jueves, diciembre 25, 2025

Parte VII: La Solución Forzada al Problema Final: Holmes resucita

Un nuevo asesinato conmueve a la sociedad Londinense: Ronald Adair encuentra la muerte en “extraordinarias circunstancias”. Watson trata de usar el análisis que hizo tan famoso a Sherlock Holmes, pero está consciente de que la ausencia de su mente brillante es una carencia que da una gran desventaja para resolver el crimen y dar con el o los culpables. Sin embargo, cuando todo parece en contra, un extraño anciano cargado de libros se atraviesa en el camino de Watson. Luego, de manera imprevista llega a la residencia de Watson a hacerle una visita. Para sorpresa de Watson, el anciano era nada menos que el mismísimo Sherlock Holmes, vencedor de lo que parecía una muerte inevitable.

La ausencia de Holmes por varios años fue deliberada, pues la banda de Moriarty seguía activa y la manera adecuada de acabar con sus actividades criminales (a juicio de Holmes) era mantener la historia de su muerte vigente hasta atrapar a los miembros aún fuera de las rejas. Obviamente la historia que estructura ACD tiene algunas inconsistencias, pero los lectores eran recompensados con un regreso del mundo de los muertos de su querido héroe. 

La presión de los lectores parecía que surtía efectos, aunque el aspecto crematístico favorable al autor también tuvo un peso relevante en la restitución de Holmes.

Como decíamos anteriormente, el Profesor Moriarty, archienemigo de Holmes es mencionado de manera accesoria en la “El valle del miedo”. Es la mente maestra de una organización criminal de alcance internacional. Tengamos presente que esta novela fue publicada en 1915. Sin embargo, en 1893, en la colección de cuentos “Las memorias de Sherlock Holmes”, aparece “El Problema Final”. En el relato Holmes y Moriarty, en una lucha épica caen por las cataratas de Reichenbach, en un abrazo trágico que acaba con ambas vidas. 

Ahora bien, ¿qué pasaba por la mente de ACD cuando comete este filicidio literario contra una de las más famosas creaciones de todos los tiempos? La respuesta se enlaza con el motivo que inspiran estos ensayos sobre el tema: la impresión de ACD de que su talento literario debía estar enfocado en obras más relevantes. 

En el artículo “The hounding of Arthur Conan Doyle” publicado en “The Irish Times” (1) nos explica que el autor “quería ser recordado, no por sus enigmas de Baker Street, sino por sus libros de ficción histórica e historia militar” es decir, ACD quería trascender por ser una lectura seria.

Esa acción “filicida” causó una conmoción en el mundo literario inglés. La revista “Strand” donde se publicaban las historias de Sherlock Holmes, ve como 20.000 suscripciones se esfuman, cientos de personas salen a la calle con símbolos de luto y hasta el príncipe de Gales (y futuro Rey) se encuentra desolado por la pérdida de su héroe de ficción. (2)


Es interesante que este episodio en “El problema final” que tiene como punto culminante la muerte de Holmes, una vez más se enfatiza ese papel de cabeza  de una organización criminal de Moriarty, pero también nos muestra someramente los antecedentes de la mente criminal: es un intelectual académico de gran prestigio, con trabajos de investigación en el campo de las matemáticas, profesor universitario, pero con una tendencia hereditaria al mal. Su organización criminal es objeto de las investigaciones que ejecuta Holmes. Moriarty no es un criminal cualquiera, es su par en cuanto a capacidades e intelecto. 

“El problema final” no es un buen relato. ACD tiene la actitud de querer deshacerse de una sabandija muerta y maloliente. La trama es apresurada y contradictoria. Moriarty tiene al menos dos oportunidades para eliminar a Holmes, pero prefiere retarlo a pelear al borde de unas cataratas. Su resurrección tampoco da detalles relevantes y suma más contradicciones. Pero a fin de cuentas, un héroe regresa de lo que parece un destino sin retorno. A su manera me recuerda cómo la industria del entretenimiento revive del sueño eterno a personajes que legalmente habían sido declarados muertos. 


Referencia:

(1) https://www.irishtimes.com/news/the-hounding-of-arthur-conan-doyle-1.323267

(2) Jaume, Andreu Introducción en Sir Arthur Conan Doyle Sherlock Holmes Relatos I. Penguin Clásicos, 2015.  


domingo, diciembre 14, 2025

Parte VI: El valle del miedo

 En la cuarta novela de Sherlock Holmes, “El Valle del Miedo”, ACD usa el mismo recurso narrativo de “Estudio en Escarlata”, una narración inicial en la que el Dr. Watson da cuenta de la investigación de un extraño asesinato, que en cierto momento es cambiado por una narración omnisciente que lleva a los antecedentes: se inician en América, se enlaza con el asesinato que nuestro detective investiga, para luego retornar al presente y dar las últimas explicaciones de cómo concluye el caso. Toda esta exposición nos lleva a una sociedad secreta que aterroriza a una comunidad, mientras las autoridades hacen su esfuerzo para reducir y acabar con ese grupo.

¿Tiene valor literario esta novela? Por supuesto que lo tiene en el sentido que es entretenida, se presentan todos los elementos de misterio, análisis para determinar las causas y autores del crimen, y la explicación de antecedentes, en sí misma tiene su peso, no solo para entender el contexto, sino que agrega un nuevo giro en la trama (el primero es cuando Holmes revela quien es el verdadero asesino).

Sin embargo, es aquí donde se ve la diferencia con el “Perro de los Baskerville”, en la que el peso narrativo lo tiene Watson, y eso añade una capa de misterio porque el lector sabe


que hay un elemento casi metafísico que los investigadores tratan de desentrañar, y esto mantiene mayor tensión en la trama. 

De las curiosidades de la novela, está la presencia muy tangencial del “Profesor Moriarty” al principio de la novela (cuando están desentrañando un mensaje críptico relacionado con un crimen) y al final cuando ante un nuevo crimen, Holmes afirma:

No, no, no se equivoque —dijo Holmes—. Detrás de esto hay una mano maestra. No es un caso de escopetas de cañones recortados y burdos revólveres con tambor de seis balas. Se puede distinguir a un maestro consagrado por el trazo de su pincel. Puedo reconocer un Moriarty en cuanto lo veo.

