miércoles, enero 03, 2018

The Matrix (1999)



The Matrix es de esas películas que puede ser vista 2, 3, 4 veces (más de diez en mi caso) y siempre mantiene su capacidad de entretener, y a la vez darnos cuenta de detalles perdidos en la primera o sucesivas veces que la vemos. Es justo decir que, a casi 20 años de su estreno, los efectos especiales siguen impresionando, al punto que algunos de ellos son usados e imitados en la industria del entretenimiento.

Es curioso que muy recientemente, renombrados científicos se planteen la hipótesis según la cual todo lo que vemos, todo lo que nos rodea es probablemente una simulación creada en por programas de computación (ver https://www.youtube.com/watch?v=wgSZA3NPpBs ), lo que de alguna manera la ciencia se aproxima a lo que la ficción ya había planteado de una manera emocionante y maniquea en The Matrix, aun cuando esta dicotomía del mundo es una discusión que la podemos rastrear hasta Platón y su teoría de la ideas.

La película fue escrita y dirigida por los entonces hermanos Wachowski (

The Wachowski Brothers), quienes hoy en día se hacen llamar the Wachowskis. Revisando su filmografía, a menos que en el futuro realicen algo realmente extraordinario, se les recordará básicamente por The Matrix y sus secuelas.

The Matrix es una interpretación moderna del mito de un Salvador, de un Mesías, que se representa en un hombre aparentemente sin mayores cualidades, un solitario experto en computadoras que lleva una doble vida: una como Thomas Anderson, un empleado de una empresa programadora de software, y otra como Neo (Keanu Reeves), que la desarrolla en el mundo virtual, tratando de buscar respuestas existenciales en la red,  mientras vende unos programas que son comprados por personas del bajo mundo como si se tratara de alguna droga alucinógena.

En los primeros segundos de la película se desarrolla un dialogo que es curioso, porque se despliega un corto dialogo entre Cypher (Joe Pantoliano) y Trinity (Carrie-Anne Moss), en el cual, sin nombrarlo, dicen que van a matar a Neo. ¿Qué podemos sacar de estas cortas líneas? ¿Qué había una conspiración contra Morfeo -Morpheus- (Laurence Fishburne) y no le creían sus locas profecías alucinadas de la búsqueda y hallazgo de “El Elegido” (The One)? Son desconcertantes estas líneas porque solo haciendo una ilación muy fina, pareciera que había algún tipo de descontento y hasta conspiración contra Morfeo.

Morfeo es un profeta que busca al Mesías. También se encarga de liberar aquellos que tienen las cualidades para luchar contra las máquinas, quienes han tomado el mundo y relegado a sus creadores una función algo desagradable para quienes nos consideramos una especie inteligente. Probablemente Morfeo sea un tipo fanático y exigente y que esa búsqueda sea vista por sus compañeros como acciones de un maniático que distraen tiempo y recursos en una lucha de vida o muerte contra el enemigo.

Es posible que Trinity esté esperando por los resultados: “El Oráculo” (The Oracle-Gloria Foster), otro profeta le revela que encontrará el amor en “El Elegido”. ¿Por esta razón cambia de opinión…O el Oráculo le dice esto para aplacar la rebelión contra Morfeo? Ambos profetas tienen una función: Morfeo es el encargado de buscar a “El Elegido” y el Oráculo reconocerlo.

Es Trinity quien hace la primera aproximación a Neo. ¿Es o no es? Es la pregunta que todos se hacen. Le propone conocer a Morfeo, quien para el establishment del mundo que “Thomas Anderson” vive, es un buscado y notorio terrorista, y para otros el líder de alguna causa justa.

Se desata una competencia sobre quien dominará a Neo.  Los Agentes… Los rebeldes. Estos logran finalmente llevar a Neo con Morfeo. En su dialogo, Morfeo presenta a Neo el primer gran dilema que debe afrontar: Seguir viviendo la misma vida, que es una ficción, un remedo… O ir al “mundo real”. Por razones de tiempo o porque Morfeo no quiere poner en más duda a Neo, no le muestra una foto, un video, un audio de cómo es el “Mundo Real” … Porque una pequeña muestra de como realmente son las cosas en el mundo verdadero sería motivo más que suficiente para entra en dudas quedarse en aquel, así sea como una representación ficticia… bien visto a la luz de lo que plantea The Matrix, en el mundo ficticio que nos toca vivir se lleva una existencia más interesante, nacemos, tenemos experiencias, amamos, hijos, sufrimos, logramos placeres, sufrimos decepciones, así sean todas virtuales… En el mundo verdadero, en el que vive Morfeo y compañía, las alternativas son la nada o, si se tiene suerte, ser un soldado en una guerra eterna contra un enemigo implacable.

