamientos e inquietudes con igual interés. Nuño, en persona era muy distinto de sus artículos de prensa, escritos bajo otras premisas y condiciones y con un tono siempre invitando a la polémica.

Lamentablemente entonces los medios para comunicarse y mantenerse en contacto eran muy limitados y no logramos mantener algún tipo de comunicación con el profesor Nuño, aunque siempre estábamos pendientes de sus artículos y sus libros. Uno de ellos fue “La Veneración de las astucias”, que incluía varios excelentes ensayos, especialmente sobre Jean Paul Sartre, Henry Miller, José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno. Nos sorprendía por un lado su absoluta veneración a Unamuno, pero también su despiadado análisis de Ortega y su obra, y lo consideraba un buen “filósofo de café” (Creo que sus ataques a Ortega eran injustos, porque Ortega, además de ser un gran escritor, poseía una capacidad de entender la dinámica social y sacar conclusiones y predicciones muy válidas, como lo hizo en “La Rebelión de las masas”. Pero esto ya es tema de otra discusión).

Cuando los intentos de golpe de estado de 1992, Nuño mantuvo una posición muy firme contra las aventuras militares golpistas, que a la luz de la experiencia resultaron nefastas para Venezuela. Con ocasión de la postura de Nuño, mi amigo Daniel Márquez escribió una carta que fue publicada en el Diario El Nacional, titulada “Bravo Profesor Nuño”. No hay que olvidar que algunos “intelectuales” y medios de comunicación (incluyendo a El Nacional) simpatizaban con los militares golpistas.
Una de las grandes pasiones de Nuño fue el cine y lo demostró con un libro: “200 horas en la oscuridad”. Es la recopilación de crónicas escritas casi al momento de las películas que iba viendo. 


Es una buena referencia para conocer películas y tener su visión crítica y experta, pero de una forma amena. Es una obra a la que siempre se puede volver para encontrar nuevas posibilidades de lo que hay que ver y no hay que ver y disfrutar de sus comentarios y visiones del tema.

Lamentablemente el profesor Nuño murió relativamente joven. 68 años. Una vida un poco más larga no hubiera proporcionado su clara visión de lo que vendría después, y hubiéramos tenido de nuestro lado un aliado de primera en la lucha contra el primitivismo de eso que vino a partir de 1998.

Jesus Lopez Cegarra

martes, octubre 16, 2018

Notas sobre “La Inmortalidad”. Milán Kundera (1929)


La novela-ensayo del checo Milan Kundera “La Inmortalidad” es una invitación a reflexionar la trascendencia temporal del hombre.

Hay seres cuya inmortalidad es indiscutible. Estos son los que pertenecen a lo que Kundera la llama la “Gran inmortalidad”. Esta esencialmente consiste en el recuerdo del hombre en la mente de aquellos que no conoció personalmente. De ella son ejemplo Goethe, Beethoven y Napoleón. Esta contrasta con la “pequeña inmortalidad”, la cual se limita al recuerdo del hombre en la mente de quienes lo conocieron. Pero también existe otro tipo de inmortalidad, una a la que ninguno de nosotros quisiera pertenecer: la “Inmortalidad Ridícula”.



Kundera nos presenta cuatro ejemplos de esta última. Christiane, la mujer de Goethe, en una discusión Bettina Brentano, fue llamada por esta (en ese momento y para la eternidad) morcilla gorda que muerde. Jimmy Carter invita a los medios de comunicación para demostrar la fortaleza y la juventud del presidente del gran imperio. Sin embargo, sufre un ligero ataque al corazón y allí están las cámaras de la televisión que “…en lugar de un atleta pletórico de salud, tuvieron que exhibir a un hombre envejecido que tiene mala suerte...”.  Tycho Brahe, un gran astrónomo, quien, por razones de pudor, se le estalló la vejiga en una cena de gala, y el novelista Robert Musil, quien murió levantando pesas, injusto destino para esto dos últimos que al menos dejaron una obra trascendente.