En esa sentencia de Holmes se asoma una batalla final en un sentido completamente maniqueo. Sin embargo, esa conflagración nunca tuvo lugar. 

Por otra parte, el Profesor Moriarty está presente en el universo de Holmes. Una de las narraciones relevantes Moriarty es en el cuento “El problema final”. En ella tiene lugar la “muerte” de Holmes, pero ya tendremos ocasión de hablar de este relato y de Moriarty.

Jesus Lopez Cegarra


domingo, noviembre 30, 2025

Parte V: El Perro de los Baskerville

De las cuatro novelas que forman el particular universo de Sherlock Holmes, es quizás “El Perro de los Baskerville” la que tiene todos los elementos para ser considerada la mejor. Desde el mismo inicio logra cautivar al lector, quien a lo largo de la narración quiere conocer la explicación racional a esta maldición que ha llevado a la trágica muerte de integrantes de distintas generaciones de esta familia.

La novela comienza con un tono ligeramente humorístico, cuando Holmes reta a Watson a usar el método analítico deductivo y sacar toda la información posible de un bastón que ha sido olvidado por alguien en su residencia. Aunque Watson logra en principio conclusiones bastante acertadas, Holmes lo colma con otras que dejó por fuera, para luego ambos ser sorprendidos por la realidad: ambos tuvieron su cuota de aciertos y errores cuando se presenta el propietario del objeto, el Doctor Mortimer.

El Dr. Mortimer busca los servicios de Holmes para resolver la misteriosa muerte de Charles Baskerville, recientemente acontecida, pero lo que es más intrigante aun, su muerte va unida a una leyenda que relaciona a la familia, al lugar (los páramos de Dartmoor) y a una bestia de proporciones demoníacas. Aunque la muerte de Baskerville se podía atribuir a un paro cardíaco, su rostro de terror cuando fue hallado así lo sugerían, pero el detalle más alarmante eran las enormes huellas de un canino.

Quien sería el último descendiente de los Baskerville, Henry, visita también a Holmes en busca de ayuda. Pero su llegada va también generando eventos cuya conexión, desaparecen sus botas, los están espiando y hasta alguien se hace pasar por Holmes den este juego de persecuciones. Estos extraños acontecimientos le hacen concluir a Holmes que está frente a un adversario que está a su altura. El desarrollo de los hechos demuestran que efectivamente el rival es una persona en extremo calculadora, sin ningun tipo de restriccion moral y dispuesto a cualquier cosa para lograr sus objetivos.

La novela logra mantener la tensión en una atmósfera entre lo paranormal (que en momentos se impone y hasta el mismo Dr. Mortimer parece darle crédito y la racionalidad, representada por Holmes y Watson. El grave aullido de una bestia logra perturbar aún más la desolada quietud de los páramos. La maldición de los Baskerville es la explicación más plausible entre tanto misterio.

Desde el punto de vista narrativo, es Watson quien va narrando los hechos, quien, a instancia de Holmes, se muda a la mansión de los Baskerville para proteger a Sir Henry. Holmes permanece en Londres para atender algunos asuntos que requieren su presencia. Es solo s través de la experiencia de Watson que vamos conociendo los detalles del enigma que pudiera terminar con la vida de Baskerville. Quienquiera que sea el potencial asesino usa recursos y actúa con habilidad que pueden romper el precario equilibrio. Holmes, quien se incorpora en la investigación de manera imprevista está consciente que cualquier error puede dar al traste con la misma, y peor aún, acabar con la vida de un inocente.

 Jesus A. Lopez Cegarra

domingo, octubre 26, 2025

Una lectura seria (Parte IV)

La obra que presentó al publico a los dos héroes (John Watson y Sherlock Holmes) es la novela “Estudio en Escarlata”.  Es también acá donde ellos se conocen y establecen la relación de amistad y profesional que los unirá por muchos años, aunque interrumpida en ocasiones por el matrimonio y el ejercicio de la medicina por parte de Watson. Así lo afirma el propio Watson en el relato “Escándalo en Bohemia”:

Últimamente yo había visto poco a Holmes. Mi matrimonio nos había distanciado. Mi completa felicidad y los intereses centrados en el hogar que envuelven al hombre que se ve por primera vez dueño y señor de su propia casa, absorbían toda mi atención, mientras Holmes, cuya misantropía le alejaba de cualquier forma de sociabilidad, seguía en nuestras dependencias de Baker Street, enterrado entre sus viejos libros, y oscilando, semana tras semana, entre la cocaína y la ambición, entre la somnolencia e la droga y la fiera energía de su ardiente naturaleza. Le seguía atrayendo profundamente, como siempre, el estudio del crimen, y dedicaba sus inmensas facultades y sus extraordinarios poderes de observación a seguir unas pistas y desvelar unos misterios que la policía había abandonado como imposibles. De vez en cuando me llegaba una vaga noticia de sus actividades…

En “Estudio en Escarlata” se presentan varios elementos que definirán quienes son nuestros personajes, cómo se conocieron, a qué se dedican y cuales son sus intereses. Como en la mayoría de las novelas y relatos de Holmes, es Watson el narrador y el cronista que va registrando con detalle sus casos. Sabemos que Watson es un médico que participa como cirujano auxiliar en la “Segunda Guerra de Afganistán”, en donde sufrió heridas de importancia. En su regreso a Londres estaba en la búsqueda de un lugar donde vivir a un precio asequible, preferiblemente compartido con alguien, para así disminuir gastos. La solución viene a través de quien fuera su ayudante, quien conoce a alguien (un colega) que está en esa misma búsqueda. Y así le presenta a Holmes.

De este encuentro se derivan al menos dos aspectos que van a ser esenciales las demás aventuras de Holmes: La personalidad inquieta y enfocada de Holmes para resolver las investigaciones que enfrenta (Holmes le aclara a que su profesión es “detective consultor”), su aguda capacidad de observación y análisis, aplicando todos los conocimientos técnicos que ha aprendido en su carrera, para deducir el qué, cómo y quiénes del caso en estudio. También aprendemos de la faceta oscura de su personalidad: sus estados melancólicos (depresivos). Otros textos mostrarán el uso de drogas para aliviar sus estados. Y también nos se presenta esa coordenada geográfica aún hoy famosa: 221 B Baker Street. 