Neo elige la opción obvia: ir al “mundo real”. Que resulta ser un lugar gris y sin vida. Allí le es revelada la verdad completa: Lo que Neo ha considerado como vida, no es más que una proyección impuesta por las máquinas que usan al ser humano como “baterías” para dar energía a su mundo. Esta opción de las máquinas de usar a los humanos como fuente de energía carece de toda lógica según las leyes de la termodinámica… Requiere que le introduzcan energía en forma de alimento para que haga sus funciones, parte de esa energía es perdida y lo que se puede aprovechar es muy poco, por lo que la decisión de las máquinas de emplear de esa manera a los humanos no puede ser visto sino a la luz de una emoción propia nuestra: la Venganza.

Neo es entrenado por Morfeo. El elegido no solo debe serlo. Debe entrenarse para ello. Demuestra ser un pupilo aventajado

Pero Morfeo quiere llevar a Neo con el Oráculo. Ya Cypher estaba en conversaciones con el Agente Smith para convertirse en el judas. ¿Por qué lo hacía? Por razones exclusivamente epicúreas: Las ventajas de conocer y ser parte del mundo real no se comparan con lo que se vive en la “Matrix”, así todo sea falso. Cypher aprovecha esa ocasión para dejar las pistas que permitan atrapar a Morfeo, quien tiene para sí información crucial para someter a la resistencia.

Morfeo lleva a Neo ante El Oráculo. ¿Era Neo “El Elegido”? Su respuesta es negativa, pero además le revela algo desconcertante. En algún momento debe elegir entre su vida o la de Morfeo, lo que resulta cierto poco tiempo después, pues por la delación de Cypher, son emboscados por la policía y los agentes. Morfeo, para tratar de salvar a Neo, decide luchar contra los agentes y es capturado. 

Cypher regresa a la nave para desconectar a sus compañeros. Probablemente sea desde este punto, en una lucha desigual en la cual Morfeo y sus compañeros están en clara desventaja, se determine si Neo es o no el elegido.

En una batalla épica, en donde los efectos especiales juegan un papel determinante para darle un colorido especial a la lucha, Morfeo es rescatado. Sin embargo, cuando luego de luchar arduamente para escapar, Neo está a punto de llegar al salvador teléfono, Smith le sorprende y dispara a muerte. Y estábamos advertidos, morir en Matrix es morir en el mundo real… Sin embargo, como un nuevo Mesías-Jesucristo, Neo regresa de entre los muertos para salvar al mundo.
 
The Matrix es una película genial, con sus defectos, que sí los tiene, pero como decía antes, siempre le podemos encontrar una nueva interpretación, mientras reflexionamos qué clase de mundo es este.

viernes, diciembre 08, 2017

El extraño incómodo

Las sociedades humanas generalmente desarrollan creencias y conductas con el fin de preservar la convivencia. Algunas son de obligatorio cumplimiento, cuando están codificadas en leyes, y otras solo pueden ser cumplidas por convicción propia, aunque en muchas ocasiones, la presión social puede ser determinante para adoptarlas como si fueran de ineludible observancia.

Algunos de esos esquemas se relacionan con actos que realmente ofenden a la sociedad o a sus integrantes. El más universal es el de no matar a otro ser humano, a menos que haya un motivo muy justificado, como la legítima defensa: ante una situación en que se ve comprometida la integridad física de una persona, es justificable usar la fuerza para repeler una agresión, de ser necesario acabando la vida de quien ataca.

Sin embargo, existen otras de creencias que aun cuando no afectan la vida social, son toleradas hasta cierto punto. Pensemos en la creencia en un ser superior creador de todo, que es en gran medida impuesta por la sociedad. Quienes no comparten esa visión son vistos como una especie de seres inmorales, capaces de las peores acciones y dueños de vidas disolutas y perversas.

“El Extranjero” de Albert Camus, es una novela que nos pone frente a como somos juzgados por la sociedad. Como acciones aparentemente intrascendentes para el individuo puede tener una resonancia en la vida social y en la forma como los demás nos aprecian.

Meursault, es el personaje principal de la novela y quien nos va contando los hechos que van desde la muerte de su madre hasta la espera de su ejecución de pena de muerte. Desde el principio se nos revela como alguien a quien le es indiferente el dolor ajeno de una mujer apaleada, pero que por otro lado es capaz de prestarse a una coartada manipulando la declaración ante la policía, para ayudar a su amigo Raimundo, quien fue quien le dio los golpes a esa mujer. Sin embargo, actua con la convicción de que ayuda a un amigo, sino que es resultado de una completa abulia, una carencia total de empatía hacia la víctima.