Jesus Lopez Cegarra

viernes, septiembre 14, 2018

Venezuela: Libertad o tiranía

Decir que Venezuela vive una “hora menguada”, en el sentido que el da el Diccionario de la Real Lengua “Tiempo fatal o desgraciado en que sucede un daño o no se logra lo que se desea” es abundar sobre un hecho notorio. Es un tiempo fatal donde ambas premisas de la definición ocurren, un daño y no lograr lo que se desea. El daño es la destrucción de un país, del tejido que lo unía y de los valores que lo sostenían. A esto hay que unir la imposibilidad (por ahora) deponer a un gobierno desalmado que se sostiene a contramano de lo que desea la inmensa mayoría del país bajo la coerción violenta.

Espero no estar equivocado, pero todos estos infortunios vividos por 20 años, intuitivamente ha hecho que una gran cantidad de venezolanos ampliemos que la libertad en general, que es un presupuesto imprescindible para el progreso de toda sociedad, incluye necesariamente la libertad económica. Se aprecia que, ante cada aumento ilógico y desmesurado de los sueldos por parte del gobierno, el venezolano ya percibe que no habrá bienestar ni prosperidad detrás de esa decisión burocrática.

Venezuela vive la hiperinflación más terrible conocida, dejando pálidas las que peores que se vivieron en la era democrática (1958-1998), especialmente en los gobiernos de Carlos Andrés Pérez II y Rafael Caldera II. Por primera vez en la historia ya se cuentan por millones quienes han abandonado el país, ya no en avión como se hacía al principio de la tiranía chavista, sino ahora es a pie, para llegar hasta sitios tan remotos como Perú y Ecuador, y probablemente más al sur, todo en la búsqueda de algo mejor que lo que viven actualmente, un poco de libertad, seguridad y hasta de dignidad.

No es exagerado plantear que Venezuela es (o está cerca de ser) un “Estado Fallido”: Ya no ejerce plenamente su soberanía sobre el territorio, los servicios que presta son de terrible calidad, la gente ya no tiene confianza en el gobierno como ente que pueda resolver los problemas que le son propios a este y la comunidad internacional ya no siente ningún respeto por sus autoridades.

Una de las dificultades de mayor peso en esta terrible crisis venezolana es que por muchos factores (incluyendo saboteo interno y externo, ansias de poder, etc.) no existe una alternativa articulada y creíble frente al modelo fascista-comunista, que bajo cuerda ha usado recursos para minar a esa oposición y hacerla ver toda como cómplices o agentes de la tiranía. No ha sido posible un acuerdo común entre quienes se oponen la tiranía, que desunida no puede capitalizar el descontento del 90 % de los venezolanos.

Mientras tanto, las personas que tienen menores ingresos, que en su mayoría adversan a Maduro y su pandilla, están sufriendo la embestida de una crisis incubada en 1999 y que implosiona en 2018. El régimen quiere doblegar y humillar a los venezolanos por unas bolsas de comida, promesas de gasolina subsidiada, en conocimiento que ese esquema “económico” es inviable y lo fue desde el día uno.

Ahora bien, es necesario resaltar que esa intuición del venezolano de que la libertad económica es fundamental, es una “obra en construcción”. Muchos aun ven al dueño del supermercado como el malvado especulador que aumenta los precios con alevosía y más de uno llama a las autoridades que le están cercenando sus derechos para denunciarlos, sin estar plenamente conscientes que son esos a quienes llaman los causantes de esos precios. Lamentablemente, los venezolanos hemos visto con lenidad la intervención acechante del “Estado Chavista”, construcción elaborada para el control social.

Pero ante las medidas desesperadas que el gobierno está tomando, muchas de ellas orientadas a oprimir y humillar como las relacionadas con el “carné de la patria”, se aceleró el desbarajuste económico que vendrán a asfixiar y agravar más el drama.

Creo, y espero sea así, la mayoría de los venezolanos entenderemos que este proyecto de control de la sociedad no lleva a ningún tipo de justicia social. Que este intento continuado de secuestro de las instituciones del Estado fracasará y colapsará. Pero mientras esto sucede, hay que entender y entender bien, que la libertad económica, aunque parezca dictada por la avaricia (toda empresa se inicia con alguien que tiene una idea y la lleva a la práctica, para obtener una ventaja económica), es una garantía de que hay opciones de productos u otros sustitutivos, con distintos precios, distintos lugares para adquirirlos. Es decir, hay un mercado que se va regulando con la competencia. Por supuesto, siempre habrá quienes bajo las ventajas de esa libertad quieran abusar, pero para eso se deben contar con instituciones a las cuales acudir para solventar los desajustes.