Para demostrar sus capacidades, Holmes usa al propio Watson como objeto de su método, y deduce todo lo relacionado con su profesión, participación en la guerra de Afganistán y hasta de las heridas sufridas. Curiosamente, Watson le hace saber que todo cuanto le presenta le recuerda a otro detective literario, Auguste Dupin de Edgar Allan Poe. Sin embargo, la comparación no es bien apreciada por Holmes, quien contrarréplica con sarcasmo:

Sin duda usted cree hacerme un cumplido al compararme con Dupin —arguyó—. Pero, en mi opinión, Dupin no valía gran cosa. Ese truco suyo de irrumpir en los pensamientos de sus amigos con una observación pertinente, tras un cuarto de hora de silencio, es realmente muy artificioso y superficial. No carece, sin duda, de cierto talento analítico, pero no era, en modo alguno, el prodigio que Poe parecía imaginar.”

(Sin embargo, poco más adelante Watson/ACD tratan de suavizar el arrebato de Holmes contra Dupin/Poe diciendo: “A mí me pareció bastante indignante que tratara con tanto desdén a dos personajes que habían suscitado mi imaginación”. Más adelante haremos algunas menciones de Poe y el Detective Dupin).

Estos elementos introductorios son de gran relevancia para el desarrollo posterior de nuestros héroes, aunque la novela tiene varias debilidades en cuanto a estructura y técnica narrativa.


Primero hay un escaso desarrollo de los personajes que están envueltos en el crimen. Es poco lo que se logra saber de ellos, quienes son y qué los motiva. En segundo lugar, la narración comienza desde el punto de vista de Watson, para luego mudarse a un narrador Omnisciente que se traslada a Utah, y desde esa perspectiva explicar y desarrollar una historia que va a derivar en el crimen en Londres, para luego salir otro narrador (que no se entiende quién es) que concluye esa etapa del  relato diciendo: “En cuanto a lo que allí sucedió, lo mejor será reproducir el relato del viejo cazador, tal como consta en el diario del doctor Watson, al que expresamos nuestra profunda gratitud”  y acá vuelve la narración a Watson, en un capítulo llamado (para mayor confusión en cuanto al punto de vista narrativo) “CONTINUACIÓN DE LAS MEMORIAS DE JOHN H. WATSON, DOCTOR EN MEDICINA”. 

Jesus Lopez Cegarra


domingo, octubre 19, 2025

Una lectura seria Parte III

En las distintas aventuras y casos de Sherlock Holmes, vamos apreciando un hombre lleno de contradicciones. Sus mayores virtudes son su aguda capacidad de observación unida a una memoria usada casi en exclusividad para guardar conocimientos solo aplicables (y que de hecho aplica) a los casos que resuelve o busca resolver. Sin embargo, cualquier otro conocimiento que no presente esa ventaja práctica, le rehúye. No quiere que ese material ocupe en su cabeza espacio o desplace aquello que pueda aplicar.

Así entonces es capaz (hasta extremos que rayan en lo absurdo) de determinar con precisión exacta, las vivencias y andanzas de cualquiera que entre en contacto con él. Por ejemplo, en “Escándalo en Bohemia”, el Dr. Watson decide después de un largo de tiempo de no ver a Holmes, visitarle. Holmes, a los pocos minutos del encuentro , y con solo algunos detalles, invisibles para el ojo no entrenado, determina el estado emocional, andanzas y actividad profesional de su viejo compañero y cronista:

“- Le sienta bien el matrimonio —observó—. Me parece, Watson, que ha engordado siete libras y media desde la última vez que le vi.

- ¡Siete! —respondí.

- Vaya, yo habría dicho que un poco más. Solo un poquito más, Watson. Y observo que ejerce de nuevo. No me dijo que tenía intenciones de volver a su trabajo.”

Y luego le expone sus deducciones:

“—Es lo más sencillo del mundo —dijo—. Mis ojos me indican que en la parte interior de su zapato izquierdo, justo donde da la luz del fuego de la chimenea, el cuero está marcado con seis rayas casi paralelas. Es obvio que las hizo alguien que rascó con muy poco cuidado el borde de la suela para desprender el barro incrustado. De ahí mi doble deducción de que ha estado a la intemperie con mal tiempo y de que tiene un espécimen particularmente maligno de rajabotas como criada londinense. En cuanto a su actividad profesional, si un caballero entra en mis aposentos oliendo a yodoformo, con una negra mancha de nitrato de plata en el dedo índice de la mano derecha y un bulto en el lado del sombrero de copa donde esconde el estetoscopio, debería ser realmente lerdo para no identificarlo como un miembro activo de la profesión.”

Watson queda sorprendido por las conclusiones acertadas de Holmes. Sin embargo, para cuando tienen lugar los acontecimientos de “Escándalo en Bohemia”, ya han sido muchos los casos en los que ambos han estado envueltos, y parece casi increíble que aún se sienta maravillado por sus deducciones y sobre todo por el proceso mental de Holmes para llegar a ellas. Se lo ha demostrado desde su primera aventura, “Estudio en Escarlata” que es cuando por primera vez se conocen, obra a la que volveremos más adelante.

Holmes además es capaz de sacrificios físicos muy exigentes con el fin de resolver un caso o proteger a su cliente, aun a riesgo de su integridad física. Muchos son los ejemplos que un curioso lector puede encontrar a lo largo de la obra con Holmes, pero por citar alguno, el relato “Escándalo en Bohemia” da una idea de lo que era capaz de hacer.

Porque cada caso, cada aventura de Holmes es un desafío profesional, intelectual y de satisfacción a su propio ego. En ellos aplica sus “métodos” y herramientas, que, analizando en un sentido crítico, se tratan de usar la observación para y recabar detalles casi insignificantes para extraer conclusiones que, en condiciones normales, serían inaceptables en una corte, por carecer de suficiente rigurosidad científica o forense, pues a lo sumo se tratan de indicios que eventualmente pudieran conducir a pruebas concluyentes sobre la culpabilidad.