En un episodio algo confuso, y para evitar que su amigo Raimundo fuera agredido por unos árabes, Meursault descarga completamente un arma de fuego y da muerte a uno de ellos. Lo que en principio podía ser una legítima defensa se va desdibujando. Después de los primeros disparos, Meursault buscaba dar muerte a una persona que ya no oponía resistencia.

Meursault es llevado a juicio. Su defensor se muestra confiado en que o bien saldría en libertad, o la sentencia sería leve. Sin embargo, el proceso toma un giro inesperado, porque a Meursault, aunque en apariencia se le juzga por dar muerte a una persona, el razonamiento del acusador es que la culpabilidad está demostrada por la completa indiferencia y frialdad que mostró Meursault ante la muerte de su madre. Un hombre así, que no alberga sentimientos hacia el ser que le dio la vida, que anida sentimientos contrarios a la religión y que le muestran como un ser indiferente no puede ser inocente del crimen.

Son llamados como testigos los compañeros de su madre en el asilo de ancianos. Todos ratifican su desamor filial. Sale a relucir que, a su vuelta del funeral, lejos de mantener un comportamiento acorde con la enorme pérdida sufrida, va con su novia María al cine a ver una comedia para luego irse tranquilo con ella a su apartamento. Comportamientos ajenos a lo que dictan las convenciones sociales. Incluso, el hecho de que hubiera internado a su madre en el asilo, aunque Meursault carecía de medios para mantenerla, es también un agravante.

Meursault se conduce en todo momento en una línea difusa entre la sociopatía y la entera libertad absoluta de pensamiento; entre lo que puede considerarse lícito y el nihilismo destructivo, que puede convertirse en un peligro social, sea por el ejemplo o sea por las acciones. 

¿Cuándo se es injusto o cuándo es mejor que la sociedad sea implacable con quienes así actúan? ¿Dónde trazamos el límite donde acaba la tolerancia?, pero también, ¿podemos juzgar y condenar a alguien porque sospechamos que es un potencial peligro para la sociedad?


La libertad es la aspiración máxima del hombre. Contradictoriamente, la libertad absoluta solo beneficia a los más fuertes y lleva a la injusticia y al estado más bárbaro, incompatible con la vida social en armonía. Se requieren de ciertas barreras y límites que contengan los impulsos primitivos, que, aunque restrinjan o puedan ser en ocasiones incómodas, pues nos otorgan el suficiente espacio para desarrollarnos en paz. 

Jesús López Cegarra

miércoles, octubre 18, 2017

La Bestia en desgracia

El señor Harvey Weinstein cayó en desgracia literalmente de la noche a la mañana. Hasta comienzos de octubre 2017 era uno de los hombres más poderosos del “show business” pero hoy sus amigos se alejan y se retractan hasta de haberlo defendido solo momentos antes.

Oliver Stone llamó a la cordura y a esperar que las acusaciones se diluciden en un tribunal. La actriz Lindsay Lohan le pidió a la esposa del productor estar con él en esta hora difícil. La diseñadora Donna Karan insinuaba que no todo era culpa de Weinstein, también las formas de vestir de algunas mujeres provocaban estas reacciones. Por supuesto los arrepentimientos no se hicieron esperar. Tengo para mí que quienes adelantaron su defensa, veían a Weinstein como un “too big to fail”, pero que ahora que pareciera que está en grandes problemas, muestran arrepentimiento por su ligereza.

Hasta mi admirado Quentin Tarantino, niño mimado del caído productor, aunque lo considera su amigo, en principio pidió unos días para evaluar cuidadosamente cuál sería su declaración sobre el tema. Weinstein era sin duda una figura con la que nadie se quería meter.

Weinstein es un tipo de un talento especial: Reconocer buenas películas. O hacer buenas relaciones para que siempre estuvieran en la mira de algún premio importante. Bajo su desempeño tanto en Miramax como en The Weinstein Company, lograron películas con buenos resultados económicos, otras con distintas nominaciones a los premios Oscar y otras para el puro entretenimiento sin mayores aspiraciones artísticas. Pero en todo caso, se trataba de un hombre exitoso. 

Su fama de acosador sexual no era nueva ni ajena al mundo de Hollywood. Simplemente era ignorada. ¿La razón de tanto silencio? Weinstein era un hombre poderoso, que decidía quien entraba y quien salía... y a quién se le destruía. Pero de vez en cuando se dejaba colar algo sobre el comportamiento del productor. En 2013, por ejemplo, Seth McFarlane, en una ceremonia de los premios Oscar, se atrevió a decir, en relación con las actrices nominadas al mejor papel secundario: “Felicitaciones, ustedes cinco ya no necesitan seguir fingiendo que les gusta Harvey Weinstein”. Hubo muchas carcajadas y una sonrisa incómoda de Emma Stone, quien le acompañaba en el escenario.