Los venezolanos debemos terminar de desechar la idea de que un Estado “pater familas” (en el sentido que se le daba en la antigua Roma: un ser autocrático que extendía su autoridad y voluntad a toda su parentela) que debe proveernos y ser el dueño de nuestro destino, a un Estado que articule y sirva para la causa de una sociedad libre y democrática.

Jesus Lopez Cegarra

sábado, agosto 18, 2018

Ídolos rotos (1901) Manuel Díaz Rodríguez


Releer la novela de Manuel Díaz Rodríguez (1871-1927) no sólo es un placer estético sino también un compromiso para entender la historia pasada y reciente de Venezuela.  Hoy (2018) siento que esta gran obra, de uno de los escritores mejor dotados del país, se encuentra en un injusto olvido y merece ser rescatada de este abandono.

Díaz Rodríguez, como artista y como ciudadano, no deja de ser contradictorio. Si bien hay escritores que los vemos retratados en su obra (pienso en Henry Miller), en Díaz Rodríguez se oponen dos facetas del mismo hombre. Por un lado, Ídolos Rotos es el relato de una Venezuela casi insoportable para un alma sensible, especialmente quienes consideran al arte como un medio para conducir a la civilidad, pero también está el Díaz Rodríguez, funcionario público de alto nivel de la dictadura cruel de Juan Vicente Gómez.

Para esta nueva aproximación a la novela, cuento con la edición de los distantes años que me separan de la educacion secundaria, cuando era "obligación" al curso de literatura, leer la novela para una evaluación. (Curiosamente, en esta edición de Monte Ávila omitieron de fecha y lugar de edición, como si tales detalles carecieran de importancia)

Afortunadamente en ese año de bachillerato, nuestro profesor (Iván Páez) era (y es) una persona particularmente culta, sensible al arte y la literatura, quien lograba imprimir entusiasmo a las obras literarias que debíamos leer como parte del currículo académico. Creo que su enfoque era el adecuado: contextualizando la novela y enseñando por qué se trata de una gran obra. Con Iván tuve oportunidad de hablar, tanto en bachillerato, como cuando ya estando yo en la Universidad, de literatura. El azar permitía que en la pequeña ciudad de Mérida coincidiéramos aquí y allá, para entregarnos a conversaciones sobre literatura.

“Ídolos rotos” es un trabajo de ficción que refleja la Venezuela rural y atrasada de finales del siglo XIX y comienzos del XX. El país venía de una cruenta sucesión de guerras y “revoluciones, lideradas por caudillos mesiánicos que querían “salvar” la patria, que una vez en el poder se comportaban como vulgares oportunistas que hacían gala de su ignorancia y chabacanería. El tiempo y acción de la novela retrata este panorama decadente. Decir que es probablemente una de las obras más pesimistas de la literatura venezolana, no sería una exageración.

En la novela podemos ver el desdoblamiento de Alberto Soria (personaje principal de la novela): vemos en principio el artista que regresa esperanzado y nostálgico a su patria, y que al final pronuncia una arenga sobre esa patria que se ha deshecho y ya no le pertenece. Pero también vemos a su hermano Pedro un “pragmático” en el peor sentido que se le puede dar a la palabra, que entra en política con fines pragmáticos: lograr su estabilidad económica y social, sin importar asociarse con los personajes más impresentables del país.

Aunque los problemas cotidianos abruman a Alberto Soria, vamos apreciando pistas de que ese país, al que llega con entusiasmo luego de una ausencia de 5 años y que ha idealizado en exceso ("... y al pensar en la patria, no pensaba en realidad sino en la imagen que de ella se había formado durante su austera vida estudiantil, imagen hermoseada y engrandecida más tarde por los recuerdos y la ausencia"), muestra su verdadera entraña de intolerancia.