Al igual que otros detectives notorios de la literatura, de distintos tiempos y generaciones, Holmes tiene el cumplimiento de la Ley como un norte en su conducta profesional, pero no el único. Un sentido personal de la justicia puede prevalecer y darles una nueva oportunidad a personas que, aun infringiendo normas formales, pueden aprender de sus errores para regenerarse y llevar en lo sucesivo, una vida ajustada a una moral elevada.   

En “La aventura del Carbunclo azul”, Holmes justifica su elección de no denunciar a un sujeto que fingió una falsa identidad así:



"(..) la policías no me paga para que cubra sus deficiencias. Si Horner corriera peligro sería otro cantar, pero este tipo no comparecerá para declarar contra él y el proceso no seguirá adelante. Seguro que estoy que indultando a un delincuente, pero es posible que esté salvando un alma."

Jesus Lopez Cegarra

sábado, septiembre 27, 2025

Una lectura seria (Parte II)


En varias ocasiones quise releer las historias de Holmes. Siempre las he recordado como lecturas gratas, capaces de mantenerme en vilo y al ir a dormir, esperar con ansias volver a la mañana siguiente a esas páginas llenas de misterios por resolver, centradas en ese personaje de personalidad magnética y su fiel cronista, el amable Doctor Watson. 

Pero siempre me abstenía de hacerlo, pues luego de muchos años, temía que esas novelas y cuentos tuvieran “fallas estructurales”, o para decirlo de manera más llana “se le vieran las costuras. Con otras obras he tenido sentimientos similares, como sucedió con “Los Tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas, obra a la que también le guardo un cariño especial, porque al igual que Holmes, me llevaron horas del mejor entretenimiento posible. 

Sin embargo, una edición atractiva de la editorial Penguin armada con tres gruesos volúmenes con el título “Todos los casos de Sherlock Holmes” me llenó de curiosidad. En su momento, pensé que había leído todo lo que había del afamado detective, pero encontré que había más, y la curiosidad pudo más que el prejuicio formado en mi mente. En efecto había más material de Holmes del que tenía conocimiento, especialmente en la parte los relatos, porque las novelas de Holmes son cinco: Estudio en Escarlata, El Signo de los cuatro, El Perro de los Baskerville y El Valle del Miedo.



Pero ese prejuicio venía con una razón de por medio. Un amigo que conocí en Caracas cuando me fui a vivir allá, Víctor Manuel Reinoso, era un lector furioso de esos subgéneros de la literatura que yo desconocía entonces y que denominaban “Novela Negra”, estilo literario que en cierta manera se contraponía a obras como las de AC y Holmes, aunque en gran medida, eran la fuente de su origen. 

 “La Novela Negra” se deriva de las novelas policiacas o de detectives, aunque estás están más centradas en la resolución de un misterio, generalmente algún tipo de crimen como podía ser un el “crimen de salón”, en donde la acción sucede en un espacio cerrado, con un grupo pequeño de personas y a través de la mente brillante de un detective, se van estableciendo las causas que cada uno pudo tener con el hecho, para finalmente develar el autor y juega un papel importante la psicología y las motivaciones que las evidencias que condujeran a conocer la identidad del criminal. Agatha Christie es por mucho la exponente más conocida de este género, aunque en lo personal, nunca me gustó, aunque el verdadero precursor es del género Edgar Allan Poe con los “Crímenes de la Calle Morgue”. 

Había también otro tipo de relatos que, aunque busca igualmente resolver el misterio, usa más la deducción, unida a observaciones agudas y aplicación del conocimiento “científico” para con una base más lógica, dar con la respuesta. Acá es donde se mueve nuestro personaje Sherlock Holmes.

La novela negra, por su parte empuja las limitadas fronteras del crimen de esas obras detectivescas a la realidad de la calle. La sociedad aparece más como un conglomerado difuso. Ya no son los aristócratas en una mansión los protagonistas, sino personas de carne y hueso en un entorno más hostil. 

Ya no es extraño enfrentar a un policía o un político corrupto, a algún poderoso, o que los propios detectives héroes se vean también impelidos a cometer algún acto contrario a la ley con el fin de resolver un crimen o preservar la integridad de alguien que es víctima de alguna circunstancia opresiva. El crimen de la novela ya no es un misterio de ajedrez que requiere una unica solución, el crimen es más un elemento de la vida cotidiana, que con frecuencia no termina en la anhelada justicia. En la novela negra, el detective (llámese Phillip Marlowe o Sam Spade) es un elemento clave, también lo podía ser el criminal, y la historia ser contada desde su perspectiva, como el caso de Tom Ripley. 

De este género, los autores que leí con gran placer fueron Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Patricia Highsmith.

Aunque la novela negra pasó por mucho tiempo a ser la lectura que más ocupaba mi tiempo, siempre la relacioné con esas aventuras creadas en lamente de ACD y personificadas por Sherlock Holmes, pero ya esos juegos intelectuales de descubrir el crimen en base a pura especulación deductiva y científica (y hasta pseudo científica) me parecían una etapa superada.

Sin embargo, esta nueva revisita a ACD y Holmes han sido de interés. Se trata de una lectura más madura, aunque ahora abundan por tanto los momentos en que me exasperan un poco esas especulaciones que pueden rayar en lo ridículo, pero también valoro esa capacidad de ACD de mantener al lector fiel a la historia hasta el final, así se sepa de antemano de esas fallas que antes mencionaba.


sábado, septiembre 20, 2025

Una lectura seria – Parte I

Hace unos cuantos años, no menos de veinte según mis cuentas, hablaba con una persona a quien por algún tiempo considere amigo, y quien al igual que yo, se percibía como un “lector curioso”, por definirlo de alguna manera.

Un “lector curioso” pudiera ser alguien que no se enfoca en un solo tema y que la lectura es más un placer que una obligación, es un escape, vivir una realidad alterna construida en nuestra mente a partir de las palabras escritas. Es el goce a través de textos que tienen el don especial de estar bien elaborados, que plantean al lector una propuesta estética, más allá del contenido. Ortega y Gasset u Octavio Paz son grandes estilistas con independencia de las ideas filosóficas que buscan desarrollar.