La caída Weinstein en 2017 va acompañada de sendos artículos sobre el tema publicados en “The New York Times” y “The New Yorker”, este último fue escrito por Ronan Farrow, hijo biológico de Woody Allen y Mia Farrow. Farrow, es sabido, está alejado de su padre pues se solidarizó con su madre luego del escándalo sexual del director y su extraña relación (por decirlo eufemísticamente) con una hijastra. Por lo que el tema de su reportaje le era cercano y a la vez doloroso.

Farrow trabajó por 10 meses en el reportaje y entrevistó a varias mujeres. Sus testimonios son impactantes y dan cuenta del poder de Weinstein, quien contaba con un equipo legal dispuesto a todo para sacar a su cliente de cuanto agravio cometía. En el caso de la denuncia de una modelo de apellido Gutiérrez, aun con grabación en mano del acoso, la Fiscalía no efectuó ninguna acusación por ciertos hechos que podían hacer ver, frente a un jurado, que la modelo era una persona de una dudosa reputación. El caso terminó con un arreglo extrajudicial con ella, que incluía un acuerdo de confidencialidad (non-disclosure agreement).

La pregunta que surge a frente a las denuncias en contra de Weinstein (apartando las relacionadas con violaciones, que señalan violencia y por tanto coacción contra la víctima y ausencia de consentimiento de su parte) es que las mujeres en estos casos eran mayores de edad, sin impedimento físico o mental, que frente a los avances sexuales del productor bien podían negarse, marcharse y dejarlo envuelto en su bata de baño.

Sin embargo, y sin intención de considerar que todos los casos fueron iguales, pues seguramente algunos son más dramáticos que otros, hay varios factores que apuntan concluir que se trataba de una actitud depredadora inexcusable y sin atenuantes por Weinstein: Se trataba de un hombre con mucho poder (incluyendo el físico), que sabía que lo tenía y buscaba aprovecharse de él para su beneficio. Las víctimas son mujeres que están comenzando su carrera, jóvenes sin mayor experiencia, que saben (o creen) que rechazar los avances de Weinstein tendría consecuencias negativas para sus aspiraciones profesionales. Además, los encuentros eran arreglados por empleados de su empresa para parecer reuniones de trabajo, pero todos conducían a la habitación del productor. Era un entramado montado para quebrar la voluntad de las víctimas.

Más triste aún es que su esposa Georgina Chapman, que hoy rauda abandona a su esposo a su suerte, por años se benefició de este acoso, pues Weinstein imponía a las actrices que usaran la ropa diseñada por la empresa Marchesa propiedad de ella. Hay que ver si esta relación pasa por debajo de la mesa o se convierte también en un tema de discusión es este macabro asunto.

Lo importante de casos como el de Weinstein (y acá se puede agregar a Bill O´Reilly, Bill Cosby y Roger Ailes) es que hay un cambio significativo de la sociedad frente a estos casos, para apreciar que son casos complejos, en los que más que juzgar el resultado, hay que evaluar toda la interacción de elementos que permiten que el depredador saque provecho de un acto sin consentimiento, y que además saliera ileso y más bien con la ventaja de que la duda recaiga sobre la víctima.

Algunos afirman que la caída de Weinstein está relacionada con la decadencia de su empresa y su influencia en el mundo del espectáculo. Pareciera que esos hombres otrora poderosos son empujados al abismo a la primera muestra de debilidad. Es seguro que este no será el último escándalo de esta naturaleza… veremos cómo termina.

Jesus Lopez Cegarra

sábado, mayo 20, 2017

En búsqueda del Paraíso

De vez en cuando soy asaltado por dudas existenciales. No es una preocupación mayor, porque a falta de una mejor definición, soy lo que se puede llamar un “agnóstico”, es decir, que declaro mi ignorancia a todo aquellos que trasciende la experiencia, si he de creer a lo que dice el Diccionario sobre el tema. En otras palabras, todo lo que está más allá de la muerte forma parte de lo especulativo. Que si es así o si es de esta otra manera no lo sabemos, porque nadie ha venido a darnos detalles. Después de la muerte, es un “one way ticket”. Al menos eso es lo que nos dice la experiencia.

Pero tenemos la religión. No una, cientos. Y de muy variado pelaje. Un Dios. Varios Dioses. Algunas extintas como los dinosaurios. Otras sobreviven a pesar del tiempo, como la católica. Pero hay ciertos elementos comunes (no pretendo ser experto en el tema, ni tampoco lo aspiro), pero en términos generales hay la creencia de una divinidad que debe ser venerada y que exige determinados comportamientos, tanto en lo personal como en lo social, lo que incluye la observancia de determinados rituales, como ir a una ceremonia cada tanto, o ir a ciertos lugares.

