No recuerdo cuál fue la primera novela del Detective Maigret que leí. Solo se que fue una sensación adictiva. Ya entonces conocía otros autores de novelas de detectives y policíacas, pero las escritas por Georges Simenon las busqué una por una y creo, o bien haberlas leído todas o al menos un porcentaje importante de ellas, incluyendo un volumen breve prologado por Gabriel García Márquez, en el que cuenta su particular aventura detectivesca para llegar a ese relato, del cual solo contaba con un vago recuerdo de la trama y descubrir muchos años después de esa ardua labor, que se trataba de una aventura del Comisario Maigret.
Era un libro de pequeñas dimensiones de pasta dura que por lo que entiendo, iniciaba una colección de la editorial Tusquets con todas las novelas de Maigret. Ese pequeño libro lo leí en varias oportunidades y me acompañó por muchos lugares y mudanzas. Lamentablemente, a pesar de que era (al menos en apariencia una buena edición, el libro se fue deshojando hasta quedar inservible y alguien, tal vez viendo ese pobre libro en ese estado lamentable, lo lanzó a la basura.
Pero muy probablemente llegué a las Novelas del Comisario Maigret por recomendación de un amigo muy dado a la literatura negra, de detectives y policíacas) creo que en algún momento me he referido a él) y que trasladó este gusto hacia mí. Por algún tiempo fui lector voraz de estas obras, que lograba leer en pocos días y a veces horas. Este amigo, no solo era también un consumidor, sino que también leía libros que analizaban estas novelas y a su manera era un conocedor experto. Recuerdo algo que me contó precisamente de Simenon. Siendo éste un autor muy prolífico, en ocasiones (o con frecuencia, no lo sé), era contratado por Galerías Lafayette en París para que se instalara en una vitrina con un escritorio y todos los implementos para escribir, y escribiera una novela a la vista del público, quienes por varios días se agolpaban para presenciar el proceso creativo de un escritor. Una vez concluida la novela, el manuscrito salía directamente a la editorial para los ajustes finales de impresión, distribución y venta.
La anécdota estaba en el límite de la verosimilitud, tomando en cuenta que Simenon era un autor popular y prolífico, con una imagen muy reconocible con su traje, corbata y pipa. Esa historia de Simenon sentado tranquilamente ante una máquina de escribir pasó a formar parte de mi repertorio de historias interesantes para contar en una reunión social.
Sin embargo, la Inteligencia Artificial me indica, para mi pesar, que esta historia tiene mucho de leyenda urbana que de fundamento en la realidad. Mi triste conclusión, eran más hermosos los tiempos en que podíamos soñar y llegar a creer que estos cuentos eran reales.
Jesus Lopez Cegarra

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