El asunto es que este amigo me preguntaba que estaba leyendo en ese momento. Era una novela de Arthur Conan Doyle -ACD en lo sucesivo - (no relacionada con su personaje “Sherlock Holmes”, creo que era “La tragedia del Korosko” aunque pudo haber sido otra). Pero mi amigo me recriminó porque pensaba que yo leía “cosas serias”. 

En ese momento me extrañó el comentario y sobre todo ese ataque velado a ACD. Creo que se trataba más de un prejuicio basado en la ignorancia, porque aunque son muy pocos que puedan dar cuenta de cualquiera de sus libros fuera del mundo de Sherlock Holmes, obviamente su gran aporte fue la creación y el universo particular de este detective, que caló profundamente en la cultura popular y que pervive en el imaginario colectivo como alguien que tuvo o tiene una existencia real en el mundo de los humanos.

Pero esa recriminación al valor literario de ACD, ¿es justo o puede contar con la deferencia de ser recomendado porque su obra refleja los elementos que le atribuimos a la buena literatura? Porque acá dejo otro planteamiento. ¿Es la popularidad de un libro un factor de advertencia, un “no-no”?, O más aun, ¿Qué podemos concluir de ese raro fenómeno en el que el personaje creado gana una fama que sobrepasa a su creador, el “Deicida” del que habla Mario Vargas Llosa es sepultado por uno de sus personajes?

El mismo ADC llegó a molestarse con su creación, porque su fama alejaba a los lectores de lo que el consideraba que había otras obras que merecían mayor reconocimiento, y esa animadversión llegó al punto que mató a Holmes de mano de su némesis, el Dr. Moriarty. (Recuerdo que cuando leí en mi juventud el relato de la muerte de Holmes, sentí indignación y hasta cierto sentimiento de luctuoso, aun cuando estaba consciente de que su autor lo iba a “resucitar” … 

La indignación de los lectores llegó a tal punto que aplicaron lo que hoy llamamos “cultura de cancelación contra la revista que publicaba las historias, y el mismo ACD supo que la muerte de Holmes también tendría un impacto en sus finanzas. ¿Acaso tal vez el cine y la televisión no le debe a ACD su reconocimiento de traer de entre los muertos ciertos personajes que luego entendieron que aun tenían “potencial “económico?)

Por mi parte, he sido lector de ACD, y he encontrado gratos momentos en la lectura de sus obras, desde los cuentos y novelas de Sherlock Holmes, hasta las obras serias que ACD quería que fueran la verdadera referencia a su obra, aunque muchos de estas obras serias, he olvidado el nombre y contenido, o solo guardo un recuerdo muy brumoso de su trama. La “Amnesia in literis” a la que se refería Patrick Suskind. 

Jesus Lopez Cegarra


miércoles, febrero 19, 2025

Un repaso a Terminator (James Cameron)


Terminator es quizás de las pocas películas con las que cuento más recuerdo sobre el entorno del tiempo, lugar y personas con quienes estuve. Fue en el cine “Glorias Patrias” en la ciudad de Mérida (Venezuela). A pesar de que no se contaba con las ventajas de celulares y redes sociales, un grupo de compañeros de clase del colegio “La Salle” logramos ponernos de acuerdo para verla mediante la hoy primitiva y casi extinta comunicación telefónica fija, que entonces era bastante deficiente. Estábamos en el cuarto año de bachillerato y creo que ninguno de los que fuimos teníamos suficiente “autonomía de vuelo” para ir por nuestra cuenta, así que todos fuimos llevados y buscados por alguno de nuestros padres.

Tampoco era mucha la información que se podía sacar de una película. Era muy exiguo lo que se publicaba en los medios de comunicación y muchas decisiones sobre qué ver y su posible calidad, se extraía de la página que los periódicos dedicaban a la cartelera de cines. Se juzgaba por la foto, por la carrera de alguno de los actores y alguno que otro comentario sensacionalista que podía acompañar a la publicación. Así que llegar en aquellas circunstancias a Terminator fue casi una feliz coincidencia, sin siquiera imaginar que esa obra, vista en un remoto establecimiento (hoy día inexistente) en una ciudad de la provincia hoy también casi olvidada por la humanidad, se convertiría en un verdadero fenómeno cultural que ha marcado a las generaciones desde entonces, que su director sería uno de los más importantes del cine, pero tal vez por encima de todo, anticiparía un tema que cada vez está en mayor discusión: nuestra relación con la inteligencia artificial y la potencialidad de una distopia.

Creo que hablo por todos quienes fuimos al decir que la película no nos dejó indiferente. La prueba es que al concluir e irnos incorporando para salir de la sala, había un murmullo de comentarios. El tema del viaje en el tiempo era parte de la discusión. ¿Era posible?, ¿Tenía sentido como se planteaba allí?, pero tal vez la pregunta que más se insistía era ¿Tenía sentido que Kyle Reese fuera el padre de John Connor? Según la lógica causa-efecto que limitadamente manejábamos, el padre de John Connor debía ser algún contemporáneo de Sarah Connor, luego John desde el futuro envía a Reese para salvar a su madre de la máquina asesina (interpretada muy bien por Arnold Schwarzenegger), por lo que al quedar embarazada, su hijo sería otro John Connor (no el que ya existía en el futuro), creando una inmensa y casi imposible de comprender paradoja del tiempo (que seria tratada por otro gran clásico, “Volver al futuro”). O sea, una variación de la llamada “paradoja del abuelo”. (En lo personal, el tema del tiempo y los viajes en el tiempo se convirtió en un tema recurrente en mi imaginación y en mis lecturas hasta la fecha)


El otro asunto que tal vez no era fácil de anticipar en ese momento, pero que hoy en día lo vemos más probable es que las máquinas, creación humana, tomen conciencia y quieran destruir, sustituir o someter  a su creador. Terminator es sobre esa batalla: el hombre contra la máquina. La máquina, en ese futuro propuesto por Terminator, se da cuenta de que el liderazgo de John Connor y la “resistencia” es un factor desequilibrante en favor de los humanos, por lo que matar a la madre antes de la concepción de John, es la solución para ganar esa guerra. Connor por su parte envía a su “padre” para que cumpla las dos misiones más importantes para el futuro de la raza humana:  Salvar a “Sarah” y dejarla embarazada.