En muchas de esas religiones, lo que se plantea es que estamos en una especia de transición en este sitio que llamamos “tierra”, y de acuerdo a con nuestras acciones tendremos una recompensa o seremos castigados. Al morir, se revisa nuestra contabilidad. El “debe” y el “haber”. Se busca saber cómo administramos nuestras acciones. Si son malas, pues es un pasivo. Si son buenas, un activo. El resultado determina en dónde nos ubican. Más "activos" nos conduce al “Paraíso”.

Mi formación religiosa fue en el catolicismo, por lo que “Paraíso” significa esencialmente dos cosas: El lugar donde Adán y Eva vivían plácidamente hasta que, en su condición de inquilinos, incumplieron con una cláusula que acarreaba la rescisión del contrato de inquilinato con el creador; así como el lugar en que los “buenos administradores” de sus acciones se reunirán con Dios.

Sin embargo, hay personas que obviamente pertenecen al otro lado de ese espectro. Van desde los tibios y pusilánimes agnósticos como este servidor, hasta los más radicales que no creen en lo absoluto que exista tal cosa como un Dios “creador del cielo y de la tierra”. Son gentes que igual hablan de Dios todo el tiempo, pero en sentido negativo en cuanto a su existencia, si hacemos caso a lo que nos decía el reconocido autor católico alemán Heinrich Böll, en su gran novela “Opiniones de un Payaso”.

Más aún, dentro de estos se ubica una sub-especie que no cree que eso de un paraíso “elsewhere”, y su búsqueda está aquí, entre nosotros, hay que construirlo y no esperarlo en una vida posterior. A esos constructores de un mundo mejor les llaman “socialistas” y/o “comunistas”. Es una fauna tan variada como las religiones, porque, a fin de cuentas, es también una religión, con sus dioses, santos y liturgia. Y aunque algunos de estos intentos se apoyan en su “condición seglar”, mucho de su fundamento se basa en ideas religiosas.

Eso de construir un paraíso en la tierra no es tarea fácil porque habría que empezar por definir y caracterizar qué es eso de un “paraíso terrenal”. ¿Quiénes determinan el qué, quién y el cómo? Al no mediar una divinidad, pues es un ser humano quien lo hace, es claro que está sujeto a las limitaciones intelectuales y prejuicios que cualquiera puede tener. De esos experimentos del paraíso terrenal hay históricamente varios que se han implementado y el saldo no es especialmente alentador.

En la historia del siglo XX, hubo un experimento que por mucho tiempo fue, ¿cómo decirlo?... ¿inspirador? para muchas luchas y rebeliones contra la desigualdad y la injusticia. Tuvo lugar en Rusia en 1917 con una revolución que impuso un modelo “marxista-leninista” a lo largo de gran parte del siglo XX. Aunque la propaganda relataba un estado de bienestar y progreso social y tecnológico, en la ineludible realidad resultados no dan cuenta de un éxito de un avance en las condiciones de vida de los ciudadanos y de los países que a la fuerza anexaron a lo que se llamó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Por el contrario, se trató de un sistema que conculcó libertades y no tuvo logros significativos desde el punto de vista económico.

Porque el problema de los “paraísos”, al menos de como lo hemos concebido acá en este estrecho planeta, es que no sabemos qué es eso de un “paraíso”. Lo que se ha filtrado en todo esto es que hay un menú, o al menos el “paraíso” soviético nos daba cuenta de que las opciones de la felicidad son limitadas, y lo que es peor, que ese paraíso termina en una pesadilla kafkiana en la que no importa cuánto se avance, siempre hay un trecho pendiente por recorrer.

El experimento ruso fracasó. Estruendosamente. Inexorablemente. Al parecer la gente necesita un poco más. En la medida que vemos lo básico satisfecho, aspiramos a algo más, y no todo termina en una avaricia incontenible. Al ver logradas ciertas necesidades (alimento, vivienda, abrigo), van surgiendo de ahí las obras grandes de la humanidad. Poco sale del hambre y la miseria. Es muy difícil tratar de atender insuficiencias básicas y escribir, pintar o diseñar una obra maestra.

Y todo esto me lleva sobre lo que quería escribir. Sobre la atribulada Venezuela que hoy vive su hora más menguada. Ese experimento del paraíso terrenal también se intentó acá, pero no se hizo con los mejores ni con una idea clara del objetivo. Se tomó como modelo un modelo fracasado, el cubano que derivaba del soviético que había corrido la misma suerte.