Alberto, quien con vanidad pensaba que las miradas que atraía eran porque su calidad de artista era reconocida, tristemente fue desengañado por su hermano: su renombre era por ser visto como una curiosidad por su extraña forma de vestir influenciada por su pasantía por París.

Supo también cómo personajes que carecían de valor moral o intelectual eran ahora altos dignatarios, cómo algunos improvisados lograban fortunas por su cercanía al gobierno y cómo la sociedad se dejaba llevar por los Mario Burgos, que atraían por ser frívolos y superficiales y pues su única preocupación era vestir a la moda.

La pequeña fama de Alberto por haber ganado en algún momento un premio en París, le acerca a los factótums del poder: le proponen que realice una obra dedicada al Mariscal Sucre. La propuesta viene de boca de altos funcionarios quienes le aseguran los recursos.

El dinero no era consecuencia del talento y las cualidades de Alberto, sino de que son ellos tenían la autoridad (política y de la fuerza) de conseguir lo que sea. Esta prepotencia la acentuaban con la más grosera ausencia de modales civilizados y con expresiones soeces. (Alberto los describe diciendo "...En el orden en que los había ido conociendo, los iba enumerando, con los achaques y vergüenzas de cada uno; hombres que, sin luces ni ley ni honra, ejercían de legisladores, ministros enriquecidos a la manera de ladrones vulgares...) No obstante, los acólitos ríen sus vulgaridades, recibidas con risas complacientes del público alienado en complicidad. Su hermano Pedro, cercano al poder, le garantizaba que el encargo era en serio por contar con los contactos para ello.

Alberto se empeña en su labor creativa pese a la presión de su padre, que le exigía que se entregara a las labores serias de la ingeniería, carrera que cursó Alberto para complacer a su familia. La muerte del padre, pese al dolor familiar, fue un alivio para continuar con su arte sin remordimiento.

Con sus amigos artistas, pensaron fundar algún tipo de movimiento político para redimir al país a través del arte como vehículo civilizador. ¿Tenía sentido ese afán de modernización de la sociedad?, y más aún, ¿eran viables esos proyectos? La respuesta, a la luz de la historia y del desarrollo de la novela, es negativa.

El poder en Venezuela, entonces y ahora en esta noche oscura del “Socialismo del siglo XXI”, se ha ejercido sin contrapesos o contrapesos muy débiles, donde la voluntad del caudillo de turno es “Ley”. Siempre se enarbolan las mismas banderas “Decencia”, “Gobierno eficiente”, “acabar con la corrupción” pero los resultados terminan siendo los mismos. Los defectos de los antecesores son reproducidos por quienes juraron limpiar el gobierno y terminan administrando el Estado con estulticia y vesania.

La voluntad de cambio de Alberto se ve agotada. Los recursos prometidos para la estatua de Sucre se los reasignaron a algún advenedizo más adulador y rastacuero. Pero también su vida íntima es invadida por una sociedad que hipócrita que disfruta mostrando sus indiscreciones amorosas con anónimos a su novia. Probablemente la acumulación de tanta adversidad le hace exclamar con pesimismo y desesperanza:

“¡Y nosotros que teníamos la candidez de pensar en el arte como un medio de regeneración política! ¡Blasfemos! ¡Ah, la Democracia! ¡Nuestra Democracia! ... Alfonzo tenía razón cuando me dijo que me fuera… Me hubiera llevado quizás casi entero el buen humor de la tierruca… Nunca podré mi ideal en mi patria. ¡Mi Patria! ¡Mi país! ¿Acaso es esta mi patria? ¿Acaso es este mi país?”

Y concluye Díaz Rodríguez con la demoledora frase que ha dado vueltas en mi cabeza desde la primera vez que leí esta novela: FINIS PATRIA.
Jesús López Cegarra

jueves, julio 05, 2018

Cine y Superhéroes

I'm a winner, I'm a sinner
Do you want my autograph?
I'm a loser, what a joker
I'm playing my jokes upon you
While there's nothing better to do
Richard Davies / Roger Hodgson

A mi hijo Luis, a quien amo y me enseña nuevas cosas en nuestras conversaciones.