El tema de las máquinas que adquieren consciencia (a las que hoy  llamamos “Inteligencia Artificial” – “IA o AI” por sus siglas en inglés) ha cobrado relevancia desde que la AI tiene una mayor presencia en la vida humana. Aunque se trata de una herramienta que puede ser de gran ayuda en muchas tareas (aunque demonizada por sectores como la de los escritores sindicalizados del cine y la televisión en USA), ha habido ciertas acciones perturbadoras de la AI, reseñadas por los medios de comunicación que pueden ser manifestaciones de ese futuro oscuro que Terminator nos enseña.

Jesus Lopez Cegarra

domingo, noviembre 10, 2024

José Ortega y Gasset (1883-1955): Relectura de “La rebelión de las masas”


De la ingente obra del filósofo español José Ortega y Gasset, quizás sea “La rebelión de las masas” la más recordada y siga teniendo resonancia en el presente, a pesar de los casi cien años desde su primera publicación. Su lectura no deja indiferente a quienes se aproximan a esta obra, primero porque su prosa (en esta o en cualquiera de sus escritos) es estéticamente agradable, pero también porque muchas de sus ideas han superado la barrera del tiempo y siguen teniendo vigencia y nuevas interpretaciones.

Aunque el título del libro pudiera dar la idea profética de advertencia sobre lo que pudiera suceder, Ortega explica que el advenimiento de las masas al pleno poder social es un hecho de “la hora presente”, por tanto, ya existe y está entre nosotros; no es una premonición. Ortega quiere explicar las bases de su aparición, entenderla y qué pudiera estar de parte nuestra para revertir lo que luce como la decadencia de la civilización moderna.

Ortega contrapone dos conceptos: “Aristocracia” y “Hombre-Masa”, pero en el contexto de su libro, “Hombre-Masa” o Masa es un ser genérico, que no se diferencia de otros, que carece de alguna cualidad que lo eleve. Por el contrario, existe otro sector, minoritario de aquellos que se exigen más. Ortega aclara que ese “hombre selecto” no es el petulante que se cree superior a los demás. No se trata de una división de clases sociales que de personas que cuentan o carecen de determinadas cualidades.

Las Masas han pasado a sustituir el concepto de “Sociedad” y actividades que parecían reservadas a una minoría, pueden acceder sin estar mejor preparadas, sin sentido histórico ni crecimiento espiritual, y en palabras del filósofo “(…) actúa directamente sin ley, por medio de materiales presiones, imponiendo sus aspiraciones y sus gustos”. (P.44)

Advierte Ortega de una situación que nos es más cercana en el presente cuando nos explica: “Hoy, en cambio, el hombre medio tiene las «ideas» más taxativas sobre cuanto acontece y debe acontecer en el universo. Por eso ha perdido el uso de la audición. ¿Para qué oír, si ya tiene dentro cuanto hace falta? Ya no es sazón de escuchar, sino, al contrario, de juzgar, de sentenciar, de decidir. No hay cuestión de vida pública donde no intervenga, ciego y sordo como es, imponiendo sus «opiniones».

Hoy día, con la presencia de nuevas tecnologías y formas de comunicación como Internet y las Redes Sociales, vemos como la presencia de la “Masa” se evidencia aún más, pues cuenta con un acceso casi ilimitado y de alcance mundial para difundir sus opiniones desinformadas, sus prejuicios y distorsiones, pero lo que es más peligroso aun, a conectarse con otros que comparten sus mismas obsesiones y manías, siendo la masa el blanco fácil de quienes inescrupulosamente buscan sembrar determinadas ideas para ganar algún beneficio político o social, generalmente en detrimento de erosionar las libertades individuales y políticas.

Cuando las redes sociales emergieron hace más de una década, se pensaba que al tener la sociedad nuevas plataformas para expresarse directamente, estaríamos más cerca de una sociedad más justa, más equilibrada, mejor informada y más temida por quienes detentaran el poder. La realidad está muy lejana a ese mundo ideal. Ya también Ortega nos orientaba en este sentido: “Pero ¿no es esto una ventaja? ¿No representa un progreso enorme que las masas tengan «ideas», es decir, que sean cultas? En manera alguna. Las «ideas» de este hombre medio no son auténticamente ideas, ni su posesión es cultura. La idea es un jaque a la verdad. Quien quiera tener ideas necesita antes disponerse a querer la verdad y aceptar las reglas de juego que ella imponga. No vale hablar de ideas u opiniones donde no se admite una instancia que as regula, una serie de normas a que en la discusión cabe apelar. Estas normas son los principios de la cultura. No me importa cuáles Lo que digo es que no hay cultura donde no hay normas a que nuestros prójimos puedan recurrir. No hay cultura donde no hay principios de legalidad civil a que apelar.”  (P.84)

El conocimiento y la verdad han sido suplantados por cortos videos en redes sociales, por noticias falsas con apariencia verosímil (o Fake News) para gente (masa) enviciada con el “Doomscrolling” o teniendo como referencia y modelo a lo que hoy se conoce como “Influencers”, quienes generalmente andan tras la caza de “seguidores” y “me gustas”, ejecutando todo tipo de maniobras cuestionables.

Estas nuevas tendencias no hacen sino acentuar los conflictos que la masa representa para el mundo y que las soluciones hoy deben buscarse requieren un alcance mayor, pues ahora con la presencia de internet y las Redes Sociales, ciertas fronteras o problemas que podían considerarse domésticos han alcanzado al mundo civilizado. Las masas cuentan ahora con un elemento que hace más inmediata lo que Ortega denomina la “acción directa”. Explica Ortega: “La civilización no es otra cosa que el ensayo de reducir a fuerza a última ratio. Ahora empezamos a ver esto con sobrada claridad, porque la «acción directa» consiste en invertir el orden y proclamar la violencia como prima ratio; en rigor, como única razón. Es ella la norma que propone la anulación de toda norma, que prime todo intermedio entre nuestro propósito y su imposición es la Charta Magna de la barbarie.”  (p.87)

La Rebelión de las masas nos advierte sobre los peligros que se ciernen sobre los sistemas de libertades y la democracia cuando son dominadas por estas masas que no sienten ningún tipo de responsabilidad en la vida pública. La libertad, como lo plantea Ortega, significa convivir con el enemigo, gobernar con la oposición, un estado paradójico y antinatural. Pero incompatible con la masa, pues sentencia el filósofo: “La masas (…) no desea la convivencia con lo que no es ella. Odia a muerte lo que no es ella.” (p.88)

Ortega nos enseña que las libertades no son beneficios que se deben tomar como derechos naturales: Su conquista ha sido una lucha, pero sobre todo, es un artificio que el mismo hombre ha durante años y creado para sumar felicidad para todos. Es responsabilidad de cada quien saber que son preciados y su permanencia es responsabilidad de cada uno de nosotros. 