Se tomaron millones sobre millones de dólares de la renta petrolera para satisfacer la delirante fantasía de un “Socialismo” acuñado como “del siglo XXI”, pero en se realidad adoptó lo peor de las experiencias fracasadas. La propaganda oficial muestra “logros”, “felicidad” pero acá mismo, desde donde estoy sentado puedo ver como los mendigos andan rebuscando sobras en la basura.

Jesus Lopez Cegarra

sábado, enero 21, 2017

La novela de la adversidad



(I)

¿Se escribirá algún día la “gran novela del chavismo”?, o visto desde otra perspectiva ¿Valdrá la pena escribirla, tendrá algún tipo de trascendencia el tema? Contestar esta pregunta en uno u otro sentido puede ser una apuesta arriesgada. Tal vez no se ha empezado a escribir, probablemente no existe la mente brillante que lo pueda ejecutar o no se haga nunca. Pero al menos un autor venezolano, Alberto Barrera Tyzska lo ha intentado y al menos, esa aproximación, ese “ensayo” tiene su mérito.

(II)

Para cualquier venezolano, que viva, haya vivido o escapado la historia de Venezuela que comenzó en 1998, (o quizás en 1992, o tal vez mucho antes, 1958, 1945, 1935... desde donde queramos comenzar a entender este infierno) y que se ha prolongado hasta el presente, es posible identificarse o al menos entender e identificarse con la trama de la novela “Patria o Muerte” de Alberto Barrera Tyzska. Cada escritor es perseguido por los fantasmas y personajes que luego transfiere a las páginas de la obra y Barrera lo hace como una manera de esa búsqueda de la comprensión de la realidad actual de Venezuela.

Leí el libro en unos pocos días. Las pausas que daba eran solo para darle salida a tanta saturación de la realidad venezolana. Si se vive en esta “casa de locos” que llamamos Venezuela es casi nulo el efecto sorpresa en lo que Barrera narra:la violencia, la muerte y el desconcierto que gira alrededor de un país y del personaje que la dominó en los últimos tres lustros: El teniente-coronel Hugo Chávez y más aun, sobre la incógnita y especulación alrededor de su enfermedad y muerte.

(III)

El problema de eso que ahora llamamos “Chavismo” es que no se trata de una ideología. Chávez no era un intelectual, como lo quisieron hacer ver sectores interesados luego del intento de golpe de estado en 1992 (y si hay alguna duda, revisen un libro que se llama “Una Banda Tricolor”, un texto plagado del más burdo patrioterismo y de lugares comunes que parece escrito por un adolescente sin formación), sino más bien un tipo que probablemente tuvo buenas intenciones (“La intención no basta” se dice en ocasiones con severidad para atacar los malos resultados de las buenas intenciones), que tuvo una oportunidad irrepetible en cuanto a apoyo y oportunidades para construir una nación próspera y laboriosa, pero que con el tiempo viró su visión y decidió construir un andamiaje que diera sostén a sus aspiraciones de mantenerse indefinidamente en el poder...pero que para su infortunio la muerte lo alcanzó en la cumbre de su proyecto, solo para heredarle su legado al más despistado de los miembros de su círculo íntimo.

(IV)

No me gustó la novela de Barrera. Entre otras cosas, me molesta que usara una forma literaria como panfleto publicitario para promocionar los libros de alguno de sus “panas” (amigos en Venezuela). Cualquier lector avisado se da cuenta de ese detalle. Eso ya de por sí descalifica cualquier propuesta de ficción. Pero también hay una carencia que toda buena ficción debe tener y es la credibilidad: Una buena ficción es capaz de hacernos creer aun lo que por sentido común sabemos que es imposible: Un hombre que se transforma en bicho o una mujer que tomando unas sábanas se eleva por los cielos. Aunque Barrera toma la cotidianidad venezolana como insumo, hay ciertos momentos en que la “realidad literaria” se ve demasiado forzada y se torna inaceptable o poco creíble para cualquier lector serio.


(V)

Además, leer la novela de Barrera y leer El Nacional” de los últimos 15 años no resulta distinto. Muerte, violencia, injusticia, desgobierno, desazón, incertidumbre, caos, desesperanza, chisme, información-desinformación, populismo, corrupción, patrioterismo, zozobra, mafia, gansters. Entre lo que narra Barrera y lo cotidiano no hay mayor diferencia. No agregó el elemento hedonista que una buena ficción )por más horrible que se a el tema) nos cuente. El único sentimiento que surge de la lectura (y que una simple visión de lo que nos rodea igual puede sugerir de la misma manera y hasta intensidad) es que estamos Venezuela está sumergida en la más putrefacta cloaca...y la esperanza de salir es casi nula. El chavismo logró degenerar al país de norte a sur, de arriba a abajo, de este a oeste, o sea, en cualquier dirección y sentido que recorramos. 