Tengo un hijo, Luis, que ya va para los quince años. Ya casi es de mi tamaño, pero luce más alto porque lo favoreció la genética. Es delgado, espigado, con cuerpo atlético. Cuando lo ven junto a mí, dicen de inmediato “está más alto que tú”. Algún día lo será, pero no aún. En el fondo me ven gordito y rechoncho y por eso lo ven más alto. Resiento el comentario. Claro, lo favorece que practica el karate con bastante pasión y concentración y ha avanzado en las promociones. Ha tenido exámenes con profesores difíciles y exigentes y realiza las maniobras con solvencia y yo diría que con destreza. Pero quien soy yo para juzgar, lo padres somos generalmente poco objetivos.

Una de las pasiones de Luis es el cine. Cuando llegan las vacaciones, debe aprovisionarse de películas y las va viendo una o dos por día. Ha entendido que existe un cine comercial, para el entretenimiento, y otro nivel que es el cine como arte. Y es así como ha visto películas buenas y elaboradas estilo “Citizen Kane”, “2001: Odisea Espacial”, “El Mago de Oz”, todo lo de Quentin Tarantino, “Casablanca” y un largo etcétera.

Pero su otra gran pasión son los “Superhéroes”, estos seres que por distintos motivos y al parecer de manera desinteresada, o derivado de experiencias y traumas, buscan salvar al planeta y a los inocentes de los peligros que los acecha, que si les creemos, son a diario, con planes implacables ejecutados por mentes a la vez brillantes y perversas, que solo desean “el mal por el mal mismo”. Son “Archienemigos” (palabra que aprendí de las series de televisión) o “Némesis”  otra palabra más recientemente que también aprendí de todo este recorrido superficial de los superhéroes. Sean Archienemigos o Némesis, lo que quieren es el dominio (generalmente mundial) por motivos no muy claros y en ocasiones por un sentido retorcido de justicia. 

Curiosamente existen dos “mundos” de superhéroes. Por un lado, están los de DC y por otro están los de MARVEL. A lo mejor hay otros, pero esto es lo que he aprendido hasta la fecha. Aunque curiosamente tratan de salvaguardar al mismo mundo (nuestro planeta tierra y en algunos casos, nuestro universo) y muchas veces viven y conviven en ciudades reales, como Washington, Nueva York, París o Londres, los personajes una y otra “Franquicias” como les llaman nunca coinciden en el afán de amparar el planeta. No quieren o no pueden aliarse o intervenir en la situación de peligro que el otro quiere prevenir o enfrentar. Los separa una barrera invisible, pero no por eso menos fuerte e infranqueable: Los derechos de propiedad intelectual, según los cuales, cada “Franquicia” es dueña de lo suyo y tiene prohibido cruzar o intervenir junto al otro. A menos que en un futuro, alguna de estas mega empresas, como Disney, haga lo que ha hecho antes: desembolsar unos cuantos millones y adquirir esos derechos.

Le pregunto a mi hijo sobre cuál “Franquicia” es superior a la otra y su mirada refleja que hago una pregunta indebida o incómoda. Es una pregunta que no tiene respuesta. Los hay quienes defienden a la muerte a sus héroes preferidos o mantienen una posición ecléctica: Hay de todo, hay muy bueno, bueno, regular y malo en cada uno. 

Por mi parte, nunca he sido seguidor de las historias de superhéroes, ni en películas ni en “tebeos”. Recuerdo que hubo una película de Spiderman de finales de los 70, que verla era lastimoso. Obviamente, los efectos especiales y CGI no era entonces lo que vemos hoy en día y el “héroe” se movía y peleaba sin gracia. Pero tenía amigos que se sentían fascinados por este intento chambón de llevar a la pantalla al “hombre araña”.

A finales de los 70 hubo una película muy exitosa de un personaje de DC, SUPERMAN, dirigida por Richard Donner, quien más adelante dirigió también unas películas que tuvieron su impacto en mi generación “Lethal Weapon”, o “Arma Mortal” (esta película tuvo tal impacto que las chicas decían a aquellos que sobreestimaban sus capacidades de Don Juan "Es que tu te crees Mel Gibson"), que tuvo un éxito comercial importante y hasta le dio nueva relevancia al superhéroe. Lo personificó el prematuramente fallecido Christopher Reeves, y en el elenco estaban Marlon Brandon y Gene Hackman. Una fórmula ganadora. Reeves tenía la ventaja de ser un ser humano bastante común y corriente como el inepto reportero “Clark Kent” pero a su vez, el vigoroso “Superman” que podía volar, tener visión de rayos X, dar vuelta atrás al tiempo entre otros poderes. 