Jesus Lopez Cegarra

Ortega y Gasset, José. La rebelión de las masas. Orbis, 1983.

sábado, abril 27, 2024

La Carta desgraciada

 

Esa carta desgraciada

Puño y letra

De mi amada

Gualberto Ibarreto

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se ausenta por unos días de la vida pública para decidir sobre un tema trascedente: ¿Debe o no continuar en sus funciones públicas? No es una pregunta menor.  

Su drama hamletiano comienza por una investigación judicial a su esposa, por un tema intrincado con el ejercicio del poder: la “corrupción administrativa”.

Pero sus dudas trascendentales las expone en una carta pública. El destinatario de esta misiva; “La Ciudadanía”.

La pregunta que surge en mi mente es… ¿Quién es la “Ciudadanía”? ¿Quién considera Sánchez es el receptor de esa desesperada misiva, es decir, quién es ese “ciudadano” a quien el presidente español se dirige con tanta urgencia?

Si tomamos y le damos credibilidad al “Diccionario de la Real Academia Española”, la incertidumbre no parece esclarecerse. 

Buscando las acepciones de la palabra “ciudadanía” en el aludido diccionario, las dudas no se esclarecen, por el contrario, se vuelve todo más turbio, porque hay que buscar quién el receptor de ese mensaje a quien con tanta premura Sánchez quiere comunicarse.

Cuando se define “Ciudadanía”, el Diccionario hace referencia a la “Cualidad y derecho de ciudadano.”, es decir, la inquietud de Sánchez tiene un destinatario: el “Ciudadano”.

Hay varias acepciones que la autoridad lingüística acepta para “Ciudadano”. Dice en primer lugar que es el “Natural o vecino de una ciudad”, acepción que no ayuda en nuestra búsqueda, porque resulta obvia. También dice, casi repitiéndose, que es el “Perteneciente o relativo a la ciudad o a los ciudadanos.” Otras acepciones que se aceptan bajo esta expresión son “Persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y sometido a sus leyes”, “Habitante libre de las ciudades antiguas” y una más confusa aún: “hombre bueno”.

Sobre esa relacionada con los habitantes de las ciudades antiguas, hay que descartar de plano que sea el destinatario a quien Sánchez con tanta perentoriedad quiere comunicar sus abatimientos. Esta gente ya ni cuenta ni existe.

Todo este dilema “Sancheano” se dispara por las pretensiones de un grupo (calificado por Sánchez de “ultraderecha”) que se hace llamar “Manos limpias” al solicitar una investigación a la esposa del presidente del gobierno español, por “supuestos delitos de tráfico de influencias” y de “corrupción en los negocios”.

Sánchez, quien se considera víctima de estos ataques destemplados, insiste en que los denunciantes son de “marcada orientación derechista y ultraderechista”, por lo que, según desprende la misiva, tal condición denota un sesgo que los descalifica.

Sánchez va más allá: Dice que les ha hecho frente a todos estos insidiosos ataques, que en esencia lo que buscan es torcer la voluntad popular, o lo que él llama “el veredicto de las urnas”.

Toda su angustia y explicaciones sufren en este punto un conflicto enigmático. Al ser aplicada esta lógica en su comportamiento público, se revela una contradicción evidente: este Sánchez es el mismo que, aún sin el favor de la mayoría en votos, logra gobierno gracias a insólitas negociaciones con grupos desfavorables al concepto de una España democrática y moderna, que ruborizarían e incomodarían al “hombre bueno” que alude el Diccionario al referirse a la expresión “Ciudadano”.

La voluntaria (y temporal) ausencia de Sánchez del escrutinio público no son una buena señal para él, que se dice agotado del servicio público.  No luce lógico que un hombre que pacta con los sectores que buscan desmembrar a la España moderna quiera mostrar que siente desprendimiento del poder, que no es lo suyo y que sólo hace un sacrificio al permanecer en el poder.  

domingo, noviembre 12, 2023

Contacto (Robert Zemeckis -1997)

Una verdad incuestionable, incluso para el más obtuso terraplanista o fanático religioso, es que el espacio, el Universo es extremadamente vasto. La Luna, que es el cuerpo celeste más cercano está a tres días de distancia con la tecnología actual, y Marte, planeta con el que la humanidad ha fantaseado por las posibilidades de vida, o la posibilidad de enviar emisarios allá y “terra-transformarlo”, está, si se hacen los cálculos correctos, e insisto, con la tecnología actual, a unos seis meses de distancia. Y son seis meses de incertidumbre, porque como lo ha demostrado la experiencia con algunas naves que se han enviado allí, puede salir mal.



Y estamos hablando de los vecinos más cercanos, de apenas rasguñar la superficie del espacio. Cualquiera de los objetos que vemos en una noche despejada están, con la tecnología actual, fuera del alcance humano. Einstein ya ha explicado que la velocidad máxima es la de la luz en el vacio, y que su corta, pero hermosa ecuación E=MC2 plantea más problemas que soluciones a los viajes interestelares.

Partiendo de esa realidad del tamaño del Universo, surge una pregunta, que, de encontrar respuesta, cambiaría todos los paradigmas filosóficos, científicos y religiosos que han condicionado nuestro pensamiento como especie: ¿Hay vida más allá de las fronteras de nuestro “punto azul pálido”? y una pregunta con más serias implicaciones ¿Hay vida inteligente allá afuera?

En 1997, el director Zemeckis dirige la película “Contact”, basada en una novela escrita por el afamado científico, Carl Sagan, presentador y escritor de una de las series para la televisión que, al menos es mi caso, tuvo un impacto muy importante, y que contribuyó de manera significativa a la difusión del pensamiento científico: Cosmos. 