Jesús López Cegarra

sábado, noviembre 26, 2016

¿Dónde está Gabriel García Márquez?



Cuando era adolescente, en los cada vez más lejanos 1980, la moda junto con las hombreras, los calentadores y Madonna, era, en lo que a literatura se refería, Gabriel García Márquez. Todo parecía girar en torno a este escritor, que muy probablemente le disgustaba tanta celebridad. 

Más de un escribidor, periodista, columnista buscaba arañar el estatus de “intelectual” parafraseando (o deformando) los títulos de los libros o las frases del escritor. Particular saña se aplicaba con “Crónica de una muerte anunciada”. Por ejemplo, si un gobernante tomaba una mala decisión y las consecuencias de la misma se materializaba en el daño previsto, más de uno soltaba: “Pues esto no es más que la crónica de una muerte anunciada”. Si alguien había sido alguna vez una celebridad, pero era luego olvidado por cualquier motivo y alguien recordaba como ese antiguo encumbrado vivía el presente en la más extrema ignominia, pues se decía con aires intelectuales “Fulano no tiene quien le escriba”. Si alguien estaba en una mala racha, pues vivía su “Mala Hora”. Los títulos de esas obras de García Márquez se convirtieron, por imposición de la moda, en los más detestables lugares comunes que se podían proferir.

La izquierda en Latinoamérica se sentía feliz de contar entre los suyos a una celebridad leída (o conocida) por muchos, quien además no ocultaba su fascinación acrítica por el hoy fallecido Fidel Castro, dictador latinoamericano que por conveniencia abrazó la fe marxista-leninista a quien entonces muchos tontos aplaudían como el gran paladín de la lucha anti-imperialista, y que era el gran ícono de la pseudo rebeldía que sentía más de un “académico” de las Universidades Públicas que en su fuero interno se negaba a abandonar los gustos burgueses.

La derecha se dejaba enredar también por la celebridad del colombiano, bien sea posando para una foto, o reconociendo sus méritos, o contraponiendo como “mejor” escritor a Jorge Luis Borges, otro fetiche que oponían quienes se consideraban con gusto más refinado y que buscaban relegar a García Márquez a un fenómeno secundario algo superior a Corín Tellado. 

García Márquez no era un pensador, no era siquiera un ensayista (y no se entienda esto como una afrenta o menosprecio, es una opinión de buena fe). Siempre reivindicó su condición de reportero, de ser un instrumento para apreciar los hechos y sus protagonistas y transmitir su apreciación de la manera más pulida y adornada. Y eso no es una crítica en sí misma, porque realmente su virtud fue ser un gran orfebre, de una florida y fértil imaginación, que sabía cómo usar magistralmente la palabra para hacer hermosos  juegos pirotécnicos y dejar con la boca abierta a su espectador.
Por supuesto Borges y García Márquez eran grandes escritores. Ambos los leí y si me apuran, me parece que Borges era más cuidadoso en no publicar escritos que estuvieran por debajo de lo que se esperaba de él. Porque Borges, sin duda, era un campeón de la precisión y la concisión, virtudes con las que un escritor rara vez se equivoca.

García Márquez, luego de su Nobel de Literatura en 1982, con la excepción tal vez de “El Amor en los tiempos del cólera”, no publicó algo relevante. Bien visto, le ocurrió como a los Rolling Stones, lo verdaderamente notable lo hicieron en los años 1960. “El General en su laberinto” fue un intento algo flojo de ver el Bolívar de sus últimos días, “Memorias de mis putas tristes” un lamentable esfuerzo de sacarle dinero a los incautos lectores. “Vivir para contarla” son unas memorias soporíferas, que vienen a ser algo así como cuando un gran prestidigitador revela sus trucos, y todo aquello que parecía magia, no son más que pequeñas trampas, artilugios y distracciones. Con este libro, el escritor logra que el pueblo alucinante de Macondo y sus habitantes de ficción no sean más que cosas pedestres y terrenales. Ni hablar de “Del amor y otros demonios” y “Noticias de un secuestro”, libros realmente flojos.

 Con la edad y el tiempo ese prestigio y preponderancia mediática de García Márquez se fueron apagando. Ha caído lenta y fatalmente en un injusto olvido. ¿Sobrevivirá a esta indiferencia?... Bueno, por ahora lo está haciendo en Colombia… en forma de billete.