Superman II, dirigida por Richard Lester, fue aceptable. No obstante, las siguientes entregas fueron ya bastante aburridas y nada originales, simplemente navegando en el éxito de sus antecesoras. La III la llegué a ver en DVD… La IV ni llegué a saber que vio la luz del día…

En los 90 hubo otro intento de darle vida en el cine a otro héroe de DC: Batman. Ya por televisión hubo se presentó una versión que era a la vez entretenida y patéticA, protagonizada por el actor Adam West que, si nos imaginamos la figura física de un superhéroe, este estaba fuera de proporciones: era un tipo ventrudo, que lo atrapaban fácilmente, resolvía todo con golpes y no tenía temor a hacer bailes ridículos. Las 4 películas de los 90 no se apartaron mucho de esta visión colorida y sobreactuada del Batman “West” pero al menos sus personajes tenían un poco más de tragedia, de gravedad. 

Para dos primeras de estas fueron dirigidas por un director poco convencional, Tim Burton, que le dio al personaje y la trama una visión más oscura y aciaga. Fueron exitosas y protagonizadas por Michael Keaton, quien lucía poco adecuado para el personaje entonces, pues su carrera estaba ligada a un fantasma extravagante, pérfido pero cómico de la película Beetlejuice. Como contraparte (Némesis) en la primera entrega estaba el laureado Jack Nicholson como “El guasón” (The Joker) y la siempre sensual Kim Basinger. El éxito y receptividad de esta fue importante y tres películas más aparecieron. Sin embargo, fue la última de esta, protagonizada por George Clooney, la que, me informa mi hijo, fue tan mala que casi aniquila la franquicia Batman y el mismo Clooney pidió perdón por tamaña ofensa.

Ya en los 2000, la franquicia “Batman” toma una nueva dirección gracias a uno de mis directores de culto, Christopher Nolan. Las siguientes entregas de este Superhéroe las pude disfrutar con el placer con el que se ve y aprecia una buena película.

Sin embargo, mi gusto era por Nolan y no por los superhéroes, por lo que pasé una larga temporada sin que me importara qué ocurría en ese mundo de batallas entre héroes y villanos. Tenía la ventaja de que podía evitar ir al cine porque Luis podía ir con su hermano, quien generacionalmente era más cercano y por tanto compatible con el lenguaje y peripecias de los personajes.

Pero como su hermano se fue en busca de un mejor destino, ahora me toca acompañar a Luis en esta travesía de lucha del bien contra el mal. En este nuevo periplo he visto “Justice League”, “Wonder Woman” por el lado de DC, y por el de Marvel “Spiderman Homecoming”, “Black Panther” e “Infinity Wars”. Al comparar estas últimas entregas, me inclino un poco más a Marvel. Hay algo más de variedad y elaboración en cuanto a la psicología tanto de sus “héroes” como de los villanos. Entendí que existe una especie de Cosmogonía alrededor de Marvel, quienes de manera un tanto pretenciosa la llaman “Marvel Cinematic Universe” que, a pesar de sus inconsistencias y contradicciones, tienen un hilo conductor que de alguna manera llevó hasta “Infinity Wars”, en donde el villano “Thanos” ejecuta su afán personal y retorcido de justicia eliminando la mitad de los seres vivos del Universo, incluyendo algunos de los amados héroes de Marvel. ¿Cómo se solucionará esto?... Pues habrá que esperar hasta el 2019.

(Nota: No pretendo hacer un estudio exhaustivo cronológico de superhéroes y villanos, esto solo es un inventario de lo que recuerdo) 

Fuga a la Victoria

Una de las películas de mi infancia y adolescencia que recuerdo  con mucha intensidad y nostalgia es “Escape a la Victoria”, que por lo que ...