Terminator es quizás de las pocas películas con las
que cuento más recuerdo sobre el entorno del tiempo, lugar y personas con
quienes estuve. Fue en el cine “Glorias Patrias” en la ciudad de Mérida
(Venezuela). A pesar de que no se contaba con las ventajas de celulares y redes
sociales, un grupo de compañeros de clase del colegio “La Salle” logramos
ponernos de acuerdo para verla mediante la hoy primitiva y casi extinta
comunicación telefónica fija, que entonces era bastante deficiente. Estábamos
en el cuarto año de bachillerato y creo que ninguno de los que fuimos teníamos
suficiente “autonomía de vuelo” para ir por nuestra cuenta, así que todos
fuimos llevados y buscados por alguno de nuestros padres.
Tampoco era mucha la información que se podía sacar de una película. Era
muy exiguo lo que se publicaba en los medios de comunicación y muchas
decisiones sobre qué ver y su posible calidad, se extraía de la página que los
periódicos dedicaban a la cartelera de cines. Se juzgaba por la foto, por la
carrera de alguno de los actores y alguno que otro comentario sensacionalista
que podía acompañar a la publicación. Así que llegar en aquellas circunstancias
a Terminator fue casi una feliz coincidencia, sin siquiera imaginar que
esa obra, vista en un remoto establecimiento (hoy día inexistente) en una
ciudad de la provincia hoy también casi olvidada por la humanidad, se
convertiría en un verdadero fenómeno cultural que ha marcado a las generaciones
desde entonces, que su director sería uno de los más importantes del cine, pero
tal vez por encima de todo, anticiparía un tema que cada vez está en mayor
discusión: nuestra relación con la inteligencia artificial y la potencialidad
de una distopia.
Creo que hablo por todos quienes fuimos al decir que la película no nos dejó indiferente. La prueba es que al concluir e irnos incorporando para salir de la sala, había un murmullo de comentarios. El tema del viaje en el tiempo era parte de la discusión. ¿Era posible?, ¿Tenía sentido como se planteaba allí?, pero tal vez la pregunta que más se insistía era ¿Tenía sentido que Kyle Reese fuera el padre de John Connor? Según la lógica causa-efecto que limitadamente manejábamos, el padre de John Connor debía ser algún contemporáneo de Sarah Connor, luego John desde el futuro envía a Reese para salvar a su madre de la máquina asesina (interpretada muy bien por Arnold Schwarzenegger), por lo que al quedar embarazada, su hijo sería otro John Connor (no el que ya existía en el futuro), creando una inmensa y casi imposible de comprender paradoja del tiempo (que seria tratada por otro gran clásico, “Volver al futuro”). O sea, una variación de la llamada “paradoja del abuelo”. (En lo personal, el tema del tiempo y los viajes en el tiempo se convirtió en un tema recurrente en mi imaginación y en mis lecturas hasta la fecha)
El otro tema que tal vez no era fácil de visualizar
en ese momento, pero que hoy en día lo vemos más probable es que las máquinas,
creación humana, tomen conciencia y quieran destruir, sustituir o someter a su creador. Terminator es
sobre esa batalla: el hombre contra la máquina. La máquina, en ese futuro
propuesto por Terminator, se da cuenta de que el liderazgo de John
Connor y la “resistencia” es un factor desequilibrante en favor de los humanos,
por lo que matar a la madre antes de la concepción de John, es la solución para
ganar esa guerra. Connor por su parte envía a su “padre” para que cumpla las
dos misiones más importantes para el futuro de la raza humana: Salvar a
“Sarah” y dejarla embarazada.
El tema de las máquinas que adquieren consciencia b(hoy las llamamos “Inteligencia Artificial” – “IA o AI” por sus siglas en inglés) ha cobrado relevancia desde que la AI tiene una mayor presencia en la vida humana. Aunque se trata de una herramienta que puede ser de gran ayuda en muchas tareas (aunque demonizada por sectores como la de los escritores sindicalizados del cine y la televisión en USA), ha habido ciertas acciones perturbadoras de la AI, reseñadas por los medios de comunicación que pueden ser manifestaciones de ese futuro oscuro que Terminator nos enseña.
Jesus Lopez Cegarra