Jesús López Cegarra

viernes, noviembre 18, 2016

De cómo Bob Dylan ganó el premio Nobel hace muchos años



En ocasiones, cuando algún sueño queda ahí en la memoria sin que se borre, trato de tomar algún pedazo de papel y escribir lo que sale. Y así tengo esas notas por ahí, desordenadas, inorgánicas, esperando un algo que no logro descifrar. En uno de esos sueños, que debí tener probablemente hacia 2005-2006, tal vez antes (no estoy seguro, pero por algunas notas posteriores, estimo que por ahí estuvo el momento) grupos de minorías y bohemios habían postulado a un músico autor de canciones poéticas al premio Nobel de Literatura… y lo había recibido efectivamente. En lo que escribí del improbable sueño decía textualmente “…pero lo conquistó (el premio Nobel) y todos celebramos su discurso al recibirlo, lleno de metáforas y ¡claro! Con el lenguaje ambiguo que atrae (ilegible, a pesar de ser mi letra).” En el sueño Dylan tenía otro nombre ( Comte Bleu o Blue), pero era él.



Por supuesto que cualquier lector de estas notas podrá pensar que deseo reivindicar “facultades adivinatorias” y nada está más lejos de mi intención. Es solo que al revisar esas notas, veía en la entrega del premio a un músico que escribía letras maravillosas llenas de poesía, un acto de reivindicación al mensaje que esas letras buscaban transmitir, que frente a “… otros candidatos de “mayor jerarquía” (viejos escritores que lo esperaban como recompensa a su obra), era casi impensable que estos bohemios pudieran hacer tanta bulla y lograr que ese ídolo que en ocasiones ora permitió [a otros] conquistar a una chica con sus suaves melodías y ambiguas letras, ora permitía alzarse y protestar contra cualquier cosa, lograra ese ansiado premio …” se imponía una visión distinta y revolucionaria contra un orden establecido injusto.

Aunque hoy día sigo creyendo que la justicia social es un bien preciado que la humanidad debe buscar. Pero ese Premio Nobel que hace años en sueños veía con burla como la aspiración, la coronación a viejos escritores que lo ansían como la culminación a una carrera, hoy en día veo como esa crítica proveniente del fondo del inconsciente como dura e injustificada.

Hay que empezar por entender qué hace un escritor y qué hace un músico.  Un escritor plantea su obra como algo orgánico que se inicia en su mente y se plasmará en un formato que tendrá forma de libro. Existe público, un consumidor de estos libros. Hay ciertos escritores que por la forma, el estilo, profundidad en los temas, contenido se les atribuye un carácter “literario”. Aunque la palabra literatura se usa para obras en cualquier rama del conocimiento (literatura médica, por ejemplo), el sentido que le da la Academia Sueca (y el que los amantes de la literatura atribuimos) es para quienes usan la palabra para darle una forma artística, en una novela, un poema, un ensayo. Reducir la literatura a lo anterior puede ser muy limitativo y hasta injusto porque excluye las obras de carácter oral e incluso, a músicos como el caso de Dylan.

Por otro lado tenemos a un músico compositor (¿letrista?) que conjuga la música con letras de variado contenido. Un músico igual será conocido y apreciado en la medida que lleve su obra a un formato reproducible (un CD, un archivo digital). Al igual que en el mundo de los libros, hay de todo, desde lo intrascendente y puntual impuesto por moda, hasta lo más elaborado y complejo, en donde nuevamente podemos colocar a un Bob Dylan, al dúo Lennon y McCartney, entre otros.

El premio Nobel de Literatura, desde su creación, ha premiado obras y autores “literarios” como definíamos anteriormente. No se coló por allí alguien de las características de Dylan. Más bien se metieron un montón de desconocidos, algunos sobrevalorados y otros ya olvidados. Y han dejado por fuera a un importante grupo de excelsos escritores entre los que contamos a Jorge Luis Borges, León Tolstoi, James Joyce, Julio Cortázar.

Bajo la lógica de quienes han recibido el premio, es difícil entender la decisión de la Academia Sueca. ¿Buscaba la sorpresa para atraer un nuevo público, para aparentar o mostrar modernidad? Porque con cualquiera de los anteriores ganadores, los que estamos afuera más o menos sabíamos a qué atenernos. Cuando concedían el premio, a los pocos días uno pasaba por alguna librería para ver exhibidos los libros del laureado. Pero con Dylan… se buscan los CD (hoy en día un formato con los días contados), se acude al “streaming”, a la descarga por internet, a “YouTube”… ¿Qué se premió, la letra, la letra con la música, la letra la música y la interpretación?, pues según la Academia, se lo merece por “(…) haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense (…)” (sic).

Lo que me preocupa (una preocupación menor, pero preocupación al fin) que esta nueva tendencia pueda dejar por fuera a escritores que con toda justicia merecen el reconocimiento de Estocolmo. Hay dos nombres que me atrevo a sugerir: Milan Kundera y Paul Auster. ¡Proponga usted también los suyos!

Jesús López Cegarra

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