La Doctora Eleanor "Ellie" Arroway (interpretada de manera espléndida por Judie Foster), crece huérfana de madre con su padre (David Morse), quien siempre le incentivó el pensamiento científico. Probablemente no era una persona con formación académica, pero si alguien con curiosidad por la ciencia y quien sabiamente supo dirigirla en ese camino del pensamiento. Sin embargo, la muerte prematura de su padre significó una conmoción en sus creencias y a la vez una reafirmación en las convicciones que venía desarrollando.

Ellie se gradua con honores. Pudiendo dedicarse a áreas de conocimiento que pudieran brindarle mayor prestigio, se dedica a la búsqueda científica de vida extraterrestre inteligente. Esta es una búsqueda que requiere una gran cantidad de tiempo con muy pocas probabilidades de éxito. Que haya una alineación perfecta entre nuestros instrumentos y una señal que venga de esos seres con la tecnología para comunicarse con alguien en la inmensidad del universo, parece casi un acto suicida para la promisoria carrera de Ellie.

Ella trabaja en el programa SETI en el observatorio de Arencibo en Puerto Rico (hoy en día fuera de operación), cuyos fondos son despojados por instancia de David Drumlin (Asesor presidencial en materia científica e interpretado de manera muy solvente por Tom Skerritt). Drumlin además de ser el artífice de vedar los recursos a este proyecto, le reclama a la Doctora Arroway que pierde su tiempo y talento en una actividad estéril.

Pero una mano salvadora le permite al proyecto sobrevivir: Un oscuro y excéntrico multimillonario (S.R. Hadden, interpretado por John Hurt), quien tras bastidores ha seguido la carrera de la Doctora Arroway financia el proyecto de su propio. ¿Hay intereses del multimillonario en este proyecto en apariencia descabellado? Probablemente sí, pero queda a cada uno especular sobre sus motivaciones.

Pero lo improbable ocurre: el “Contacto” con una civilización que parece haber escapado lo que la Doctora Arroway llama la “adolescencia tecnológica” (es decir, civilizaciones que aprenden a aprovechar la tecnología en lugar de usarla para su propia destrucción) que nos dirige un mensaje incuestionable: Quieren comunicarse con nosotros.

Como era de esperarse, una noticia de tal envergadura estremece a la sociedad americana y al mundo. Por un lado, el poder político quiere tomar control sobre el asunto. Y el sector religioso también. Cada uno sabe que este canal de comunicación con seres inteligente muy probablemente cuestione todos los principios, valores y creencias de la especie humana. Pero acá vemos que algo de la naturaleza humana que le es inherente: el escéptico David Drumlin de la nada se convierte en el “líder” del proyecto de búsqueda de vida extraterrestre, y convirtiendo de hecho a Ellie en su subordinada.

El mensaje del espacio exterior llega de manera críptica, oculto en una de las primeras señales que los seres humanos enviamos al espacio: en el discurso de Adolf Hitler en la Olimpiadas de Verano de 1936. Qué ironía que Hitler sea nuestro primer embajador para alertar sobre nuestra existencia.

Ese mensaje es en principio complejo para nuestras limitadas mentes. Pero la Doctora Arroway con una pequeña ayuda externa logra descifrar el enigma: Primero, que esa civilización foránea usa el lenguaje de la matemática y la ciencia para comunicarse con nosotros. Lo que tiene su cuota de lógica: Hay principios universales en estas disciplinas que pueden ser alcanzados y entendidos por seres inteligentes. Lo segundo era que el documento extraterrestre estaba siendo mal interpretado y por eso no se lograba descifrar. El aporte de Ellie fue significativo para descifrar el mensaje. Y como era de esperarse, Drumlin nuevamente aprovecha la oportunidad para robarse el protagonismo del momento. Un completo “Free-Rider”.

El mensaje enviado son los planos para construir una máquina que permitiría contactar a esa civilización. Una vez fabricada, viene la pregunta ¿Quién será ese primer pasajero? La búsqueda se torna en un debate político manejado por el congreso de los Estados Unidos. Una candidata lógica es que sea la Doctora Arroway. Pero como era de esperarse, Drumlin es quien quiere ese honor. Todo iba a favor de la Doctora Arroway, cuando un antiguo amante suyo, Palmer Joss (interpretado por Matthew McConaughey) le pregunta por sus creencias religiosas, más concretamente si cree que exista Dios. Ellie, que sabe que la pregunta es delicada y que al revelar su auténtica creencia, arriesgaba su posibilidades. Pero prefiere decir la verdad ante una audiencia que le teme más a un inofensivo escéptico que a un fanático religioso: Cree en la ciencia y en la evidencia empírica. Drumlin, en cambio, dice lo que el público quiere oír. 

Pero antes de que Drumlin tuviera oportunidad de hacer el viaje, un terrorista religioso comete un acto que acaba con la máquina y con la vida de Drumlin… Sin embargo, secretamente, una máquina similar había sido construida. Y esta vez, bajo la influencia de S.R. Hadden es la Doctora Arroway quien será la pasajera.

En la máquina Ellie tiene la oportunidad de cruzar el espacio tiempo y tener el ansiado “Contacto” ¿O todo es producto de su imaginación? Es difícil saberlo porque desafortunadamente no tiene una prueba fehaciente de que el encuentro tuvo lugar y Ellie solo puede dar su testimonio como la única demostración de lo que vivió. Acá Ellie se encuentra con la contradicción de que ella dice la verdad (pero no tiene pruebas) y su mente científica que sabe que sin una evidencia creíble, lo que ella experimentó solo tiene valor anecdótico que solo puede ser aceptado mediante un acto de fe.

La película tiene el mérito de entretenernos, pero al mismo tiempo sembrarnos algunas de las grandes preguntas que las grandes mentes de la humanidad se han hecho y que aun aguardan respuesta.

Jesus Lopez Cegarra

Parte VII: La Solución Forzada al Problema Final: Holmes resucita

Un nuevo asesinato conmueve a la sociedad Londinense: Ronald Adair encuentra la muerte en “extraordinarias circunstancias”. Watson trata de ...